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  • Quince Mil Días

    mayo 4th, 2022

    Recuérdame un poco mejor
    Ese legado no es cierto
    Recuérdame un poco mejor
    Recuérdame siempre completo
    Recuérdame un poco mejor
    Traté, pero no soy perfecto
    Recuérdame un poco mejor
    Recuérdame joven, no viejo

    José Madero

    Llevo un rato con esta canción en mi cabeza. Como explica el mismo autor en este video, se trata de una alusión a sus 41 años (365 x 41 ≈ 15 mil días) que cumplió en septiembre de 2021. En mi caso, esos mismos 15 mil días se completaron este concluso mes de abril de 2022.

    Y pues, ¿qué puedo decir? En estos momentos mi vida es una mezcla de dulces y amargos que intento saborear. Los últimos meses, me la he pasado bien, leyendo, aprendiendo. He tenido grandes momentos con familia y amigos, algunos muy profundos y significativos. Platico sobre algunos de ellos.

    Por aproximadamente un año retomé una rutina de ejercicio que inició con caminatas luego de mi recuperación del COVID y una cirugía, luego evolucionó a correr 4 o 5 kilómetros por 4 o 5 días a la semana, pasó a una rutina de calistenia y salto de cuerda, y finalmente se convirtió en los últimos 5 meses en un retorno al gimnasio enfocado en pesas. Cada ejercicio tuvo lo suyo, por supuesto, yo lo que quería inicialmente era bajar de peso, pero en la última etapa en el gimnasio, el peso se estancó y la ruta se desvió para dirigirse al destino de la ganancia muscular. A diferencia de mis anteriores épocas de ejercicio, me acompañé esta vez de algo más de teoría en nutrición y me enfoqué en cuidar los tres pilares: ejercicio, alimentación y descanso. Lo facilitó en gran parte el trabajo desde casa y otra situación particular de la que hablaré un poco más adelante. Por un tiempo, el ayuno intermitente (el modelo 16/8 que parece ser el más funcional) me acompañó hasta que hubo que cambiar el enfoque. Y lo mejor de todo, es que me sentí muy bien. Puede sonar algo pretencioso, pero posiblemente conseguí, en términos de musculatura, el mejor resultado de toda mi vida hasta ahora.

    El problema es que, mantenerse así es un esfuerzo continuo y el último mes me he vuelto a quedar estancado. Pretendo regresar y espero que solo sea un asunto de reorganizar algunas cosas.

    A finales de mayo emprenderé un viaje internacional hacia un destino que me entusiasma demasiado y personalmente tiene un gran significado. Además, será una vuelta a las andadas luego de una gran pausa de casi siete años. No puedo evitar mencionar que fue justo después de aquel gran viaje, cuando se detonó mi más grave episodio de ansiedad y cuando las cosas ya nunca volvieron a ser igual. Mi madre le echó completamente la culpa al viaje, aunque, en retrospectiva, quizá aquello fue solamente la gota que derramó un vaso que se había estado llenando por años. En fin, tengo la firme creencia de que no sucederá así esta vez.

    Lo que se avecina durante los siguientes meses son una serie de cambios tan grandes con los que no he querido angustiarme pensando demasiado en ellos. Prefiero abordarlos conforme se vayan presentando. Debido a una nueva mudanza, nos distanciamos de otra parte de la familia y posiblemente eso significa que ahora tendré que estar más al cuidado de mis padres, unos que, por cierto, se vuelven cada día más viejos y requieren más cuidados. Y también implicará adoptar nuevos roles y responsabilidades, organizarme mejor, quizá pagar por ayuda y otras cosas a las que suelo englobar con la etiqueta de «terminar de volverme adulto«.

    El último gran cambio que se avecina será el de empleo. Por razones profesionales no puedo hacer públicos demasiados detalles, pero, 2021 fue un año catastrófico para la compañía para la cual trabajo, fue la consumación de varios errores que venía arrastrando del pasado y el inevitable destino sencillamente nos alcanzó. A mediados del 2021 ocurrió un despido masivo que nos dejó sorprendidos y sentó el precedente del tipo de escenarios que hemos visto desfilar hasta ahora. Los proyectos en nuestra división se acabaron, siguen los recortes y la gente que se fastidia y se va. Por convenir a mis intereses, por el momento juego el juego de la paciencia, pues es un hecho que tenemos los días contados. Tenemos mucho tiempo libre, a veces sale algún bug al que debemos dar soporte. El resto del tiempo lo reparto estudiando (actualizándome, capacitándome), leyendo y, conectando lo que dije en párrafos arriba, aprovechando para escapar al gimnasio. Sabemos que, en algún momento, de aquí a finales de septiembre u octubre, nuestra labor habrá terminado y mis compañeros y yo pasaremos a la fila de desempleados por, lo que esperamos que solo sean unos meses (¿o menos?). Si el desenlace ocurre poco después de iniciado septiembre, habré completado quince años en esta empresa.

    Por ahora, mis planes son de nuevo conseguirme un empleo remoto y que se ajuste a mis circunstancias. Sin embargo, cada vez se vuelve más insistente el imperativo impulso de montar algo más, porque no sé por cuánto tiempo podré seguir haciendo esto, pero sobre todo, porque no sé por cuánto tiempo quiero seguir haciendo esto.

  • Don’t dry with fakes or fears

    abril 22nd, 2022
    Akeboshi, Wind, 2005

    «Wind» de Akeboshi ha sido uno de mis himnos favoritos desde que escuché la letra de la canción. Después supe que era el tema con el que cerraba la serie de anime Naruto, pero no es lo que interesa ahora; lo que quiero es resaltar algunas porciones de la letra y porque me parecen tan inspiradoras.

    La canción inicia con la frase: «Cultivate your hunger before you idealize; motivate your anger to make them all realize». Vivimos en una época y una sociedad que busca recompensas inmediatas, busca el éxito o el placer a cualquier precio. Cada vez menos personas están dispuestas a esperar para cosechar resultados duraderos y a la larga, mucho más satisfactorios. Sería como comer lo que sea y los más pronto posible para saciar el hambre contra, por el otro lado, tomarse el tiempo para preparar un buen platillo. Quizá, en este último, nuestras papilas gustativas comienzan a salivar y queremos disfrutar del platillo, pero esperamos hasta el final porque sabrá a gloria. Se requiere algo de esfuerzo, «Climbing the mountain, never coming down; break into the contents, never falling down».

    La letra sigue, dice que sus rodillas están temblando, puede ser del miedo o del esfuerzo, pero eso no lo va a detener, «Waiting is wasting for people like me».

    «Don’t try to live so wise», no vivas tu vida tratando de ser perfecto, a veces se vale equivocarse, tomar las cosas con sentido del humor. Si exiges perfección de tus amigos, te quedarás solo. «Don’t cry ‘cause you’re so right», deja de quejarte que tú eres el único que cumple, el que no se equivoca, el que no tiene la culpa. Es tan fastidioso estar al lado de alguien así.

    Y llegamos a la parte que me encanta, «Don’t dry with fakes or fears». Que para mí significa algo como, no intentes consolarte con pretextos o temores. Nos justificamos ante los demás: «me la pasé estudiando, me la pasé trabajando el fin de semana y no terminé o no pasé», pero en tu interior, sabes que estuviste procrastinando la mayor parte de ese tiempo, pero aún insistes. Piensas que los demás te van a creer, piensas que el mundo es injusto, pero el único que se está engañando con esa gran farsa que has montado eres tú.

    Y lo mismo pasa con nuestros temores, la ansiedad. Caemos en la trampa de creer que lograremos salir de un escollo por simplemente preocuparnos. Pero la preocupación excesiva es paralizante y solo conseguirá que sigamos atascados. La única manera de superarlo es haciendo algo para cambiar nuestra situación, dejar de tenernos lástima y autocompasión y actuar. Te has caído, pues entonces hay que levantarse, aprender y seguir. De lo contrario, acabarás tu vida frustrado, dándote cuenta del fraude que has sido. «‘Cause you will hate yourself in the end».

    El resto de la letra sigue siendo una maravilla. «Reflection of fear makes shadows of nothing». El futuro suele ser menos pesimista de lo que nuestras preocupaciones nos hacen pensar. Analizar sanamente nuestros temores puede revelar lo que muchos de ellos en realidad son: «sombras de nada».

    «You’re still blind if you see a winding road, ‘cause there’s always a straight way to the point you see».

  • Películas favoritas: Retratando a la familia Friedman

    abril 7th, 2022

    Esto es privado. Si no eres yo, no deberías estar viendo esto, pues es un asunto personal entre yo y yo. Esto es entre yo ahora y yo en el futuro. Entonces, apágala. No mires. Es personal.

    David Friedman

    Capturing the Friedmands es un documental que salió en 2003, cuando yo estaba terminando la carrera. Escribí sobre él en otro blog, que luego borré y después lamentaría. Al menos eso me permite dedicarle una nueva entrada.

    Se supone que su director, Andrew Jarecki, tuvo la idea mientras grababa un cortometraje sobre payasos de cumpleaños en Nueva York. Al indagar en el pasado del que a su gusto era el mejor payaso, David Friedman o «Silly Billy», se topa con las peores credenciales que alguien con esta profesión posiblemente podría tener: un padre y un hermano acusados de abuso sexual de menores. El cortometraje cambió de tema y se convirtió en documental, centrado en la familia de David.

    Sinopsis

    Los Friedman eran una típica familia de clase media de un suburbio en Nueva York en los años ochenta. Elaine y Arnold Friedman criaron a tres varones – David, Seth y Jesse – y, como aficionados a los videos caseros, acumularon un buen archivo de películas que le brindaron a Jarecki extenso material para su obra.

    El rastreo de una revista de pornografía infantil proveniente de Holanda y dirigida a Arnold Friedman en 1984, condujo a una orden de cateo en casa de los Friedman en 1987. Hasta ese momento, Arnold gozaba de buena reputación como padre, profesor y pianista. Se llevaba bien con sus hijos, aunque con su esposa se mantenía algo distante. En su oficina privada, los agentes descubrieron una colección de más revistas. Era un oscuro secreto del que Arnold no estaba orgulloso, pero que había logrado disimular lo suficiente para que la noticia tomara por sorpresa a su esposa e hijos.

    El cateo también reveló algo preocupante. Había listas con nombres y teléfonos de varios niños que habían tomado clases de computación en la casa de los Friedman. Los agentes decidieron iniciar una investigación, basada principalmente en entrevistas con los niños, que confirmaría las sospechas de que varios habían sido abusados sexualmente. No solo eso, el hijo menor de la familia, Jesse Friedman – cuando ocurrieron los hechos él ya era mayor de edad – se mencionaba con frecuencia como cómplice. Así que, en 1987, ambos son detenidos y luego se les otorga libertad bajo fianza mientras se preparan para enfrentar sus juicios.

    En ese inter, David, el hijo mayor, documentó con videocámara los sucesos que precedieron a ambos juicios sin imaginar que, 15 años más tarde, servirían para el documental. Los abogados y la esposa le sugieren a Arnold que se declare culpable para no recibir una pena tan severa y para de alguna manera tratar de reducir la condena de Jesse. Arnold es declarado culpable y condenado de 10 a 30 años de prisión. Más tarde y por presión de sus abogados, Jesse también se declara culpable para intentar evitar una sentencia de por vida y recibe de 6 a 18 años de prisión. La familia se fractura en múltiples sentidos y somos testigos de ello gracias a los videos caseros. Arnold se siente muy culpable de ver a su hijo en la carcel. Muere de un infarto en la prisión en 1995, aunque la versión alterna indica que se debió a una sobredosis de antidepresivos (hay cierta relevancia en esto, pues estuvo en juego un seguro de vida donde el beneficiario era Jesse). En 2001, después de 13 años en prisión, Jesse sale bajo libertad condicional, momento que también es capturado en el documental.

    Aunque Jarecki intenta mostrarnos diferentes ópticas, se hace manifiesto algunas inconsistencias de la investigación. Para empezar, todo el juicio se basa en testimonios y ninguna evidencia física. La forma en que se entrevistó a los niños resulta cuestionable al sugerir que permitió sesgos e incluso algún tipo de histeria colectiva. Algunos niños y sus padres niegan por completo cualquier abuso. Otras versiones sencillamente no cuadran y, posterior al documental, algunos niños (ya convertidos en adultos, por cierto), se retractarían y afirmarían haber sido coaccionados. (El único testigo adulto, Ross Goldstein, a quien no menciona la película, se retractaría también en 2013). En mi opinión, la culpabilidad de Arnold parece estar mucho más clara que la de Jesse.

    Posterior al documental y los 5 años de libertad condicional luego de salir de prisión, Jesse Friedman inició una batalla legal a fin de demostrar su inocencia que se ha extendido por 15 años. La versión de su historia, incluidos los detalles más recientes, se pueden leer en el sitio Exonerating Jesse Friedman. De acuerdo a este, en octubre de 2021, un Tribunal Federal volvió a negar el reclamo de inocencia argumentando que, dado que la sentencia penal esta cumplida en su totalidad, el tribunal ya no tiene jurisdicción sobre ella. Con la etiqueta de «depredador sexual violento», la vida no es fácil para él ni su esposa. «Nunca voy a dejar de luchar para demostrar mi inocencia porque la verdad es importante. Lo que me pasó es inaceptable» – afirma Jesse en su sitio.

    Reflexión

    Ver a David Friedman grabando su video diario emocionalmente devastado fue una de las cosas que más me impactó del documental. Para David, Arnold es su cariñoso padre, para la sociedad es un monstruo. Y ambos tienen razón. ¿Cómo concilia un hijo ambas verdades? En su justa dimensión, veo situaciones parecidas cuando, al crecer, descubrimos una parte secreta o vergonzosa de nuestros padres o los hallamos cometiendo faltas graves. Tengo un amigo que un día tuvo que ir a ayudar a su padre que estaba detenido por intentar robar ropa en una tienda. El comediante Daniel Sosa, vivió algo parecido cuando su madre lo abandonó para hacer una nueva vida y años más tarde descubre a su padre robándole dinero de sus ahorros. El ídolo se nos viene abajo. Al final, es la evidencia incuestionable de que nuestros padres son tan humanos como nosotros. El bien y el mal conviven también en ellos y, en muchos aspectos, sus antecedentes, la formación que recibieron de sus mismos padres o vivencias del pasado, los moldearon. En vez de apresurarnos a juzgarlos de forma severa, debemos hacer un ejercicio de razón para intentar conciliar todas estas realidades. Y a veces, ponerse del lado de la justicia y dejar que paguen sus consecuencias será la forma de mostrarles verdadero amor.

    Por otro lado, acusar a alguien de abuso sexual de menores, sea culpable o no, será un estigma que permanecerá por el resto de su vida. Es por eso por lo que una acusación falsa de este delito, incluso si se hace como broma, es una de las cosas más terribles que se le puede hacer a una persona. La gravedad del asunto y el avance de las leyes hace que, con justa razón, se le brinde la mayor de las ventajas a la víctima*, pero esto supone enormes obstáculos cuando se acusa a alguien falsamente.

    Si algún adulto está pretendiendo a una persona menor de edad, mi consejo inmediato es que debe de abandonar esa relación y, en todo caso, esperar la mayoría de edad. Ninguna relación vale el cargar con la etiqueta de abusador de menores. Conozco un par de amigos que se metieron con jóvenes cercanas a la mayoría de edad en relaciones consensuadas (El adulto en sus 18 o 20s, los menores en sus 17). Legalmente no ameritaron un castigo, pero eso basto para etiquetarlos y de vez en cuando, cuando todo parece superado, alguien aparece para decirte que no se ha olvidado. Créeme, no será agradable. Esperar la mayoría de edad para cortejar a una persona me parece un valioso ejercicio de autodominio y un reflejo de madurez.

    Por supuesto, existe personas cuya excitación o placer sexual se dirige a edades menores, los niños o incluso a los infantes. Pese a lo genuino que pueda ser la naturaleza de dichos impulsos, no hay ninguna justificación para meterse con un menor. Lo mejor que puede hacer una persona que reconoce tener dichos impulso es acudir a un profesional y atenderse. La razón debe predominar sobre sus deseos y entender en todo momento que no son correctos. Y debe tomar las medidas que sean necesarias para asegurarse de nunca abusar de un menor.

    ¿Existe redención para las personas que han abusado de un menor? ¿Es posible reintegrarlos a la sociedad de una manera segura? En la actualidad, parece que la respuesta a ambas preguntas es un no. En ese sentido, me parece que aún queda un trabajo pendiente, principalmente por aquellas que reconocen su problema y buscan la ayuda, o los que genuinamente están arrepentidos por su error y desean cambiar. Algunos son brillantes en otros campos, tal como lo era Arnold Friedman e incluso al igual que él, sienten un grado de vergüenza o culpa. La sociedad, por ahora, ha decido cancelarlos, exiliarlos por completo sin oportunidad de redimirse. Para muchos de ellos, una vez puestos en evidencia, su vida se ha acabado. Y muchos opinan que está bien, que es lo menos que pueden esperar, sobre todo si han concretado el abuso. Yo creo que no debemos alienarlos para siempre y que debemos hallar la forma de reinsertarlos de nuevo a la sociedad hasta donde sea posible.

    *Hablo mucho en masculino para referirme al acusado y en las víctimas a veces femenino y a veces masculino, pero eso es solo por simplificar. Debemos recordar que también hay mujeres que cometen este delito.
  • Libros que leí en 2021

    febrero 22nd, 2022

    Otros detalles en Goodreads (requiere tener una cuenta)

    Breve historia de la medicina / Pedro Gargantilla

    Un repaso general y entretenido de la historia de la medicina. Me hubiese gustado que fuera un poco más extenso y que incluyeran algunos otros temas, especialmente los avances médicos de los últimos años. Desde la perspectiva de la pandemia, resulta interesante leer ciertos capítulos y sentirlos proféticos. La realidad es que dichas pandemias se presentan con determinada frecuencia y lo único que nos queda como lección es qué tanto podemos adelantarnos para estar prevenidos para la próxima que vaya a llegar.

    La trampa de la preocupación / David A. Carbonell

    Este libro llegó a mí, por un personaje de Instagram, cuando acababa de salir del COVID y mis problemas de ansiedad habían regresado. El autor es un profesional especializado en el tema y desde sus primeras páginas me identifiqué con el preocupón crónico que describe. La trampa de la preocupación consiste en que solemos asociar las dudas – lo que no sabemos – con el peligro o la fatalidad y que, con frecuencia, los intentos que emprendemos para vencerla terminan siendo tan contraproducentes, como querer apagar un fuego con baldes de gasolina.

    La preocupación, que resulta ser parte de un mecanismo biológico para actuar ante el peligro, se convierte en estos casos (el preocupón crónico) en una situación paralizante que nos impide concentrarnos en lo que realmente importa y tomar acción. Además, reduce de forma significativa nuestra calidad de vida.

    La preocupación es contradictoria y mientras más tratamos de eliminarla, se vuelve más persistente. ¿Qué es lo que haces con el tío Discusión que asiste a la reunión familiar y con quien no logras nada, excepto acabar peleando? Si no puedes irte, le das por su lado y le sigues la corriente, hasta que con el tiempo te vuelves más tolerante. De igual forma, con los pensamientos preocupantes, no hay necesidad de pelear con ellos, desmentirlos o silenciarlos. Simplemente debemos estar dispuestos a escucharlos mientras seguimos con nuestra vida. Hay, por supuesto, una serie de pasos que podemos dar para poder convivir ellos. Lo interesante es que, dada su naturaleza contradictoria, el autor sugiere actuar de la misma manera, con una respuesta contradictoria, en vez de la intuitiva, al manejarla, y creo que funciona.

    Ante los libros de autoayuda, normalmente me muestro un tanto escéptico y creo que no hay nada nuevo bajo el sol, excepto las mismas ideas recicladas que todos sabemos que funcionan pero que lo que nos falta es aplicar. Pese al enfoque distinto, este libro cae en esa descripción, más no significa que sea de poca utilidad, más bien, lo veo como este tipo de cosas que conviene repasar y recordar de cuando en cuando.

    Dios: Una historia humana / Reza Aslan

    La espiritualidad y el sentimiento religioso son rasgos tan universales en el ser humano que se han ofrecido innumerables teorías en cuanto a su origen. Reza Aslan, quien ha vivido entre las dos grandes religiones: el cristianismo y el islam, nos ofrece su particular versión de este origen.

    Aunque el resultado final es una vuelta al panteísmo – Dios está en todas partes, todos somos Dios, Dios es todo lo que existe – cosa con la que no estoy muy de acuerdo, admito que el libro está lleno de curiosidades que merecen su lectura. ¿Es la historia del Jardín de Edén y la correspondiente expulsión de él, un recuerdo colectivo de la transición de cazadores-recolectores a la agricultura? ¿Qué secretos nos oculta el enigmático yacimiento de Göbekli Tepe, considerado el templo o santuario más antiguo del mundo? ¿Cómo logró el monoteísmo imponerse pese a sus complicados inicios?

    En parte, su historia describe el ciclo de cómo Dios hizo al hombre a su semejanza y de cómo el hombre hizo lo mismo con Dios. Mientras más humano se volvía este Dios, más adoptó nuestros prejuicios y más nos juzgaba. Aslan deja claro que no pretende probar la existencia o inexistencia de Dios pues ninguna de ellas es posible. Lo que intenta es hacer una reflexión de lo que usamos para comunicarnos con él, y ese «lenguaje» es la religión. Es también «un llamamiento a dejar de imponer nuestras compulsiones humanas sobre lo divino» a fin de conseguir «una espiritualidad más madura, más pacífica y más esencial».

    Elon Musk: Tesla, SpaceX y la misión por un futuro fantástico / Ashlee Vance

    ¿Está la genialidad, la creatividad, más ligada a una personalidad o carácter difícil? Por mucho tiempo me he hecho esta pregunta y aunque quiero creer que no, la evidencia y la misma lógica parecen apuntar a la existencia de esta asociación. El tímido o reservado, posiblemente tenga más tiempo para estudiar y meditar que para socializar. El que es aferrado en sus ideales, posiblemente no goce de grandes amistades, pero con frecuencia logra conseguir lo que quiere o morir por sus convicciones. Los trastornos mentales o emocionales suelen aparecen detrás de varios artistas. Y la lista de comparaciones puede seguir.

    En ese sentido, encuentro grandes parecidos entre esta biografía y la de Steve Jobs de Walter Isaacson, la descripción de dos figuras que provienen de orígenes improbables – Jobs un hijo adoptado, Musk un aventurero sudafricano – y caracteres sumamente difíciles que parecen ser sinónimos de su éxito. Comparten también esta misma verdad como combustible de su imparable motor innovador: su tiempo es limitado. En el caso de Steve por su carrera contra el cáncer, que finalmente le alcanzó y en el caso de Musk, porque sabe que su carrera de llegar a Marte es larga. Otro gran parecido es que se han rodeado de gente brillante, dispuesta a dar todo por una causa. Es ahí donde posiblemente se abre el debate entre fans y detractores. En cierto momento Elon Musk despide sin remordimiento a la que ha sido su asistente por 17 años, en otro, regaña a su empleado que falta a trabajar por atender el nacimiento de su hijo. ¿Es ese el costo que debemos estar dispuestos a pagar por el progreso?

    A Musk lo mismo se ha buscado retratar en la figura del brillante genio empresario de Tony Stark, que con el ambicioso multimillonario Peter Isherwell de No Miren Arriba. Y queda claro que aún dará mucho por hablar. Cuando acabé de leer la biografía de Steve Jobs, mi percepción negativa hacia el personaje había aumentado, mientras que mi admiración por Bill Gates, aquel villano que nos enseñaron a odiar porque #Microsoft, aumentó un poquito más. No me mal interpreten, lo digo un tanto en broma, porque la realidad es que me gusta ver en estas biografías las dimensiones del ser humano tan imperfecto y lleno de contradicciones.

    Cuentos completos / Jorge Luis Borges

    Aquí he hecho un poquito de trampa, he leído en un solo libro el compilado de cuentos que equivalen a seis libros: Historia universal de la infamia (1935), Ficciones (1944), El Aleph (1949), El informe de Brodie (1970), El libro de arena (1975), La memoria de Shakespeare (1983).

    En resumen, Borges es quizá mi escritor de literatura favorito. Sus cuentos tienen la dosis de elementos perfectos para engancharme: hay profundidad para escarbar más en la historia, intriga en distinguir lo que es real y es ficción, hay matemática y lógica para echar la mente volar, hay diversidad de un tipo que vivió en una época mucho menos globalizada y pero sus historias tocan un carácter universal (aunque hay que reconocer que uno encontrará que había temas predilectos). En los primeros tres libros, volví a releer y revivir. En los tres últimos, que nunca había leído, me topé con gratas sorpresas.

    Cito dos breves ejemplos. Con «El impostor inverosímil Tom Castro» recordé una de aquellas charlas de Starbucks con el genial Héctor «Duva» donde me revivíamos esa historia, aunque él la recordaba casi con lujo de detalle. Como decía antes, una mezcla de ficción y realidad tan bien integrada que es difícil distinguir los bordes.

    En «El Otro», un anciano Borges narra un reencuentro con su yo joven del pasado. Ante la insistencia de ambos de que la realidad solo permite la existencia de uno de ellos en el mismo lugar e instante, el más anciano concluye que mientras para él se trata de un episodio real, para su yo más joven se trata de un sueño. Curiosamente, una historia parecida volverá a narrarse en «Agosto 25, 1983» donde un Borges de 62 años se encuentra con su «doppelgänger», un Borges de 84 en su lecho de muerte.

    Fungarium / Ester Gaya, Katie Scott

    Compré este libro por sus hermosas ilustraciones y acabé obsesionándome con los hongos y su reino. Comparto a continuación algunos datos interesantes.

    No son ni plantas ni animales (por eso tienen su reino aparte) pero, contrario a lo que la logica diría, están más emparentados con los animales que con las plantas: no realizan la fotosíntesis, sino que engullen sus nutrientes de la materia orgánica, además utilizan la quitina (que es similar a la queratina de los animales) como componente para las fibras que los componen. Quizá eso explique por qué algunos hongos pueden confundir el paladar y hacerse pasar por carne.

    Café, chocolate, queso, vino, cerveza, vinagre, pan y una gran lista de alimentos deliciosos los tenemos gracias a los hongos. Pero quizá este sea el menor de sus beneficios para el ser humano y el planeta. Hoy sabemos que gran parte de nuestra salud física y emocional la controla el sistema digestivo y su microbiota, y aquí debemos de agradecer de nuevo al reino fungi. De igual forma, gran parte de la historia de los medicamentos está escribe gracias a los hongos y la síntesis de sus componentes. Posiblemente el medicamento más conocido sean las penilicinas, pero tenemos también inmunosupresores como la ciclosporina y la miriocina. Y existe la esperanza de encontrar aún muchas más aplicaciones en medicina.

    Pero quizá la más obvia e ignorada función de los hongos resulte ser la más valiosa: la descomposición de la materia orgánica, como la madera y las hojas muertas. Sencillamente parece que la vida sería imposible si este proceso de reciclaje estuviera omitido. Por supuesto, también existe un apartado de terror en nuestras relaciones con este reino, pero el balance final es positivo más que negativo.

    El banquete / Platón

    Un clásico de la literatura griega que nunca leí. Pero entonces, me lo recomendó un amigo y tuvimos largas pláticas al respecto. ¿Qué es el amor? Es la pregunta que un grupo de comensales, alrededor del 400 a.C., se plantea contestar. El banquete que, según el consenso, probablemente nunca tuvo lugar y no sea más que el recurso literario al que Platón recurre, presenta en su mayoría posturas románticas del amor, excepto por Sócrates, quien asevera que el amor, ni es bueno, ni es bello. Pero no se trata de una idea propia, Sócrates la ha aprendido de Diotima, una mujer extranjera, lo cual agrava el revuelo dado que la mayoría de los presentes abordan el amor desde una perspectiva masculina y homosexual, en medio de una sociedad que considera inferior a las mujeres.

    Para Diotima, y Sócrates, el amor es un mediador o intérprete entre dios y los hombres, tiene por objeto la generación y producción de la belleza. El hombre aspira a la dicha, la felicidad, y es a través del amor, que puede producirla y perpetuarse, alcanzar la inmortalidad. Puede ser en el plano carnal, al producir descendencia o en el espiritual, al producir virtudes.

    Posiblemente la mejor reseña en español que encontré de este libro se trate de la que hace Polizón y Naufrago en su canal de Youtube. Una obra que da para mucha más reflexión.

    El código de la vida: Jennifer Doudna, la edición genética y el futuro de la especie humana / Walter Isaacson

    He dedicado una entrada entera a este libro que ha sido mi gran favorito del 2021. No hay mucho que añadir. Posiblemente la edición genética sea la gran revolución de este siglo. La CRISPR es una herramienta fascinante, hasta cierto grado sencilla de dominar, pero contundentemente poderosa. Tal como insinúo en dicha entrada, no me sorprendería que en un par de años se revelara que algunas ediciones genéticas en humanos desde la línea germinal tuvieron lugar en los estos años cobijadas en la ilegalidad y, de pronto, nos hallemos conviviendo ya con dichos individuos modificados. Es, simplemente, demasiado tentador.

  • CRISPR

    enero 7th, 2022

    Este 2021, el libro que más disfruté fue El código de la vida de Walter Isaacson, que se centra en la vida de Jennifer Doudna y la edición genética y que también fue uno de los libros favoritos de Bill Gates de este año.

    El código de la vida, Walter Isaacson

    CRISPR son las siglas en inglés del término enredoso: «Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Interespaciadas«. Este a su vez, alude a unas secuencias de ADN que se encontraron en las bacterias y que con el tiempo se entenderían como un mecanismo que ellas han desarrollado para combatir a los virus. Al estudiar el mecanismo y desentrañar su funcionamiento, no pasó mucho tiempo para que un buen número de científicos se dieran cuenta que podía utilizarse como herramienta para editar los genes con unos niveles increíbles de precisión.

    Entre esos datos que casi ninguno sabemos, pero que deberíamos, resulta curioso encontrar que uno de los pioneros en descubrir y describir las CRISPR fue el microbiólogo español Francisco Mojica y que, de hecho, fue justo él quien les puso ese nombre. Estamos hablando de los años noventa.

    Sería a principios del siglo XXI cuando la investigación sobre las CRISPR atraería la atención de un puñado más de científicos y formalmente despegaría. Por tanto, se puede decir que lleva entre nosotros al menos 20 años. El último evento que las ha puesto en los reflectores mundiales ha sido la pandemia de COVID-19 y el subsecuente desarrollo de pruebas de detección y las vacunas.

    Mujeres y ciencia

    Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier recibieron el premio Nobel de Química en 2020 por «el desarrollo de un método para edición genética». Aunque detrás de sus descubrimientos existe una enorme lista de otros candidatos dignos de ser reconocidos, incluyendo al mismo Mojica, el hecho de que el premio hubiese ido a parar a dos mujeres tenía una relevancia histórica.

    Cuando en 1962, James Watson y Francis Crick ganaron el Nobel de Medicina por desvelar la estructura del ADN, se había dejado fuera a la brillante química Rosalind Franklin por la simple y sencilla razón de que estaba muerta (y el Nobel, salvo contadas excepciones, no se otorga póstumamente). Sin embargo, de haber seguido viva, era más probable que se le hubiese dado a Maurice Wilkins que a ella, pese a que ambos compartían, junto con Watson y Crick, la misma relevancia. Hasta el 2020, de un total de ciento ochenta y cuatro galardonados con el Nobel de Química, solo cinco habían sido mujeres: Marie Curie (1911), Irène Joliot-Curie (1935), Dorothy Crowfoot Hodgkin (1964), Ada E. Yonath (2009), Frances Arnold (2018).

    Cuando Doudna decidió estudiar química en la universidad, se encontró resistencia en un orientador del instituto. «Las chicas no se dedican a la ciencia», le dijo. Le dolió, pero a la vez le sirvió para reafirmar su resolución. El mundo definitivamente necesita a más mujeres en la ciencia y que las que ya están ahí no queden relegadas a un segundo plano en la historia.

    Edición genética: la tercera gran revolución

    Para Isaacson, la revolución de las ciencias de la vida, encabezada en estos momentos por las CRISPR, constituyen la gran tercera revolución de los tiempos modernos que abarca el último siglo. La otras dos son: la relatividad y la teoría cuántica, y la tecnología informática. Las tres tienen un núcleo fundamental: el átomo, el bit y el gen, correspondientemente.

    Aunque toda revolución plantea preguntas que deben resolverse, la edición genética parece plantear cuestiones que involucran directamente nuestra propia existencia y que, por decir poco, resultan fascinantes. Parece haber un consenso en que deben usarse para curar enfermedades, pero que, si se trata de arreglos o mejoras, debemos irnos con más cuidado.

    El problema es que trazar esa línea inicial no resulta tan sencillo como parece. Por ejemplo, la anemia de células falciformes es una terrible enfermedad de origen genético que ocurre cuando un individuo hereda de ambos padres el gen defectuoso que la produce. Si solo hereda un gen defectuoso de sus progenitores, la enfermedad no aparece. A simple vista, parece deseable arreglar, mediante la edición genética, el gen defectuoso y que las generaciones futuras se olviden de luchar contra esta enfermedad. Sin embargo, resulta curioso que la enfermedad se presenta principalmente en la gente de raza negra y que quienes reciben solo uno de los genes defectuosos (y por tanto no desarrollan la enfermedad) poseen mayor inmunidad a la malaria. ¿No podría ser este gen un mecanismo de respuesta de la naturaleza para brindar protección a una población que aún viven en zonas donde la malaria predomina? Pero eso sí, si resulta que tienes mala suerte y la lotería genética te otorga los dos genes, desarrollarás una enfermedad cuya esperanza de vida actual es de 40 años con el tratamiento médico adecuado (En 2019 se logró curar de esta enfermedad a una paciente llamada Victoria Gray utilizando las CRISPR, la cura hasta ahora parece ser definitiva, faltan más estudios y reducir los costos para hacer el procedimiento accesible a la población). Esta situación constituye un poderoso recordatorio de que los genes pueden desempeñar varios papeles y que, aunque aún no lo sepamos, tienen una razón de existir.

    Un dilema parecido surge cuando queremos definir las discapacidades. ¿Cuál sería el coste para la sociedad de eliminar rasgos compulsivos e incluso maniacos que a veces suelen acompañar a algunos grandes genios? ¿Y qué hay de la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión? ¿Cumplen con alguna función de la que el ser humano pueda arrepentirse en un futuro por haberlas erradicado por completo de la especie humana?

    Y aún no llegamos a otros temas éticos complejos. Si en el futuro podemos intervenir en el diseño de nuestros hijos ¿deberíamos hacerlo? Si se pudiera elegir su orientación sexual (estoy sobre simplificando, porque no existe como tal un gen específico que parezca determinarla), el color de su piel, su estatura, su inteligencia, su musculatura ¿estaría mal? ¿qué ocurría con la diversidad de nuestras sociedades si ya no estamos sujetos a la aleatoriedad de la lotería genética? ¿quién debería elegir? ¿quién debe definir los límites a no cruzar? ¿el gobierno, la sociedad o cada individuo? Si a esto añadimos que posiblemente las modificaciones solo sean accesibles a gente que pueda pagarlas, ¿cómo afectará esto a aumentar la desigualdad?

    Entre las personalidades más extravagantes, nos encontramos con Josiah Zayner, un investigador autodenominado biohacker, con métodos poco convencionales y que promueve la democratización de las CRISPR. A su modo de ver, las CRISPR son tan fáciles de manipular que deben hacerse tan accesibles como lo resultó en su momento el ordenador personal. Cuando eso ocurra su predicción es que la genética experimentará algo equivalente a el boom informático.

    Hasta el momento, la comunidad científica y las partes involucradas se las han arreglado para que la legislación no sea exageradamente restrictiva con la edición genética. La edición de células germinales (como los espermatozoides o los óvulos, lo cual resulta en que las características modificadas se hagan transmisibles a las siguientes generaciones) están prohibidas en varios países. Sin embargo, el episodio de He Jiankui en 2018, cuando anunció que había creado los primeros bebés humanos editados genéticamente, dejó claro lo fácil que puede ser cruzar esa línea. La acción fue rechazada a nivel internacional por la comunidad científica y el investigador fue inhabilitado, multado y condenado a 3 años de prisión.

    Personalmente, después de leer el libro, tiendo a pensar que debajo de esta legislación, los países o quizá individuos a título personal, ya estén cruzando la línea de nuevo. Sencillamente resulta demasiado tentador, provocador, para no hacerlo. Como resultó con la carrera atómica, ninguna nación quiere quedar rezagada, especialmente considerando todo lo que está de por medio. No me extrañaría que, en unos pocos años, cuando sea imposible de ocultar, alguien nos sorprenda con una revelación de que humanos editados genéticamente antes de su nacimiento ya estén conviviendo entre nosotros.

    El coronavirus

    Nadie imaginaba que el virus que surgió a finales de 2019 en Wuhan se convertiría en una pandemia que nos costaría millones de vidas. Sin embargo, 2020 también será recordado como el momento en que las vacunas genéticas comenzaron a desplazar a las tradicionales. Los que cuestionan cómo pudo desarrollarse tan rápido una vacuna de este tipo, parecen pasar por alto que, como dije al principio, el estudio y desarrollo de herramientas CRISRP lleva ya algún tiempo con nosotros.

    A principios de 2020, la comunidad científica comenzó a organizarse para trabajar en equipo y declararle la guerra a la pandemia del coronavirus. Desafortunadamente, los primeros tests de detección en Estados Unidos se toparían con absurdos obstáculos de parte de la FDA. Esta y otras malas decisiones acabaron dejando a la potencia como uno de los países que peor manejó la pandemia y, por consecuencia, con una lamentable cifra de muertos.

    Las CRISPR ya se venían utilizando como herramientas de detección de virus antes de la pandemia, sin embargo, a principios de 2020 su capacidad de detectar con rapidez se puso a prueba. Dos de los tests de detección basados en CRISRP que surgieron en 2020, fueron SHERLOCK y DETECTR, este último, del laboratorio de Doudna. Hasta donde he visto, aún no se tiene un producto comercial, pero uno vez conseguido, el kit de testeo será de uso doméstico, entregará resultados fiables en minutos y habrá kits para detectar diversos virus.

    Las CRISPR también tuvieron su participación en las vacunas. Para la AstraZeneca, tan común en México, los científicos modificaron genéticamente un adenovirus que causa la gripe en chimpancés introduciendo en él un gen que produce la proteína de la espícula del coronavirus. La de Moderna y la BioNTech Pfizer introducen secuencias de ARN en las células humanas que las inducen a fabricar versiones de la proteína espicular del coronavirus.

    Sin embargo, todas las vacunas siguen funcionando a base de estimular el sistema inmunitario del paciente. El objetivo a largo plazo con las CRISPR es imitar el mecanismo de las bacterias para debilitar o desarticular directamente a los virus, sin tener que poner en marcha el sistema inmunitario. Los resultados hasta el momento son esperanzadores, pero quedan algunos retos por resolver antes de poderse implementar en humanos.

    Es posible que esta carrera que el humano se vio obligado a emprender por la pandemia nos haya ganado algunos años de ventaja y proporcione en relativamente poco tiempo, técnicas y medicamentos que nos permitan atacar los virus de forma más eficaz y que incluso nos permitan responder como mayor con rapidez la próxima vez que surja un nuevo virus.

    La curiosidad

    Algo en lo que repara continuamente Isaacson en su libro es en la importancia de la ciencia fundamental, motivada por la simple curiosidad. Esta, con frecuencia, acaba con el tiempo transformándose en innovaciones impredecibles. La CRISPR es un claro ejemplo. Cuando Mojica se dedicó a investigarla, el único motor de sus esfuerzos fue la curiosidad. En 2005, Rodolphe Barrangou y Philippe Hovarth la utilizaron para producir cepas de bacterias del yogur resistentes a virus que suelen atacarlas. Parecía que dichas aplicaciones serían la mayor aportación de la CRISPR y por supuesto, no fue así.

    De niña, a Doudna le intrigaba la dormilona, esa planta parecida al helecho que se repliega cuando algo la roza. «¿Qué hace que las hojas se cierren cuando las tocas?» – se preguntaba. En el margen de un cuaderno de Leonardo da Vinci, se lee «Describe la lengua del pájaro carpintero». «¿Quién se levanta una mañana y decide que necesita saber cómo es la lengua del pájaro carpintero?» – pregunta Isaacson.

    «Y puede que sea ese instinto —la curiosidad, la simple curiosidad— lo que nos salve».

    Adicionales

    A medida que leía el libro, mi curiosidad me obligó escarbar en algunos artículos y ver una buena cantidad de videos de YouTube y TED Talks, entre otros. En Netflix encontré el documental Human Nature que se cita en el libro y que también es muy recomendable. Ahí mismo me topé con la miniserie Unnatural Selection, que también resulta interesante y profundiza aún más en los dilemas éticos que plantea la edición genética. Resulta estimulante y un tanto adictivo y creo que vale la pena dedicarle un tiempo.

    Josiah Zayner cree que entender y manipular la CRISPR es fácil y relativamente accesible para el ciudadano promedio. Incluso fundó una tienda digital de suministros de biohackeo donde se puede comprar un laboratorio casero de ingeniería genética. Quizá no tengamos que llegar a tanto, pero al menos debemos comenzar a interesarnos. Creo que pronto habrá decisiones serias que la humanidad tendrá que tomar y que posiblemente alteren de forma irremediable las fibras más profundas del ser humano.

  • Veintiún pilotos

    agosto 24th, 2021

    Twenty One Pilots es una banda indie estadounidense que lleva ya algunos años de presencia y cuyos sencillos más sonados son «Heathens», «Stressed Out» y «Ride» entre otros. El año pasado (2020) lanzaron en medio de la pandemia un sencillo con el que rápido me sentí identificado y no tardó mucho en volverse una de mis canciones favoritas: «Level of Concern«.

    Respecto al nombre de la banda, que es el motivo de este post, encontré, de acuerdo a una entrevista publicada en 2014, que esta inspirada en la obra de teatro «All My Sons» de Arthur Miller donde el protagonista, un fabricante de piezas para aviones de guerra llamado Joe Keller, se ve obligado a enviar partes defectuosas para los aviones de la Segunda Guerra Mundial a fin de conseguir dinero para mantener a su familia. Como resultado de su decisión, veintiún pilotos mueren.

    Propaganda de una puesta en escena de «All My Sons«

    Para Tyler Joseph, el vocalista de la banda, la lección moral de historia es clara: el dilema de elegir entre la decisión fácil y la correcta.

    «Nos enfrentamos constantemente a decisiones. Muchas veces, las correctas requieren más trabajo, se tarda más en ver los beneficios; son el camino más largo. Sabemos que para llegar a donde queremos estar y hacer lo que queremos hacer, a veces tenemos que hacer lo que no tenemos ganas de hacer. Se necesita mucho trabajo, y el nombre de la banda es un recordatorio constante de eso».

    Tyler Joseph
  • Tú

    julio 15th, 2021

    Les he mentido a mis padres, este día ha sido uno de los más terribles de mi vida. Despidos al por mayor en la compañía, la partida de compañeros que, de tantos años, se convirtieron en amigos (seguro nos volveremos a ver), la incertidumbre de cuál será el siguiente nombre y la subconsciente indecisión de desear, a la misma vez y en igual intensidad, entre la continuidad de la burbuja de la costumbre y escuchar la sentencia final que le ponga fin al hastío que cada día pesa más.

    Pero a pesar de lo turbulento, se presenta como el oportuno momento para disimular la verdadera razón de mi falta de motivos, la ausencia de mis sonrisas, el insomnio y la mirada cabizbaja.

    Eres tú la mayor de mis angustias. Mi amigo, mi hermano, mi confidente, por qué no, hasta mi hijo. Mi «compa» de tantas aventuras y anécdotas que le han dado tanto sabor a mi vida. Mi bromance, porque bien sabemos que existe un límite que le dio el balance perfecto a todas las cosas. Las nuevas circunstancias suelen venir acompañadas de grandes cambios, y nosotros, quizá tú más, no hemos estado exentas de ellas. Me duele hoy verte un tanto distante, indiferente, cambiado. Y aunque el distanciamiento duele, me preocupa más saber si realmente vas a estar bien.

    Te quiero montones.

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