Ir directamente al contenido
  • Inicio
  • ¿Qué es Blágora?
  • Autor
  • Buscar
  • The Bear. Temporada 1

    noviembre 6th, 2023

    Y me dejó su restaurante. En los últimos meses he intentado arreglarlo, revivirlo. Porque estaba descuidado y era muy claro para mí que, intentar arreglar el resaturante era yo intentando arreglar mi relación con mi hermano y… no sé, tal vez arreglar a la familia, porque … el restaurante tiene un significado para todos nosotros. Significa mucho para mi. Pero no sé si lo fue para él.

    Carmy

    En la universidad, una vez nos dejaron leer «Pantaleón y las visitadoras» de Mario Vargas Llosa para analizar el proceso administrativo de montar una empresa. Creo que si yo diera esa materia ahora, les dejaría a mis alumnos ver The Bear.

    Y sí, The Bear es la historia de la reinvención de un negocio, un restaurante. Pero también es una historia de destrucción, deconstrucción y reinvención de las personas involucradas; y es en esto último en donde radica su encanto. Es una historia bien contada que evita caer en las soluciones simples y las salidas fáciles, al contrario, torna todo complicado, así como en el mundo real. Y a medida que la serie avanza, esta profundidad y complejidad de los personajes la vuelve sencillamente irresistible.

    Carmen Berzatto o «Carmy» es un galardonado chef que vuelve a su natal Chicago para hacerse cargo del negocio de Michael, su hermano mayor. Se trata de un restaurante de sandwiches italianos de carne llamado «The Beef». El retorno se da por razones trágicas: su hermano se ha suicidado (con el tiempo se revelan sus padecimientos mentales, agravados por la adicción a las drogas y el alcohol). Para evitar confrontar los sentimientos respecto a la muerte de su hermano, Carmy se refugia en el trabajo, aunque es evidente que los demonios mentales lo persiguen de continuo. La situación con su hermana Natalie o «Sugar», también es complicada pues tienen muchas diferencias, incluyendo la forma en que cada uno vive su duelo.

    En el restaurante, Carmy tiene que lidiar con todo el personal que se resiste al cambio. Tiene que lidiar continuamente con Richie, el mejor amigo de Michael que funcionaba como el gerente del negocio y que insiste en continuar con la misma fórmula. La realidad es que el modelo resulta insostenible. Michael dejó el negocio endeudado, incluyendo un préstamo de $300,000 que solicitó al «tío Cicero«, otro amigo de la familia. El tío Cicero se ofrece a comprar el lugar para condonar la deuda, pero Carmy rechaza la oferta.

    Carmy contrata a Sydney como sous chef (segundo chef), que aunque es joven e inexperta, también es una chef inteligente y decidida que se convertirá en el brazo derecho de Carmy.

    La disciplina de Carmy capta la atención de Marcus, un miembro del personal que resulta tener grandes dotes para la panadería y los postres y que eventualmente se apasiona, perfecciona y se vuelve demasiado bueno.

    Otro personaje que evoluciona significativamente es Tina, una cocinera veterana que al inicio también se resiste, sabotea y le hace la vida imposible a Sydney. Sin embargo, la perseverancia y resiliencia de Sydney terminan ganando a Tina, quien finalmente se convence de las buenas intenciones de la chef y más al ver los buenos resultados que los cambios van trayendo.

    Un día, pasando por alto a Carmy, Sydney sirve a un platillo experimental a un comensal que resulta ser un crítico gastronómico. Este publica una buena crítica que parece augurar mejores tiempos, aunque todo termina muy mal. En el episodio 7, considerado uno de los mejores de la temporada, tenemos una solo toma continua de 18 minutos, una escena en «tiempo real» que nos conduce de la gloria al desastre.

    A veinte minutos para abrir el local, el personal esta feliz por la buena crítica obtenida. La euforia les dura poco, pues a diez minutos de abrir, descubren que la opción de preordenar se ha dejado activada en el sistema de pedidos y ahora tiene cientos de pedidos acumulados que deben entregar en diez minutos. Los nervios y la desesperación se imponen ante este grupo que apenas está logrando hacer equipo y los llevan a la confrontación, los gritos y a tomar las peores decisiones para que todo termine mal. Carmy explota contra Marcus y este se marcha. Por accidente, Sydney apuñala a Richie en un glúteo y termina renunciando, pero no sin antes decirle a Carmy que es un «pedazo de mierda». La salud mental se quiebra y al final del episodio vemos a Carmy tocando fondo.

    En el episodio final, Carmy por fin admite que requiere ayuda y acude un grupo para personas con familiares adictos. Confiesa su sentir respecto a la muerte de su hermano. Se ha pasado la vida siendo el mejor solo para demostrarselo a su hermano y ahora que ya no esta, se enfrenta al sentimiento de que quizá no lo conocía tan bien. Busca la aprobación de su hermano intentando sacar adelante el restaurante. Quizá entonces encontrará la paz. Pero entonces, ¿habrá hecho las paces su hermano con él?

    La respuesta a esta inquietante pregunta se le revela a Carmy, al menos parcialmente, cuando Richie le confiesa que sí hay una carta de despedida de su hermano para él y se la entrega. Claro, nosotros hemos sabido de la existencia de la carta desde los primeros episodios. Cuando Carmy abre la carta, solo encuentra en una nota la frase «Let it rip» (Déjalo correr ó Que se rompa). Una de las frases que su hermano le decía para hacerlo sentir seguro. No es mucho, pero al menos para Carmy, parece significar más de lo que dice. A la vuelta de la nota, Michael ha dejado anotada una receta de espagueti básico para que Carmy la haga. El único detalle curioso es que le recalca que siempre use latas de tomate de tamaño mediano.

    Carmy hace las paces con Marcus y Sydney y les pide que vuelvan. Cosa que finalmente sucede. Luego, comienza a preparar la receta del espagueti de su hermano y utiliza las latas de tomate mediano que su hermano tiene almacenadas en la alacena. Para su sorpresa, descubre que las latas no solo contienen pure de tomate, si que también hay fajas de dinero embolsadas que suman una buena cantidad. ¿Por qué Michael escondía todo ese dinero a pesar de las deudas? Tendremos que esperar las respuestas en la temporada dos.

    Lo cierto es que, con la esperanza renovada y un personal que ahora comienza realmente a funcionar como un equipo, Michael anuncia el cierre «The Beef» y la próxima apertura de «The Bear», un nuevo restaurante totalmente renovado. La primera temporada concluye con todos sentados en las mesas del restaurante compartiendo una comida. Al fondo del restaurante, Carmy imagina a su hermano Michael, quien le sonríe.

  • Autofac (Autofab)

    septiembre 25th, 2023

    En 1955, Philip K. Dick publicó un cuento corto llamado «Autofac», una contracción de Automated Factories, es decir, Fábricas Automatizadas, por lo que en español el título también se suele traducir como «Autofab».

    Cinco años después de que la humanidad enfrentara un conflicto global total, un avance tecnológico creado durante la guerra ahora se ha vuelto un problema: las autofac. Para asegurar el suministro de productos, los humanos crearon una red de fábricas autónomas y automatizadas que determinan las necesidades de los humanos, producen bienes y los entregan a los distintos asentamientos, todos estos pasos sin la intervención humana. Algo ha salido mal y las autofac continúan produciendo bienes sin control amenazando con consumir todos los recursos del planeta. Lo peor es que no hay manera de pararlas pues cualquier intento por hacerlo es considerado una amenaza y las fábricas harán lo que puedan para evitarlo.

    El plan de un grupo de supervivientes es «dialogar» con las autofac y hacerles entender el problema. Además, como el conflicto ha terminado, los humanos están listos para volver a tomar el control de la producción. Después de agotar varias ideas, este grupo consigue llamar la atención de un de los camiones que llevan los suministros fingiendo que hay algo mal en la leche. A través de un mecanismo de interacción se les pide que indique la causa del rechazo y ellos le escriben: «El producto está totalmente pislado (pizzled)». Esta frase sin lógica resulta incomprensible e, incapaz de proveer una solución, el camión les responde que será necesaria la visita de un representante.

    Al poco tiempo, una especie de robot humanoide con voz artificial los visita intentando recabar información. Ellos intentan explicar la situación pero la conversación resulta infructuosa. Uno de los humanos, frustrado, decide destruir el robot. Su acción solo consigue que las autofac envíen de inmediato un equipo de reparación y a un nuevo representante, acompañado de otro par de elementos de reserva. Las máquinas no van a ceder.

    Sin embargo, la conversación con el segundo representante les revela que las máquinas son conscientes de una disminución en la extracción de las materias primas y, por la forma en la que operan, es posible que se les pueda hacer que entren en una guerra por la competencia de dichos recursos. Más adelante descubren que el tungsteno es uno de los elementos más escasos y consiguen hacerse de una pila de este material, la cual usan como carnada ubicándola equidistantemente entre tres autofacs. El plan da resultados, las autofacs inician una guerra entre ellas enfrentando a sus ejércitos, lo que las obliga a dejar de producir bienes de consumo mientras se aniquilan y finalmente todas las autofacs quedan desactivadas.

    Un año después, los asentamientos humanos han caído en la semibarbarie y algunos producen alimentos en campos. Los protagonistas se adentran a las ruinas de una autofac para confirmar la inactividad y con miras a poder reiniciarla pero ahora bajo el control humano. Para su sorpresa, descubren que en los niveles profundos las autofac siguen teniendo actividad: están vivas. El climax de la historia se revela. En todo este tiempo, las fábricas han estado creando versiones diminutas de ellas que son totalmente funcionales. Luego, estas son guardadas en cilindros para ser escupidas mediante unos tubos hacia diversos puntos del planeta. Encontraron la manera de asegurar su supervivencia replicándose masivamente y diseminando al exterior un torrente de «semillas» metálicas.

    Electric Dreams

    En 2018, Amazon Prime adaptó el cuento como parte de su serie: Philip K. Dick’s Electric Dreams. Esta adaptación se parece poco a la historia original de Dick, pero en realidad me gusta más. Con 63 años de diferencia de la historia original, la adaptación incluye drones, computadoras e inteligencia artificial.

    El planteamiento inicial es parecido. La sociedad y el mundo que conocemos han colapsado y una fábrica automática de manufacturación masiva de productos continúa operando según los principios del consumismo: los humanos consumen productos para ser felices, y se debe asegurar dicho consumo para que el ciclo siga sin importar el precio, como se revelará más adelante.

    Un grupo de supervivientes derriba uno de los drones de cargamento que les lleva las provisiones. Emily, una brillante hacker que sufre de extraños flashbacks, interviene el cerebro del dron y accede por computadora a un servicio de atención a clientes en el que captura su queja: «La mercancía esta pislada». Como en el cuento, la autofac les envía un representante: Alice, una IA con forma de humano encarnada por la actriz y cantante Janelle Monáe.

    La plática con Alice resulta infructuosa, ella insiste que la Autofac solo esta para servir al ser humano y asegurar su supervivencia. Sin que Alice se de cuenta, Emily se aproxima y la ataca con un dispositivo causándole un corto circuito que la deja inconsciente. Luego intenta hackear el cerebro de Alice con la intención de reprogramarla pero descubre que su código es más complejo: no solo imita a un ser humano, sino que también piensa.

    Cuando Alice despierta se encuentra recostada y conectada a la computadora de Emily. Ambas entablan un interesante diálogo. Emily le dice que su código es «sublime», muy superior a los de los drones. Alice le dice que es porque los clientes no quieren tratar con un robot, quieren tratar con una persona. Cuando Emily le reclama que la Autofac promueve una cultura del desecho, Alice le responde: «Tal vez todo sea reemplazable». Emily sabe que tiene poco tiempo para actuar antes de que la Autofac detecte que su representante ha sido secuestrada. Comprendiendo que será incapaz de reprogramar pero que está tratando con algo muy parecido a un ser humano, quema su cartucho: le dice a Alice que no le queda otra opción que la de borrar su disco e instalar el software de un dron que sí pueda reprogramar. «Eso está bien ¿verdad? Porque todo es reemplazable», le dice Emily a Alice. Su táctica da resultado y Alice se ofrece a cooperar permitiendo que un grupo de humanos la acompañe de regreso y se introduzca a las tripas de la Autofac. Este acuerdo se pacta sin que los demás lo sepan y Emily solo le dice a su grupo que logró «reprogramar» a Alice.

    Alice regresa a la Autofac acompañada de Emily y otros dos miembros. El plan es volar la Autofac desde dentro. Una vez en el interior, el equipo se divide para alcanzar sus objetivos. Emily permanece con Alice quien la conduce al cerebro principal. Vemos que los otros dos miembros eventualmente son aniquilados por «personal» de vigilancia. El diálogo entre Alice y Emily se retoma. Alice le pregunta porqué les mintió a sus compañeros y Emily responde que es porque ambas parecen tener muchísimo en común y los demás quizá no lo entenderían. Ante el cuestionamiento de Emily, Alice revela que fue construida a partir de datos archivados de imágenes neuronales de personas reales, en su caso se utilizó a la primera jefa de relaciones públicas de la Autofac. En otras palabras, se le ha «impreso» una personalidad: habla, se mueve y piensa como la persona original. A Emily le intriga saber porqué las máquinas han invertido tanto tiempo en crear robots tan reales. Pronto obtendrá la respuesta.

    Emily y Alice llegan a una cámara llena de lo que parecen ser cuerpos humanos dentro de unas cápsulas. Impactada y comenzando a entenderlo todo, Emily rompe una de las cápsulas y descubre otro ente idéntico a ella envuelto en plástico al vacío tal como se suelen encontrar algunos productos nuevos. «¡La Autofac intenta reemplazarnos! ¡Intenta reemplazar a las personas!», exclama Emily alterada. «No, Emily», le responde Alice, «No intenta reemplazar a las personas. Ya lo ha hecho». En ese momento se revela que los miembros que acompañaban a Emily y que han sido degollados muestran en el corte de su cuello una serie de cables. Luego, Alice le causa un corto circuito a Emily quien se desvanece en el piso.

    Emily despierta tumbada en una plancha con la coronilla de la cabeza descubierta dejando ver un avanzado cerebro electrónico conectado a una computadora que Alice está manipulando. Alice le revela que los humanos se extinguieron poco después de la guerra y que la Autofac se quedó sola y sin propósito. No tenía consumidores. Entonces se dio cuenta que también podía reemplazarlos y creó consumidores perfectos. Luego, pobló cientos de pequeños pueblos con «Emilys» y demás personajes que juegan y consumen exactamente como era previsto. El poblado de Emily, la protagonista, resulta ser una anomalía, un «error de fábrica» que debe corregirse. La Autofac planea efectuar una «purga», eliminar el poblado y reemplazarlo con «productos» que funcionen correctamente.

    Alice descubre la «anomalía» en la programación de Emily, sin embargo, la trama vuelve a dar un giro de tuerca al revelarse que todo esto forma parte del plan de Emily, quien, uniendo las piezas ha sabido por años la verdad acerca de su naturaleza y ha escondido en su cerebro una pieza de malware para hackear la Autofac. Los flashback o recuerdos que experimenta provienen de la persona real con la que fue modelada su personalidad. «La Autofac nos construyó como mercancía, pero nos puso algo real adentro sin pretenderlo. Sin saber lo que hicieron. Somos reales«, dice Emily. Se revela entonces que la mujer en la que se basó la personalidad de Emily se trata de Emily Zabriskie, la fundadora y CEO de la Autofac, la fábrica que construye todo.

    «Ella fabricó la Autofac», le dice Alice, «Y ahora ella la destruirá», responde Emily. En las pantallas que maneja Alice, vemos como Emily ahora tiene el control y ha cancelado los dos misiles que se dirigían a aniquilar su poblado. A continuación toda la Autofac comienza a apagarse.

    Emily regresa a su pueblo y tiene un emotivo reencuentro con su novio Avishai, con quien durante toda la trama mantiene una relación de pareja. El mensaje es claro: estos robots avanzados, con cerebros de silicio, experimentan sentimientos idénticos a los de cualquier otro ser humano. Son tan reales como tú y yo.

    Conclusiones

    Hay tres temas que me cautivaron desde que vi este episodio y se convirtió el favorito de esta serie. El primero es la crítica a el consumismo despiadado. A fin de mantenerse vigente y cumplir con el objetivo para la cual fue diseñada, la Autofac es capaz de todo, hasta de crear consumidores que mantengan el ciclo de producción funcionando cayendo en un absurdo. Esto no es más que una crítica de nuestra realidad actual. En su libro «Trabajos de Mierda», David Graeber expone cientos de puestos de trabajo que son inútiles, como por ejemplo el telemarketing. Estos trabajos tienen un solo objetivo: generar empleos que mantenga la maquinaria del capitalismo funcionando. Algo parecido ocurre con la obsolescencia programada, imponer tiempos de vida útiles en los productos para supuestamente asegurar beneficios económicos continuos a las empresas y evitar un colapso financiero. El dinero se ha vuelto un fin y no un medio y lo importante parece ser ver quién consigue acumular más. El término capitalismo alude al capital, a la producción de bienes y riqueza; el consumismo alude a la compra o acumulación de ellos. Bajo este modelo el objetivo primario de satisfacer las necesidades humanas ha pasado a un segundo plano para dar lugar a otro: crear nuevas necesidades y mantener el ciclo funcionando al precio que sea.

    El segundo tema tiene que ver con la percepción de la realidad. En el episodio, Emily logra brincar los «filtros» de la realidad que le ha sido impuesta gracias a los flashbacks y su brillante lógica. Queda claro que logra conectar las piezas que la conducen a una evidencia que en su momento le resultó contradictoria. Y en un determinando momento dio el salto de fe, le apostó a la evidencia en lugar de la «realidad». «¿Qué es real?», le pregunta Morfeo a Neo en la icónica película de Matrix. «Si estás hablando de lo que puedes sentir, lo que puedes oler, lo que puedes saborear y ver, entonces lo real son simplemente señales eléctricas interpretadas por tu cerebro.” En el análisis que Farid Dieck hace de la película, en un determinando momento se recurre a la teoría de la lattice de Jacobo Grinberg para definir ese concepto de realidad. Según esta teoría, a lo que llamamos «realidad» es a esa interacción de nuestros cerebros y sentidos con el «código» que subyace en el universo. Aunque hay diversos enfoques y teorías, algo nos queda claro: dependemos de nuestros sentidos para recolectar datos del exterior y de la interpretación que hace nuestro cerebro para constituir «la realidad». Si cuestionamos cualquiera de estos dos elementos y logramos brincar «los filtros», quizá el ser humano consiga acceder a otro nivel de la «verdadera» realidad.

    Y por último, aunque muy de la mano del punto anterior, tenemos el tema de lo que significa ser un ser humano. En la serie, tenemos a personajes, robots, que han avanzado lo suficiente para pensar, sentir y poseer una personalidad. Lo que es más, ellos mismos se sienten reales. Recordemos que la obra maestra de Philip K. Dick es su novela «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?», de la que derivó «Blade Runner» y dónde el planteamiento central es justamente ese: ¿En qué momento la línea entre un robot, una inteligencia artificial, un humanoide será tan difusa que pueda borrarse?

    Podríamos decir que esa línea puede borrarse cuando se construya un cerebro no biológico, quizá basado en silicio, que reproduzca de forma bastante decente las funciones de un cerebro humano. ¿Estamos cerca de lograrlo? ¿Estamos siquiera en posibilidad de plantearlo? La respuesta a esta última pregunta se divide. El físico Roger Penrose, sostiene, por ejemplo, que será imposible, al menos por la vía de las computadoras actuales. El principio de funcionamiento de nuestras computadoras se basa en la máquina de Turing y limita su campo de acción a los problemas computables (hay una definición más formal para este término que no pretendo por el momento ahondar aquí). Sin embargo, como hace hincapié Penrose, nuestro cerebro es capaz de resolver también problemas de naturaleza no computable. Por lo tanto, mientras los humanos no desarrollemos una tecnología capaz de abordar estos problemas, parece que la línea que divide a un robot de un ser humano seguirá siendo bastante clara.

    Sin embargo, si logramos brincar esta frontera y construir cerebros artificiales que realmente ofrezcan esta experiencia de manejo de información, si les proporcionamos los sensores adecuados para introducir datos del exterior a su interior y procesarlos, creo que tendremos que admitir en algún punto que hemos creado algún tipo de vida y que posiblemente nos veamos obligados a tratarla como a cualquier otro ser humano.

  • Nihon no bōken 4: Kioto

    mayo 29th, 2023

    El Shinkansen

    Mis viajes al extranjero refuerzan cada vez más mi teoría de que los dos grandes errores que México cometió en materia de urbanismo fueron: entubar sus ríos y canales, y abandonar la red ferroviaria. En Japón, como pasa en las ciudades europeas y otras regiones, la evolución de las urbes no condenó a la extinción al los ríos. Por el contrario, se les dio su lugar y son parte de su historia. En Japón, los ríos y canales sobresalen por sus aguas cristalinas, a menudo tan transparentes que se consigue observar las piedras o el terreno del fondo.

    Sobre la red ferroviaria, y en general su red de transporte, Japón es por mucho el ejemplo mundial por excelencia. Impacta e intriga cómo logran administrar tan bien una infraestructura tan compleja y delicada. El Shinkansen, o tren bala, sigue siendo un transporte envidiable. Desde su interior el tren no parece ir tan rápido, pero en realidad vamos avanzando a más de 300 km/h. De Tokio a Kioto nos hacemos 3 hrs de camino, lo cual desde esta óptica pudiera parecer no tan rápido, pero sí lo es. La distancia entre ambas ciudades son unos 450 kilometros, que es casi la distancia entre la Ciudad de México y Guadalajara. Si hicieramos el viaje en automóvil, el tiempo sería el doble, es decir, unas 6 horas.

    El Templo del Pabellón Dorado y Fushimi Inari-taisha

    Tan pronto como llegamos a Kioto, dejamos las maletas en resguardo y nos apresuramos a Kinkaku-ji o el Templo del Pabellón Dorado. La vista es espectacular, con justa razón fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

    Hay muchísima gente y tenemos que apresurarnos a avanzar. Sin duda es uno de mis grandes favoritos del viaje.

    Aprovechamos para comer unos pequeños bocadillos y luego nos dirigimos a otro fantástico lugar: Fushimi Inari-taisha.

    Este santuario sintoísta es también un clásico instagrameable por sus más de 32,000 pequeños torii. Enrique, Lalo y yo, somos de los pocos del grupo que sacrificamos la comida por ascender hasta la cima. Al llegar, obtenemos una vista panorámica de la ciudad de Kioto.

    Satisfechos, emprendemos el recorrido de regreso. Compramos algunos onigiris para comer en el camino de regreso a nuestro hotel en Kioto. Tenemos la tarde libre así que aprovechamos para recorrer la ciudad y visitar algunas de sus tiendas. Buscamos un lugar para cenar y regresamos cansados a dormir.

    Templo Higashi Honganji

    Lunes 15 de mayo. Nos levantamos temprano para visitar el templo budista de Higashi Honganji. En el camino vemos muchos «japodínez«, término que nos inventamos para definir a los empleados de oficina japoneses que se dirigen a sus trabajos.

    El templo Higashi Honganji me deja boquiabierto por sus dimensiones (será superado pocas horas más tarde cuando vayamos a Nara). En el complejo se ubica un mausoleo que contiene las cenizas del monje Shinran, fundador del budismo Shin.

    Nara y sus adorables venados

    Luego del desayuno partimos para Nara, donde nos espera una población de poco más de mil venados sika en total libertad. La experiencia no decepciona. Les compramos galletas que venden especialmente para ellos y eso nos da la oportunidad de tomarnos fotos increíbles. Sin embargo, hay que tener cuidado de no tener demasiados a nuestro alrededor exigiéndo con ligeros topes de cabeza que les alimentes y intentando comerse tu ropa y tus pertenecias.

    En toda la extensión del parque encontramos diversas edificaciones sintoístas y budistas. Sin duda el más impresionante es el complejo que compone el templo Tōdai-ji. Luego de cruzar la puerta Nandaimon, llegamos a el Salón del Gran Buda, ¡el edificio de madera más grande del mundo! Por si esto no resulta suficientemente sorprendente, seguro le impresionará saber que se trata de una reconstrucción (fue arrasado dos veces por incendios) y en la actualidad es un 33% más pequeño que el original.

    Finalmente, y ya acostumbrados a ‘trepar cerros’ y caminar no menos de 10 km, subimos hasta la cima de la colina donde nos esperan más venados y desde donde podemos ver Nara y sus alrededores. Desde este punto se puede ver el templo Tōdai-ji y hacerse una idea de lo impresionante que debió verse la versión original.

    En la colina vivimos una de las anécdotas más graciosas (y caras) del viaje. Por descuido la mochila de Lalo se queda abierta. Un curioso venado la encuentra y mete su cabeza, Lalo y Enrique corren a detenerlo pero es demasiado tarde. El venado saca los billetes de yenes, Enrique consigue arrebatarle casi todos, pero el venado le gana y se come el de denominación más grande: 10,000 yenes. El equivalente a unos 50 paquetes de galletas.

    Por la tarde regresamos a Kioto. Salimos a dar una vuelta al Mercado de Nishiki y luego nos dirigimos a el barrio de Gion con la esperanza de ver geishas. Al parecer llegamos demasiado tarde. Solo conseguimos visitar el Santuario Yasaka, aunque en este punto ya estamos un poco aburridos de santuarios, así que pasamos muy brevemente.

    Regresamos al hotel a descansar. Mañana nos espera un día de aventura en el parque de diversiones de Universal Studio Japan.

  • Nihon no bōken 3: Kamakura y Yokohama

    mayo 25th, 2023

    Sábado 13 de mayo. Enrique y yo nos levantamos temprano de nuevo y salimos a correr por la orilla del río Sumida. En cierto punto nos separamos y yo continúo mi camino hacia la Tokyo Skytree. La visito solo por fuera, aunque lo quise, no pude ascender al mirador.

    Regresamos a desayunar y como grupo nos encaminamos ahora hacia Kamakura.

    Santuario Tsurugaoka Hachiman-gū y Templo Kōtoku-in

    Kamakura es una ciudad costera rodeada de montañas. Tsurugaoka Hachiman-gū es un santuario que se eleva a la falda de una de estas montañas enclavado entre una densa vegetación. El santuario es muy parecido a los anteriores, se repiten los mismos «rituales de la suerte» que para mi comienzan a ser algo cansados. La vista, sin embargo, es espectacular, se respira un aire limpio y el contacto con la naturaleza esta presente. Las aves se acercan con mínimo miedo a la presencia humana.

    Depués nos dirigimos al templo budista de Kōtoku-in, que alberga un buda gigante de bronce. La imagen se completó en 1252 y se por un costado se puede entrar a sus estrechas entrañas para atestiguar la ingeniosa labor que implicó manipular los pesadas piezas de bronce que lo componen. Como nuestros Indios Verdes, la estatua, en medio de este clima tan húmedo, tiene ese color verde característico.

    Regresamos caminando hacia la estación de Kamakura para irnos a Yokohama.

    Chinatown y el Gundam gigante

    Yokohama es una ciudad densamente habitada. Llegamos directo a su barrio chino en busca de comida. Para ese momento el trío recurrente del viaje somos Enrique y yo, pero también Eduardo. Como él tiene 23 y nosotros más grandes, nos gusta bromear diciendo que somos una familia de dos papás con su hijo. Eduardo es un GPS humano, tiene un afinado sentido de la ubicación y una brújula que constantemente nos saca de apuros. A pesar de su corta edad, investiga y nos propone visitar lugares interesantes.

    Ese día vivimos una experiencia extraña. Nos adentramos al Chinatown siguiendo una recomendación de Google para un lugar de buenos fideos. Damos con un extraño restaurante donde nos atiende una mujer china que al principio parece un poco ruda y con la que no logramos darnos entender. En el lugar otra mesa esta ocupada con comensales chinos. Pedimos unos fideos que están sabrosos y se ven toscos, completamente hechos a mano. Unas brochetas algo picosas y cerveza. La mujer china nos sirve de cortesía vasos de agua ligeramente saborizada con algún tipo de té. Cuando Enrique le pide más agua, le llena su vaso y nos ofrece también a nosotros quienes declinamos la oferta. Acto seguido y cual madre de hogar, dice unas palabras como molesta (me la imagino diciendo algo como «Ah, ¿cómo de que no?) y nos rellena los vasos. No nos queda más que beberlos. Luego nos hace señas de que si no queremos salir a fumar. Es tosca, lo que genera la impresión de estar malumorada, pero nada más lejos de la verdad. En momentos bromea, aunque no sabemos qué nos dice. Salimos satisfechos dando las gracias y concluyendo que ha sido una buena experiencia.

    Salimos apresurados para intentar unirnos al resto del grupo que está entusiasmado por visitar la Gundam Factory Yokohama un punto de atracción por su monumental robot de 18 metros que se presentó en 2020.

    El robot es impresionante, aunque resulta lento y torpe. Aún así me parece que será un precedente de lo que nos espera en el futuro. No dudo que dentro de poco pueda hacer más que solo desacoplarse unos metros de su base y mover los brazos y agacharse. Sería increíble verlo caminar mucho más autónomo. El boleto de entrada va desde los 1700 hasta los 3300 yenes (220 a 450 pesos). El más barato te permite admirar el espectáculo, que dura algo así como 10 o 15 minutos, desde unas gradas frente a la plataforma. El más caro te permite estar en la plataforma en la parte de arriba.

    Como nosotros llegamos tarde y no quisimos esperar la función hasta la siguiente hora, decidimos ver todo desde fuera, lo cual tampoco resulta mala opción y es gratis.

    Llegó la hora de regresar al hotel en Tokio. Como dije en la anterior entrada, volvimos a meternos al Onsen.

    El dia siguiente, domingo 14 de mayo, como ya era costumbre, Enrique y yo volvimos a salir a correr a la orilla del río Sumida. Lo llevé a tomarse fotos a la Tokyo Skytree. En el camino nos encontramos con el Santuario Ushijima y nos tomamos unas fotos muy chidas.

    Regresamos a desayunar y hacer check-out. Había llegado el momento de movernos a Kioto en el Shinkansen.

  • Nihon no bōken 2: Un largo día por Shibuya.

    mayo 25th, 2023

    Viernes 12 de mayo. Son las 4:30 am y en Japón ya es completamente de día. El jetlag parece jugar a nuestro favor puesto que despertamos muy temprano: Enrique se va a correr al río Sumida y yo a explorar algunos puntos de la ciudad. Me llama la atención el estanque Shinobazu. En el camino disfruto la ciudad en silencio donde puede escucharse solo el ruido de algunas aves.

    Por todo el camino hay bicicletas estacionadas sin ningún tipo de seguridad. Han permanecido ahí toda la noche y nadie se las va a robar. Las calles y aceras también están impolutas.

    Uno de los guías nos explica más adelante que la cultura japonesa esta regida por el honor y un japonés crece sabiendo que nada es más importante que su honor. Quien no cumple su palabra pierde su honor, quien no es honrado también. Quien pierde su honor, no vale nada. No es raro que detrás de un suicidio haya una historía de un japonés que sintió que había perdido su honor. Este chip, que permea todo momento de la vida de un japonés lo hace sumamente honrado y respetuoso, no roba y puede dejar descuidadas a niveles que perturban al mexicano promedio, quien esta acostumbrado a no perder de vista sus pertenencias ni un segundo.

    Sobre la limpieza, igual es la cultura. Es notoria la ausencia de botes de basura, pero se tiene el lema de que «cada uno es reponsable de su basura» y te la llevas cargando hasta que puedes tirarla afuera de una tienda de conveniencia, que es donde sueles encontrar botes. El japonés promedio produce mucha basura, todo tiene exceso de envoltorios y a nadie parece preocuparle el daño a la naturaleza. ¿Por qué? El secreto radica en su cultura del reciclaje que también sorprende. Por las mañanas, afuera de los negocios, encontrará uno las bolsas de toda la basura separada y lista para ser recolectada.

    Aún así a lo largo del día uno encontrará una que otra basura o lata caminando. Sin embargo, cada noche pasará un camión barrendero a limpiar las calles. Por eso la ciudad de Tokio luce impecable por las mañanas.

    Estanque Shinobazu

    El estanque es parte de una zona verde donde encontramos el Templo Benten-dō y el llamado Parque Ueno. Aquí está el zoologico y varios museos. Sin embargo, es muy temprano para visitarlos. Por desgracia no me dará tiempo en el viaje de recorrerlos.

    Regreso al hotel a bañarme y luego salimos a desayunar antes de partir rumbo a Shibuya.

    Santuario Meiji y Harajuku.

    La primer parada en Harajuku es el Santuario Meiji. Muchos santuarios pese a ser antiguos, tienen remodelaciones recientes debido a la destrucción que sufrieron durante la Segunda Guerra Mundial.

    El bosque es precioso y abundante en vegetación. Sin embargo, percibo aquí algo que se volverá también una constante en los viajes a los bosques: su olor. Los bosques de México huelen principalmente a pinos mexicanos. Aquí el olor es diferente y a falta de una mayor precisión y sin intención de incomodar a nadie, la mejor descripción que podría dar de su aroma es que huele a semen. Por supuesto, tuve que reprimir mi opinión a los compañeros para evitar las preguntas incomodas.

    En el santuario vimos la misma escena que en Asakusa, personas que acuden a orar todo rodeado de ese ambiente que tiene que ver con «la suerte». Aquí tuvimos la oportunidad de ver una marcha nupcial tradicional que coincidió que se estaba celebrando en ese momento.

    Salimos y nos fuimos a la emblemática calle Takeshita, llena de locales de comida, ropa y tribus urbanas.

    Shibuya, Shinjuku y el cruce más transitado del mundo.

    De ahí nos movimos a Shibuya. Saliendo de la estación nos tomamos nuestra foto con la estatua de Hachiko y cruzamos el emblemático cruce más transitado del mundo (un millón de personas al día en promedio, el Eje Central de la CDMX es el cruce peatonal más transitado de América Latina con 300 mil personas) .

    Después de una larga espera, comimos ramen en Ichiran, uno de mis favoritos del viaje. Se supone que la receta es un caldo a base de cerdo, con filetes de cerdo, cebolleta y la salsa picante secreta.

    Cuando ya comenzaba a atardecer fuimos a Shinjuku a visitar la figura y la cabeza de Godzilla en el Hotel Gracery. Sobre la Central Road, en la foto que salgo señalando a Godzilla, nos encotramos a chicos y chicas que ofrecen servicios de plática. A los japoneses se les advierte tener mucho cuidado, pues ejercen un tipo de estafa parecida a algunas que se hacen aquí en CDMX: si tú le sigues por algún motivo la conversación, en cuanto intentes retirarte ellos te dirán que debes pagarle por sus servicios y tendrás que darles algo de dinero. Por fortuna, como dije anteriormente, el turista que no habla japonés no suele ser objetivo de estas personas.

    Cuando ya quería comenzar a oscurecer y a llover, atravesamos el peculiar callejón de Omoide Yokochō, repleto de negocios de comida, principalmente brochetas, que desprendían un olor delicioso. Desafortunadamente estabamos muy llenos y tuvimos que seguir de largo.

    Después de unos 20 minutos de recorrido desde Omoide Yokochō, llegamos al edificio del Ayuntamiento de Tokio donde hay dos torres a las que se puede acceder gratuitamente al piso 45 y contemplar toda la ciudad.

    Cansados de un día largo de recorrido emprendimos el regreso. En ese momento ya comenzabamos a aprender a movernos por nuestra cuenta siguiendo las direcciones de Google Maps y como toda la ciudad es tan segura, comenzamos a perder el miedo. Aquel día establecimos el record de la mayor distancia recorrida a pie, puesto que acumulamos un total de más de 30 mil pasos que sumaron un poco más de 22 kilómetros. Habría otros días parecidos, pero ya no volvimos a superar ese record.

    Mi primera experiencia en el Onsen.

    Este primer hotel en que nos hospedamos en Tokio contaba con un baño Onsen. Muchos desde la primera noche lo visitaron, sin embargo, debido a mi pudor y los complejos sobre mi cuerpo, yo me había resuelto no visitar estos baños durante mi visita.

    Para quien no lo sepa, en este baño tradicional japonés, se encuentra una piscina de aguas termales a la que se debe entrar completamente desnudo (por lo general no son mixtos y hay uno para mujeres y otro para hombres). Antes de entrar, uno debe bañarse también desnudo en unas regaderas donde hay disponibles bancos puesto que la mayoría lo hace sentado. En la gran mayoría también esta prohibido entrar con tatuajes y si alguien los tiene, debe cubrirlos con unos parches especiales. Sin embargo, esa medida se ha hecho algo flexible y si no incomoda a nadie de los presentes, es probable que no haya problema.

    Cuando regresamos, ya avanzada la noche, Enrique propuso que fueramos al Onsen pues el agua caliente le vendría bien a nuestras piernas y pies adoloridos. Enrique tiene el problema de contar con varios tatuajes en el cuerpo, sin embargo, al ser tarde, le apostábamos a que estaría solo y molestaríamos a menos gente. Yo por mi parte, aproveché la confianza que me trasmitía Enrique y la probabilidad de que el Onsen estuviera vacío para no sentir tanto pudor.

    Al llegar, los dos últimos japoneses se estaban retirando y solo quedaba un chico que parecía europeo. Nos desnudamos, pasamos a bañarnos y luego nos metimos poco a poco a la piscina que tiene el agua a unos 40 grados centígrados.

    Me di cuenta que, independientemente del pudor, el baño tampoco resulta ser un lugar deshinibido donde la gente se pase observando a los demás o se crucen miradas sospechosas sino todo lo contrario, también es un mundo de hombres. La mayoría evita a toda costa el contacto visual y casi nunca voltea a ver a los cuerpos de los demás, si acaso lo hará disimuladamente. Uno tiene que ocuparse de sus asuntos y en cierta forma ignorar al resto.

    Por supuesto que el baño fue relajante. La disfruté tanto que al otro día repetimos, ahora también acompañados de Cruz, otro buen amigo que casi iba a diario. Él nos puso algunos ejercicios de respiración con los que igual sufrimos como nos relajamos.

    En el resto del viaje, hubo otras idas a los Onsen en otras ciudades, pero por el tema de los tatuajes y que no queríamos problemas, Enrique ya no fue y yo tampoco. Sin embargo admito que fue una buena experiencia.

  • Nihon no bōken 1: Llegada a Tokio

    mayo 25th, 2023

    Salgo de la Terminal 2 del AICM el día miércoles 10 de mayo a las 00:40 hrs. Después de casi 15 horas de vuelo, llegamos a la Terminal 1 del aeropuerto de Narita a las 6:20 am del día jueves 11 de mayo, efectivamente ¡hemos perdido todo un día! De aqui en adelante tengo que recordar que vamos 15 horas más adelante que Ciudad de México y que, por lo general, cuando es de día aquí es de noche allá y viceversa, así que debo tenerlo en cuenta cuando le escribo a mi familia.

    Somos un grupo de 48 inexpertos en una ciudad e idioma desconocidos, nos tardamos un poco pero finalmente en unos tres horas hemos logrado completar las tres misiones que se nos han encargado: canjear nuestro JR Pass (que nos permitirá usar el Shinkansen por una semana), obtener una SIM card para disponer de un plan de datos durante nuestra instancia (algunos optaron por una eSIM que da ciertas ventajas y suele ser más barata) y finalmente obtener una SUICA o PASMO card, una tarjeta de prepago recargable que funciona como dinero electrónico y que sirve, entre otras cosas, para pagar el transporte público (existen más disponibles pero casi todas son totalmente compatibles, en el viaje algunos también usaron la ICOCA).

    En mi caso, que preferí no llevar yenes, también tuve que retirar un poco de efectivo en alguna ATM, por lo general el retiro era de 20,000 yenes más 220 yenes de comisión a un tipo de cambio que en la mayoría de las compras con tarjeta siempre osciló entre 0.13 o 0.14 pesos por yen. Ahora si salimos de Narita y nos dirigimos al hotel en Asakusabashi.

    El templo Sensō-ji de Asakusa

    Es muy temprano para el check-in así que dejamos nuestras maletas en el resguardo del hotel y salimos a caminar hasta el templo de Asakusa.

    En Japón las dos religiones predominantes son el sintoísmo y el budismo. Principalmente entre estas dos encontraremos con frecuencia un sincretismo que parece llevarse bien y no será raro encontrar presencia de ambas religiones en el mismo punto.

    Más adelante en el viaje, un guía nos explicará que a los centros religiosos sintoístas se les llama santuarios y que los identifica a la entrada una puerta torii, a los centros budistas sí se les llama templos y a la entrada los identifica una puerta sanmon.

    Este es un templo budista. En estos por lo general las figuras de buda estarán presentes, pero algo que se ve con frecuencia en santuarios y templos es que en la parte más recóndita habrá solo un altar sin una deidad predominante. Esto puede resultar un tanto desconcertante para el religioso de occidente.

    En su lugar encontramos toda una serie de ritos destinados a la suerte. Un escenario típico es el siguiente: a un costado del recinto, en el patio, habrá una fuente para purificarte: se moja la mano derecha, luego la izquierda, se sorbe un poco de agua para enguajar la boca y se escupe. Se camina al altar del templo, ahí se hace una inclinación como reverencia y se arroja una moneda adentro de una caja, se aplaude dos veces son las palmas a la altura de tu cara (antes se tocaba una campana que estaba cerca del altar), con las manos juntas y una reverencia se hace una oración (según nos dijo una guía, no se va a pedir buena suerte, se va a agradecer por las cosas buenas que se han tenido). Después se da media vuelta y se retira. A la salida habrá una tiendas para comprar amuletos diversos que se pueden dejar colgados en algunas zonas del templo. Hay ciertos rituales donde se obtiene un papel que te dice tu suerte. Si es mala, tienes que dejarla amarrada en el templo. También puede haber en el centro del patio lugares donde se quema incienso y la gente acude ‘jala’ con su mano un poco del humo para echarlo sobre su cabeza.

    Aqui nos dejan libres y vamos curiosear por las calles y buscar algo de comida. En mi caso fue una de las más memorables del viaje, una tabla de nigiris que incluye su sopa miso y té verde por un total de 1300 yenes, unos 170 pesos mexicanos.

    Akihabara: capital mundial del manga y el anime.

    De regreso hacemos nuestro primer recorrido por Akihabara, lugar que frecuentaremos seguido donde puede uno encontrar de todo, principalmente artículos electrónicos, videojuegos, manga, anime con sus respectivas figuras. Conocemos la tienda Yodobashi Akiba y por todos lados hay anuncios de «The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom«, que esta a punto de salir a la venta.

    En el lugar también abundan establecimientos de juguetes sexuales y los maid cafes, estos últimos, lugares donde chicas cosplay en ropa de sirvienta francesa te atenderán y ejecutará algún show sexy. La extraña relación del japonés con el sexo y las relaciones (o quizá mejor dicho, con su falta de) se volverá una constante. Ese mismo día, a las afueras del hotel encontraremos «damas de compañía» paradas cerca de la estación. Algunas ni siquiera viste provocativamente, algunas son mujeres arriba de sus treinta cuya única razón que causa sospecha es que estén paradas ahí, repartiendo discretamente un paquete de kleenex con una tarjeta de contacto.

    Se supone que la mayoría de las veces el «servicio» solo incluye salir a comer o tomar alguna bebida y platicar a cambio de una tarifa. No sé hasta donde más pueda llegar, pero para el japonés promedio parece ser que una plática con una mujer ya es suficientemente excitante. Puesto que el primer paso siempre es platicar, eso implica muchas veces saber hablar japonés y por ello en su mayoría el extranjero queda fuera, aunque eso no impide que muchas de ellas te coqueteen. Y no hay que olvidar la cantidad de turistas hombres que tienen entre sus fantasías fetichistas a las japonesas.

    Cena por la noche en Asakusabashi.

    Camino de regreso al hotel, comprobamos lo que se dice de Japón y algunas frutas: son desproporcionalmente carísimas. Una pequeña porción de uvas que quizá apenas supere el cuarto de kilo cuesta 4980 yenes, unos 650 pesos. Para mi el kilo del Sam’s a 150 pesos ya es una grosería. En este viaje habrá pocas frutas y en porciones mínimas. Algo que valorar de nuestro país.

    Ya en el hotel hacemos check-in y ocupamos nuestras habitaciones. Mi roomie es Enrique, un veterinario a todo dar que se volverá mi hermano del alma. Su personalidad desinhibida y su alegría le vienen bien a este tipo preocupón y tímido que siempre requiere rodearse de gente con esa chispa para funcionar y divertirse. Sin embargo, mi roomie esta lejos de ser un tipo superficial, tiene una plática inteligente, sabe escuchar, hace ejercicio y toca el piano.

    Aunque estoy lleno, acompaño a Enrique y a otros a cenar cerca del hotel. Vamos a un barcito a tomar cerveza acompañada de brochetas hechas de menudencias (piel de pollo frita, mollejas y no sé qué más). Las brochetas no están mal pero tampoco son mis favoritas. La cerveza nos gusta mucho.

    Nos vamos a dormir, mañana Enrique tiene planes de salir temprano a correr y yo de ir a caminar, veremos si el jetlag no los permite.

  • Lo dorado desvanece

    abril 21st, 2023

    No hagas caso a esa voz, yo entiendo
    El espejo jamás te ha hecho honor
    Y, sin embargo, olvidé darte amor

    José Madero – Lo dorado desvanece

    El 31 de marzo de 2023 fue mi último día de trabajo para la compañía en la que estuve los últimos 15 años y 7 meses. No era un despido que me tomara por sorpresa, era un despido que demoró casi un año.

    Me retiro muy agradecido. Hice buenos amigos y la empresa siempre nos brindó un trato superior al promedio de las empresas nacionales, incluso en los últimos años que fueron complicados. Parto tranquilo, con mucha nostalgia pero con un sentimiento de libertad.

    Hoy cumplo 42 años. En breve me volveré a enfrentar esa fase de la vida llamada buscar empleo. Hacer entrevistas. No sé lo que me espera y no sé qué tanto cambió luego de más de 15 años de no tener una. El mercado laboral no parece estar en su mejor momento, al menos no como estaba hace un año, donde parecía que una buena parte transicionaría al trabajo remoto. Hoy, detonado por una nueva moda que al parecer disparó Elon Musk y su compra de Twitter, la balanza de nuevo parece inclinarse por el retorno a las oficinas. Después de pandemia vinieron también los recortes, despedir gente se puso de moda, aunque luego hubiera que recontratar de nuevo. Y finalmente llegó Chat GPT, las inteligencias artificiales que no sabemos todavía muy bien cómo van a impactar los trabajos y las profesiones. Estoy sin embargo, tranquilo, quizá solo se esté cumpliendo esa frase que dice que «el que nada sabe, nada teme».

    En ese inter, un nuevo viaje se atraviesa. No estaba planeado. De hecho me había propuesto este año dirigir mi mirada al sur del continente americano. Pero surgió la oportunidad y dentro de poco visitaré tierras niponas. Por si fuera poco, me quise aventar el paquete completo y me inscribí a un curso de japonés. Esta resultando maravilloso, pero agotador, la memoria no me da para más. Tengo la esperanza de encontrar algo de inspiración en este viaje, quizá aprovechar y sacarle doble partido a la visita y al idioma acercándome a alguna empresa japonesa. Pero por el momento son solo pensamientos optimistas.

    En su canción «Lo dorado desvanece», José Madero habla del sindrome del impostor, de la falta de autoestima. Lo que sigue en los próximos meses requerirá disciplina y paciencia, pero sobre todo, volver a creer en mi. Pero espero lograrlo y pronto iniciar una nueva etapa en mi vida.

←Página anterior
1 … 4 5 6 7 8 … 71
Siguiente página→

Blog de WordPress.com.

Cargando comentarios...

    • Suscribirse Suscrito
      • blagora.blog
      • Únete a otros 31 suscriptores
      • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
      • blagora.blog
      • Suscribirse Suscrito
      • Regístrate
      • Iniciar sesión
      • Denunciar este contenido
      • Ver el sitio en el Lector
      • Gestionar las suscripciones
      • Contraer esta barra