
Soy una de las tantas millones de personas citadinas desconfiadas de la gente que se nos acercan a pedirnos una caridad, una moneda. Son tantas la gente, tantas las tretas, tantos los dramas de los que se valen para engañar y hacerse los necesitados que sencillamente uno acaba desconfiando de todos, sean viejitos o infantes, hombres o mujeres, «enfermos», «discapacitados», … ahh y los que de veras lo necesitan. A muchos de nosotros alguna vez nos «la hicieron», «nos vieron la cara» y desde ese dia agarramos parejo.
Pero hace como tres semanas me sucedio algo interesante al respecto…
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