Hay un capítulo en la segunda temporada de Chef’s Table dedicado a Enrique Olvera y Pujol. En cierto momento Olvera aborda el tema de los tacos, dice que la fórmula de un buen taco implica especies, acidez, algo crocante y … grasa. «Los mejores tacos son los callejeros», solemos decir y Olvera afirma que con frecuencia la grasa disimula la calidad de los ingredientes. Finalmente se mete a la cocina y se propone crear el mejor taco, pero sin grasa.
El resultado es vistoso, un tortilla de dos colores – masa natural y otra de color rojo – y un relleno donde abundan los elementos verdes. Pero cuando llega el momento de probarlo y darle la primer mordida sucede lo peor que a un asiduo comedor de tacos le puede ocurrir: la tortilla se rompe por la parte de abajo y el relleno comienza a caer. No puedo evitar la risa al ver cómo una ambicioso reto ha terminado fallando en algo tan elemental. El taco callejero ha vencido.
Siempre que veo este tipo de programas termino con sentimientos encontrados. Por un lado me fascina la complejidad, el esmero, la creatividad e incluso las reinterpretaciones que un chef le puede dar a la comida. No solo se trata de alimentar, su trabajo también es el de un artista (¿o un artesano?) y consiste en excitar con sus creaciones la mayor cantidad de sentidos del comensal: el gusto es el más obvio seguido del olfato, la vista, el tacto y hasta el oído. El producto final es algo parecido a una obra de arte, una que encontrará su destino final en nuestros estómagos.
Eso me lleva a la otra gama de sentimientos. La sensación de estar ante un esfuerzo desmedido y absurdo. El sentir que nos hemos desviado del objetivo principal que para muchos simplemente es disfrutar de un buen plato. Seguro casi todos hemos dicho alguna vez «yo con eso no me llenaría», ante esas porciones minúsculas que parecen ser también un sello característico de la cocina del chef y que nunca he terminado de entender. Probablemente este asociado a que una porción así nos obliga a prestarle mucho más atención al platillo, degustarlo. O sencillamente así se aseguran las ganancias.
Entonces ¿cuál es mi postura al respecto de esta cocina? Creo que vale la pena mirar con atención todas las cosas y probar de todo sin caer en los extremos o ser los típicos posers. Ambas perspectivas, la cocina tradicional y la mal llamada gourmet pueden aportar elementos valiosos. Sin embargo, en la pirámide de nuestras necesidades hay que recordar que las fisiológicas como alimentarse están antes que las de auto realización. Lo demás es extra y se agradece, pero no dejará de ser secundario.
La discusión da para más pero quisiera concluir con el asunto de los costos. Encontré un artículo que analiza los precios de los menús de cada uno de los restaurantes de la segunda temporada de Chef’s Table y vale mucho la pena. Por ejemplo, en Pujol te vas a gastar en promedio unos 93 dólares, unos $1,800 pesos según la página del restaurante, en un menú de degustación de 7 tiempos tiempos. Curiosamente de los 6 restaurantes, Pujol es el más barato. El más caro es el Alinea en Chicago con un gasto promedio de 338 dólares. ¿Pero cuál de todos resulta más caro tomando en cuenta el poder adquisitivo del país? En la tabla de 6 posiciones, Pujol se queda en tercer lugar, el primero lo ocupa el restaurante Gaggan en Tailandia. Efectivamente, $1800 pesos es para muchos mexicanos prácticamente una quincena de trabajo.
¿Qué se necesita para desquiciar a una persona? ¿Cuánta desesperación quebranta una mente? El Joker (Guasón) se ha propuesto contestarle al mundo y a Batman estas preguntas en «La broma mortal», usando como conejillo a el comisionado Gordon.
Alan Moore escribió esta novela gráfica en 1988, un par de años después de The Watchmen. En el mundo de los cómics, las historias de Moore siempre me han parecido mucho más adultas y profundas que las de otros escritores. Si en The Watchmen, Moore cuestiona qué diferencia hay entre el superhéroe y el que toma la justicia por su propia mano, en The Killing Joke compara al superhéroe y al villano para revelar que aunque antagonistas, la locura los ha visitado a ambos, si bien cada uno le ha dado un cauce diferente.
La premisa del Joker, de que basta un mal día para caer en la locura no resulta tan descabellada, podríamos decir que hemos visto bastantes casos en la vida real. Cuando alguien decide tomar la justicia en sus manos, no es raro que las cosas se le salgan de las manos convirtiéndose en verdugo pues con los sentimientos tan alterados es difícil tomar decisiones justas. Así, tanto para Batman como para el Joker hubo un detonante, un accidente, que los empujó a su destino, a ser como son. Solo que a el Joker no le incomoda aceptar que ha perdido la cordura.
Y ¿qué hay de malo en perder la cordura de vez en cuando? Eso parece ser también el mensaje que se lee entre líneas en la historia, mientras el comisionado Gordon se aferra «a la ley» y su integridad se pone a prueba. Seguro que el caso del Joker es extremo y criminal, pero su personalidad libre de ataduras y complejos siempre termina por captar nuestra atención pensando que quizá le haga falta un poco de su filosofía a nuestras vidas.
Ayer renté la película animada en Google Play. No me ha parecido espectacular pero si entretenida para pasar un buen rato. Tengo entendido que desde sus inicios se planteó como una caricatura para adultos, así que desde esa óptica me parece que pudieron darle mayor intensidad a la trama. Me hubiera gustado también ver más acción tal y como se respira al inicio. El final suena un tanto ridículo, pero si se analiza desde la perspectiva ya mencionada tiene mucho más sabor y por supuesto varias implicaciones.
Fui a ver Interestelar y como generó en mi varios comentarios decidí que merecía una entrada. De inicio conviene advertir mi fascinación por Christopher Nolan y sus historias. Amo The Dark Knight, no me canso de ver Inception y alguna vez, en esos días que pierdes el tiempo escarbando en Netflix, quedé extasiado de ver The Prestige y solo para descubrir que también tenía la firma de Nolan.
En síntesis la historia es muy simple: la Tierra esta pereciendo, la humanidad se ha convertido en una sociedad dedicada casi exclusivamente a la agricultura, pero hay un plan secreto para intentar mudar a la raza humana a algún planeta de una galaxia lejana, todo esto gracias a un «conveniente» agujero de gusano descubierto cerca de Saturno. En esta misión interestelar participará Cooper (Matthew McConaughey), un ingeniero y ex piloto de la NASA, quien tendrá que asumir el costo de abandonar a sus hijos durante los tantos años que implicará la misión y eso sin contar que el regreso tampoco esta asegurado.
Dicen Memo y Erick, dos amigos con quienes fui a verla, que se siente el sabor a 2001: Odisea del espacio y a Contacto. No están equivocados. Respecto a la primera, Nolan ha dicho que «no puedes pretender que 2001 no existe cuando estas haciendo Interestelar». Respecto a la segunda, la relación es aún más directa y nos lleva a Kip Thorne, el físico teórico que hizo la premisa principal de la película y que colaboró en 1997 con Carl Sagan para Contacto. Él, junto con la productora Lynda Obst, consiguen la atención de Steven Spielberg para dirigir un filme basado en su idea. En el proceso aparece Jonathan Nolan como guionista de Interestelar y luego por asuntos de productoras, Spielberg queda fuera como director. Es ahí cuando Jonathan recomienda a su hermano, Christopher, quien acepta y ellos dos junto con Thorne terminan de bosquejar toda la historia.
La participación de Thorne es fundamental para darle toda la credibilidad posible a esta cinta de ciencia ficción. Estamos hablando de teorías físicas «fumadas», descritas en ecuaciones donde los científicos aún debaten si cada uno de los resultados tiene una traducción en nuestro Universo real. Viajes a través de un agujero de gusano, introducirse a un hoyo negro, deformación del tiempo como afirma la teoría de la relatividad, teseractos, ondas gravitaciones subsistiendo en tiempo y espacio, tecnología para soportar estos viajes interestelares. Aún dentro de la exageración y la especulación, el espectador podrá percibir cierto grado de coherencia, un buen maquillaje que consigue mantener viva la historia y seguro que Thorne tuvo mucho que ver. Thorne trabajó mucho con el equipo de animación proporcionando modelos y fórmulas para muchos de los fenómenos que se ven. Esta es una de las grandes razones por las que vale la pena Interestelar. A mi gusto, algunas escenas no solo son cautivadoras sino reveladoras y visionarias, intelectualmente estimulantes.
La segunda gran razón para ver Interestelar es la reflexión que plantea, en palabras de Carl Sagan, de «la ciencia como una luz en la obscuridad» y de lo que un viaje de este tipo va a representar el día que la humanidad este lista para abordarlo. Por un lado, nos recuerda que el conocimiento científico es un trabajo en equipo y acumulado a través de generaciones. Lo exige así nuestras cortas vidas humanas y es así, a base de «pedacitos», que hemos conseguido lo que tenemos hasta ahora. Nos recuerda que cada uno puede aportar su granito a este conocimiento aunque muy probablemente no seamos nosotros quienes veamos el producto de lo sembrado. Aportar no es tan simple, requiere entre otras cosas que la ciencia se abra camino entre la ignorancia y que las naciones estén dispuestas a hacer lo necesario para que esta florezca. En pocas palabras, no hay que dar por sentado que la ciencia esta ahí y vive por si sola mientras nosotros nos limitamos a consumirla. Por último, nos recuerda que emprender un viaje interestelar no va a ser fácil: grandes distancias y enormes cantidades de tiempo para seres diminutos en tiempo y espacio. ¿Cómo vamos a afrontar esa realidad con semejantes limitaciones? Nuevamente, será un producto de varias generaciones. Muchos no viviremos para verlo.
Sobre esa misma línea, pero en el plano emocional tenemos otra de las grandes razones para ver Interestelar. En la película, Cooper toma la decisión de enrolarse en una misión que tardará años; esto implica abandonar a sus hijos sin saber si los volverá a ver (hay un momento que se me hizo muy lindo, donde se dice algo así como «el propósito de los padres es venir a dejar un recuerdo en la mente de los hijos», aludiendo obviamente a la inevitable muerte). Cooper renuncia a sus intereses personales a favor de un objetivo mayor: salvar la humanidad. Si lo consigue, entonces quizá salve también a sus hijos o las generaciones de ellos. Otros personajes tiene que tomar decisiones similares. Dada la naturaleza del viaje, los efectos de la relatividad, tales como la paradoja de los gemelos, se hacen presentes. Esto significa que Cooper envejece más lentamente que sus hijos que se hayan en la Tierra. En breves ocasiones, algunas señales de la Tierra logran cruzarse y Cooper es testigo de los cambios en sus hijos. ¿Qué impacto tendría en nosotros un momento así? Una buena escena de reflexión.
He dejado para lo último el «debraye» mental, del cuál no hablaré prácticamente nada para no echarles a perder la película a los que aún no la han visto. Uno va a encontrar varios patrones que se repiten con respecto a las películas anteriores del director. No solo se convierten en una firma sino que parecen revelar los intereses e inquietudes personales de Nolan. Pero de entre todas las películas, sin duda con la que yo le encuentro más parecido es con Inception. Una especie de Inception pero ahora en el plano de la física en el cosmos. Y eso es todo lo que diré.
Y por último, si ya la viste y quieres corroborar el párrafo anterior, entonces puedes ir a esta liga. REPITO: solo si ya la viste.
Cuenta Hofstadter que hace algunos años, escombrando su casa, metió la mano es una caja de cartón llena de sobres. Al hacerlo, entre el pulgar y el resto de los dedos sintió una canica que curiosamente «flotaba» en medio de los sobres. Sin hijos en casa y estando la caja en un cuarto que funcionaba como su oficina, las posibilidades de tener una canica ahí eran sumamente imposibles. Extrañado examinó los sobres, la caja, de nuevo los sobres y nada. Fue unos minutos después que entendió lo que sucedía. En cada sobre, justo en el vértice de la «V» que forma su solapa, hay una triple capa de papel junto con una delgada capa de pegamento. Cuando apretaba por el centro el paquete de sobres perfectamente alineados, había ante el tacto algo que transmite la sensación de un objeto duro y perfectamente redondo el cual, con base en su experiencia, Hofstadter asoció de inmediato con una canica. Había sido objeto de una ilusión táctil. De no ser porque Hofstadter pudo en ese momento abrir la caja y examinar los sobres, hubiera estado convencido que de forma increíble y misteriosa se hallaba una canica ahí.
A esa canica inexistente, Hofstadter le apodó cariñosamente «Epi» en alusión a la palabra «epifenómeno»: una ilusión a gran escala creada por una confabulación de sucesos pequeños e indiscutiblemente reales.
En cierta forma, la conciencia, la identidad del ser humano, es como aquella canica, otro epifenómeno. Para Hofstadter en el cerebro humano desarrollado existe un tipo especial de estructura abstracta o patrón (el bucle extraño que dedica a explicar en su libro) que desempeña la misma función que esa precisa alineación de capas de papel y pegamento en los sobres; un patrón abstracto que da origen a lo que sentimos como el «yo». En nuestro cerebro, a una escala muy baja (cuántica, atómica, molecular), se desatan una serie de eventos altamente complejos que vistos a ese nivel pudieran significar poco, pero que a gran escala se traducen a actividades vitales: buscar alimento, buscar cierta gama de temperaturas, buscar pareja, etcétera y también en metas individuales: tocar ciertas piezas de piano, visitar ciertos museos, poseer cierto tipo de coches.
El «yo» por tanto resulta ser también una ilusión, y una muy fuerte, es esa «canica» que todos afirmamos haber sentido y aseveramos que existe. Solo que a diferencia de la caja de cartón, nuestro cerebro no es tan fácil de examinar. La ilusión por lo tanto persiste.
El dilema del teletransportador
Una escena de teletransportación en «Star Trek»
Imaginemos ahora que tenemos la oportunidad de utilizar un teletransportador. Si hemos visto películas como «La Mosca» o «Star Trek» seguramente tenemos una buena idea de lo que hace un aparato de estos. A grandes rasgos, el aparato hace un escáner detallado de nuestro cuerpo y registra los estados exactos de cada una de nuestras células (o moléculas). Esa información viaja a la velocidad de la luz a su destino donde un «replicador» crea a partir de materia nueva, un cerebro y un cuerpo exactamente igual. Un paso fundamental es que al mismo tiempo que el cuerpo original es desvanecido, reintegrando cada uno de sus átomos al ambiente. El «pasajero» pierde la conciencia un instante para recuperarla un tiempo después en otro lugar sin notar cambio alguno.
Supongamos entonces que abordamos uno de estos teletransportadores. En un «instante» (que en realidad pudo haber sido un lapso de tiempo un tanto prologando dependiendo de qué tan rápido sea el teletransportador) despertamos en otro lado un poco aturdidos y desconcertados por el nuevo lugar y el tiempo. Después de unos minutos nos examinamos y vemos que hasta el mínimo detalle de nosotros sigue ahí, quizá ese granito de grasa que justo nos acaba de salir por la mañana o la cortada que nos hicimos al rasurarnos. De igual forma, podemos recordar lo que hicimos por la mañana o cualquier otra anécdota que se encuentra guardada en nuestra memoria.
En uno de esos viajes, algo sale mal y el teletransportador no ejecuta el paso de destruir nuestro «yo» original. Despertamos en el mismo punto y entonces nos enteramos de que hay otro «yo» en otro punto del espacio (la situación, aunque no es la misma, pudiera recordar un tanto a aquella película de «El sexto día«). Las preguntas que entonces surgen son: ¿cuál de los dos sería yo? ¿puedo estar yo simultáneamente en dos lados?
Este ejercicio es interesante porque mientras que en el primer caso solemos aceptar sin reparos que efectivamente nos hemos transportado (teletransporte igual a viaje), en el segundo caso adoptamos el camino fácil contradiciendo justo lo que acabamos de aceptar en el primer caso. Razonamos que si hay dos de nosotros que son prácticamente idénticos, el primero debe ser entonces el original y por tanto el otro no solo resulta ser una copia idéntica sino más bien un clon, una falsificación, un engaño, un impostor de nosotros mismos.
¿Dónde se halla entonces en realidad el viajero en este último experimento? Podríamos, para complicar las cosas, incluir un tercer caso en el que el teletransportador si destruye la copia original, pero genera dos copias de nosotros en dos puntos diferentes del espacio.
El filósofo Derek Parfit, en su libro «Razones y Personas» analiza ampliamente esta discusión. Lo que queremos resaltar nuevamente, es esa resistencia que tenemos a considerar nuestro «yo» como algo totalmente indivisible e indisoluble, algo que Partif le llama «Ego cartesiano». Esto parece ser un fenómeno muy natural y que en cierta forma rige nuestro sentido de supervivencia, pero me temo que también se ve aún más reforzado cuando se piensa en el concepto de «alma» que la gran mayoría de las religiones promueven y no son pocas las que afirman que algo inmaterial, espiritual, pero que sigue siendo nuestro «yo» permanece después de la muerte. Parfit se encarga entonces destrozar ese «Ego cartesiano» y afirma que el concepto de «identidad personal» carece de sentido aunque en nuestro mundo cotidiano hablar en términos de el nos facilita mucho las cosas y nuestro sentido común, nuestro lenguaje y nuestro bagaje cultural esta lleno de ese concepto de identidad.
Aunque el dilema del teletransportador no tiene respuesta definitiva, es bastante acertado concluir que en el segundo caso se tienen dos «yos». Cuando se les pregunta a cada uno de ellos si son el original, ambos responden afirmativamente, ambos dirán sin dudarlo «Este de aquí soy yo». Por tanto, tal como diría Dan Dennett:
El «yo» se asemeja a un billete de banco: se diría que tiene mucho valor, pero en el fondo, es una convención social, una especie de ilusión sobre la que todos estamos tácitamente de acuerdo aunque nunca nos lo hayamos preguntado y en la cual, a pesar de ser ficticia, se basa toda nuestra economía. Pero, en sí, un billete es un simple trozo de papel sin ningún valor intrínseco.
La idea (descabellada) de que podemos estar en dos cerebros a la vez, sin duda genera de inmediato una reacción intuitiva de rechazo. Si la idea de estar en dos lugares a la vez parece no tener sentido, entonces piense en intercambiar espacio por tiempo y ver cómo no tiene reparos en imaginar que usted existirá mañana y pasado mañana. ¿Cómo es que pueden existir dos «usted» diferentes y que los dos reivindiquen su nombre?
No todo es ciencia ficción
¿Cuál de todos soy yo?
Quizá el mayor contrargumento a lo que se ha afirmado podría sencillamente ser que hemos estado hablando de escenarios de ciencia ficción que tienen poco que ver con el mundo real, los seres humanos reales y la vida y la muerte reales. Pero pensemos por un momento en situaciones cotidianas que pueden ayudar a desmitificar ese concepto de «yo» indivisible. Pensemos por ejemplo en las personas con Alzheimer y cómo su concepto de identidad se diluye gradualmente dejándonos claro, como tantas cosas en la vida, que la identidad no es una cuestión de blanco y negro, sino de grises, que son en realidad un conjunto de esos sobres que conforman a «Epi». Se me ocurre también pensar en aquellas personas con problemas de personalidades múltiples y como Hofstadter afirma también, pensemos por un momento cómo las personas con las que convivimos día con día también llegan a «vivir» dentro de nosotros en forma de copias de baja resolución. Hofstadter, por ejemplo, mantiene en su memoria los recuerdos de la infancia de su difunta esposa, recuerdos que no son vivencias propias, pero que a raíz de convivir tantos años con ella, es capaz de evocarlos y representarlos. ¿Podría afirmarse que una parte del «yo» de su esposa continúa aún vivo?
Para quienes han perdido un ser querido en la muerte, esta idea, aunque triste, es a la vez hermosa. Y, en cualquier caso, para la gente de ciencia, es hasta ahora el único consuelo.
«Hannah Arendt«, es una película alemana de Margarethe von Trota que retrata el episodio más sonado y controversial de la vida de Hannah Arendt, filósofa judío-alemana (nacionalizada finalmente estadounidense): la cobertura del proceso de Adolf Eichmann como reportera de la revista The New Yorker y la controversia que generaron sus artículos que posteriormente conducirían a publicar en 1961 uno de sus libros más famosos: Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal. Hay que resaltar que faltaban algunos años para que los experimentos de Milgram (1963) y Zimbardo (1969) explicaran de forma más contundente el concepto de desindividualizacióny que ayudaran finalmente a entender cómo cualquier ser humano ordinario puede caer en un patrón de maldad, ya sea abuso de autoridad, violencia o genocidio. De hecho, fue precisamente los grandes juicios contra los nazis y el temor de repetir un Holocausto lo que impulso en gran medida la investigación sobre dichos temas.
En 1960 se captura a Adolf Eichmann en Argentina y se le lleva a juicio a Jerusalén en 1961. Ese año, Hannah se ofrece a trabajar como reportera de la revista The New Yorker para cubrir el jucio y a los directivos de la revista les parece bien porque Hannah es una exiliada judía que se salvó por poco del horror nazi. De sus observaciones Arendt escribe el artículo para la revista y posteriormente el libro. La visión general en esos tiempos es simplista y se apresura a catalogar a los participantes del Holocausto como monstruos o una especie de malvados per se. Es Arent la que se atreve a desafiar el pensamiento tradicional y se niega a explicar solo en blanco y negro algo tan complejo como la condición humana. De ahí nace del concepto de la «banalidad del mal«, individuos actuando bajo las reglas de un sistema al que pertenecen, preocupados por cumplir las órdenes sin reflexionar sobre sus actos o consecuencias. Para ella, Eichman no es un monstruo, es un ejemplo de esta banalidad. No por ello lo juzga inocente ni lo disculpa. Sin embargo, en medio de ese ambiente enrarecido, las afirmaciones de Hannah de inmediato fueron interpretadas como una posición a favor de Eichmann. Una judía defendiendo el nazismo. De nuevo una visión simplista.
Hay una segunda cosa que le consigue el desprecio a Hannah y su libro. Afirma que el alcance del Holocausto se magnificó por muchos líderes judíos que estuvieron dispuestos a cooperaron con los nazis. En palabras de ella:
Este papel de los dirigentes judíos en la destrucción de su propio pueblo es para los judíos sin duda el capítulo más oscuro en toda su oscura historia.
Tales afirmaciones les dolieron a los judíos y a la comunidad internacional. Incluso perdió algunas amistades de años y en la película vemos el caso de Kurt Blumenfeld, ex secretario de la Organización Sionista Mundial que muere sin concederle el perdón. El «error» de Hannah fue que sencillamente se negó a aceptar la explicación simplista que ofrecía una sociedad aún profundamente dolida por el asesinato de más de 6 millones de judíos. Quería emitir un juicio más imparcial y libre de sentimentalismos. Y el tiempo le dio en gran parte la razón. Sus cuestionamientos llevaron a mirar de otras formas la maldad humana y los efectos del poder, la sumisión y la obediencia. Entenderlo también nos ha servido para prevenir y desalentar la creación de ambientes que conduzcan a esta «banalidad del mal». También le ha dado énfasis a la necesidad individual de auto analizarnos y sobre todo pensar.
Esta necesidad de pensar es quizá el mayor hilo argumental de la película. Aquí aparece otro personaje importante en la vida de Hannah: su profesor Martin Heiddeger, por quien desarrollo una fuerte simpatía y admiración intelectual que terminó cruzando hasta los terrenos sentimentales manteniendo ambos por unos años una relación secreta. «Pensar es en sí mismo un acto solitario«, dice Heiddeger quien representa un gran motor en la vida de Hannah y sin embargo, años despues es él quien acaba afiliándose al Nazismo (decisión de la cual se lamentaría y de la que supuestamente se retractó pero solo en privado). En parte esto conduce a Hannah a distanciarse de el, aunque nunca dejaron de estar en contacto. Podemos ver la película precisamente como un gran lienzo de gente que ejerce su capacidad de pensar y gente que se olvida de hacerlo. Y es esta posiblemente la gran lección.
«Hannah Arendt» es una película de diálogos, de ideas, algunos le llaman de intelectuales. Yo prefiero ahorrarme las etiquetas e invitarlos a darle una oportunidad. Estoy seguro que encontrarán una buena enseñanza escondida detrás de esta obra de calidad.
Ayer fui a ver Heli, la polémica película que le dio a Amat Escalante el premio al mejor director en el festival de Cannes de este año. Me pareció un gran trabajo aunque me hizo salir triste y un tanto cabizbajo. No es solo una película sobre la narcoviolencia, más bien la definiría como un lienzo de nuestro país retratando perfectamente muchas cosas, en su mayoría malas y decepcionantes, de lo que es ahora es.
La historia es simple y bien contada, suficiente para mantenerte atrapado pese a esas largas tomas de escenas llenas de silencio que abundan en el «cine de arte». Advierto que lo que viene a continuación es un spoiler así que puede saltar el siguiente párrafo si no le gusta que les cuente las películas de principio a fin.
Heli (Armando Espitia) es un joven, quizá apenas mayor de 18 años, casado y con un bebé. Vive en Guanajuato con su mujer – una joven que se trajo de Durango – su papá y su hermana Estela (Andrea Vergara) en una mal lograda casa de 2 habitaciones que encontraríamos en cualquier parte que visitemos del país. Su hermana, de unos 12 años y estudiante de secundaria mantiene un noviazgo con Beto (Juan Eduardo Palacios), un joven cadete que pese a que le lleva algunos años apenas se nota que ha abandonado la cara de niño. Es este joven quien traerá la catástrofe a la familia al hallar y hurtar 2 paquetes de cocaína y convencer a Estela de ocultarlos en el tinaco de su casa prometiéndole que los venderá y con el dinero podrán casarse y huir para hacer vida en Zacatecas. Heli pronto descubre los paquetes, los abre y sin demora se dirige al campo para vertir el contenido en una zanja llena de agua. Luego regaña a su hermana, pero el daño mayor ya esta hecho, pronto los dueños de los paquetes capturan a Beto, asaltan la casa de Heli y Estela disfrazados de militares, asesinan al padre de ellos y se llevan a Beto, Heli y Estela al lugar donde Heli se ha deshecho de la droga. Al ver que esta se ha perdido irremediablemente, los narcotraficantes entregan a Beto y Heli a unos torturadores y se lleva a Estela a un lugar desconocido. Beto y Heli son colgados y golpeados en el interior de una casa común y corriente donde hay niños jugando videojuegos y la señora prepara tranquilamente la comida en la cocina que esta al lado sin inmutarse. A Beto, que es el principal responsable, le queman los genitales con gasolina y fuego. Luego en la madrugada ambos son transportados a otro punto de la ciudad donde a Beto terminan por quitarle la vida al colgarlo de un puente peatonal mientras que a Heli lo dejan tirado a un lado. Heli, como puede, regresa a casa con su mujer quien para ese entonces ya esta acompada de la policía y dos detectives. Con la pasividad, corrupción y burocracia que caracteriza nuestro sistema se inicia la búsqueda de Estela, una que desde el inicio se respira a fracaso. Al final Estela regresa sorpresivamente con un trauma perceptible y embarazada. Gracias a uno de sus dibujos, Heli logra dar con la casa donde Estela permaneció encerrada y ahí asesina a uno de los captores. Al final todo parece haber regresado a la normalidad: de nuevo Estela, de nuevo el bebé, de nuevo Heli y su mujer todos habitando la misma casa, pero ninguno es en realidad lo mismo.
(Fin del spoiler)
Las escenas, aún incluso la de los genitales quemados que hizo abandonar la sala a algunos espectadores en Cannes, la verdad son muy leves comparadas a otras películas, llámese Hostal o Zero Dark Thirty (o incluso A Serbian Film que si es muy grotesca). Nada que no hayamos visto u oído en estos últimos años en México y eso es lo que le da el toque aterrador y espantoso: saber que es real y que esa realidad esta ahora a la vuelta de la esquina y tenemos que convivir (¿sobrevivir?) con ella.
Pero como dije, no solo se trata solo del miedo e impotencia ante la narcoviolencia que, si bien siempre ha existido, se ha dejado sentir mayormente los últimos años. «Heli» es un retrato muy bueno de la triste realidad que se ha venido fraguando en nuestro pais hasta ahora. Para empezar tenemos una ausencia de justicia que nos ha llevado a desconfiar de las autoridades y a brincarlas, a involucrarnos fácilmente en la violencia y en la justicia por mano propia. Es simple pasar de víctimas a agresores y viceversa. Cuando Heli descubre la droga no considera como opción acudir a las autoridades, decide actuar por su cuenta. Cuando los detectives investigan el caso, insisten en que se culpe al padre de Heli para poder «iniciar» las averiguaciones y buscar a Estela. Su incompetencia es evidente y los rebasa. Al final Heli se convierte en otro incrédulo resentido que busca justicia propia y haya cierto desahogo a sus frustaciones mientras somete a su mujer en la cama.
Por otro lado tenemos la inequidad, esa que sigue haciéndonos un país de gente o muy rica o muy pobre. Vemos a Heli y su padre trabajar en una planta automotriz en lo que, considerando la región, podría considerarse un buen trabajo, uno «bien pagado». Aún así, el sueldo de los dos apenas alcanza para mantener en la miseria a una familia relativamente mediana. Vemos gente muy joven abandonando la escuela y entrando al mundo «laboral» que no augura nada. Vemos a Beto en la milicia, un lugar que en muchos casos se considera la mejor opción para asegurar educación y sustento a los hijos (conozco a varios vecinos y amistades en mi colonia así) aunque la factura llegue después. En su anhelo por una mejor condición de vida, Beto se envuelve con las drogas y su intento resulta un fracaso mortal.
El otro punto , a mi gusto el más preocupante, tiene que ver con la educación, o mejor dicho, con la ausencia de ella. La ignorancia se respira a cada minuto de la película en los personajes. Al inicio, una chica del INEGI llega a la casa de Heli para hacer el censo, el diálogo, como dirían algunos en sus ácidos comentarios, «parece de niños de primaria» o suena «chafa». Me pregunto si los que dijeron eso han ido a «provincia» y convivido con la gente. Tienen razón, todos son «dialogos de primaria» y es porque exactamente ese es el nivel de educación de nuestra gente. No es raro toparte con personas sumamente tímidas y retraídas que con solo al mirarlas a los ojos se sienten intimidadas. Articulan unas pocas palabras, ya ni siquiera pensar en que sean capaces de analizar y argumentar porque pocas veces lo han hecho en su vida. Aún hay lugares donde predomina la idea de que la educación escolarizada no se necesita. ¿Para qué si ni hay trabajo? dicen con cierto acierto algunos. Excepto que la educación no solo sirve para eso. Ante los detectives levantando su denuncia, Heli siente que algo no va bien pero no es capaz de hacer algo, nos pasa seguido ante las autoridades, no sabemos ni nuestros derechos ni cómo proceder. Pero con saber sumar y restar para algunos es suficiente y las mujeres ni se diga, aún oímos comentarios de que solo deben preocuparse por saber cocinar y cambiar pañales. Como la familia de Heli, la escuela es un mero requisito y la gente se «instruye» viendo la televisión (cuya programación es por cierto terrible). Insisto, la educación y enseñar a la genta a pensar es fundamental y prioritario. Alguna vez alguien me criticó diciendo, eso solo traerá delincuentes y narcos más inteligentes. No importa, prefiero mil veces eso a lo que veo ahorita y lo prefiero porque sé que no sucederá así tan malo como lo pintan. Quizá por eso insisto en compartir conocimiento, libros, tiempo con tal de que la gente de mi alrededor aprenda. Tengo fe en que eso es parte fundamental para lograr un cambio.
El otro gran tema son los jóvenes y su desalentador futuro. La película gira entorno a ellos. Para muchos el sueño no va más allá que el de casarse y formar una familia. Tener un trabajo ya es pedir demasiado. Para colmo, aún esos raquíticos sueños se rompen. Heli lleva una vida «normal», sencilla pero funcional, quizá hasta podríamos decir feliz. Pero su mundo demuestra ser demasiado frágil. De la noche a la mañana un evento mínimo, un pequeño error, les cambia la vida drásticamente y no pueden hacer nada para minimizar sus efectos. Una sombra negra se cierne sobre ellos dejando cicatrices físicas y emocionales. No son los únicos, a su alrededor percibimos lo mismo. Entre los hijos de los torturadores se esta gestando una nueva camada de asesinos y drogadictos que, cuales cuervos, quizá un día les saquen los ojos a sus padres de la forma más literal que gusten. El mismo hijo de Heli, un pequeño de meses, ya es víctima de la frustación y violencia de su padre. Estela termina en la necesidad de un tratamiento médico y psicológico que no puede costear y con un embarazo no deseado (la enfermera le advierte que no puede abortar porque las leyes del estado lo prohiben). Jóvenes con sueños rotos, obligados a madurar antes de tiempo. Algo se ha fracturado en todos ellos y no volverá a ser igual. Y son ellos una metáfora de toda una generación de mexicanos.
¿Para qué ir a ver al cine algo que vemos todos los días en las noticias? Violencia innecesaria dirá mucha gente. Yo les respondo que tienen razón y que a nadie se obliga a ver algo que no quiere. Nunca olvidaré las palabras que dijo cierta persona: «Si las terribles noticias les causan demasiada ansiedad, no las vean. Si, es negarse a la realidad, pero a veces es la única salida cuando uno esta demasiado vulnerable». Así que véala bajo su propio riesgo. Lo que si creo es que Amat no intenta vendernos la violencia sin sentido y alimentadora del morbo que se ve en otras películas, de haberlo querido así el filme tenía oportunidad de incluir escenas mucho más crueles y no lo hizo. Al contrario, me parece que cuenta una buena historia haciendo de esta una película comparable a lo que fue en su momento Canoa o Rojo Amanecer que por cierto, tampoco estuvieron exentas de escándalo. Al mirarla hay que hallar un punto de equilibrio porque ni podemos cegarnos a una realidad incuestionable ni tampoco podemos englobar a nuestro país lo que se muestra en un filme.
Asi que al final espero, para quienes decidan verla, que genere un momento de reflexión y pese a las tristezas que les pueda dejar también les impulse a generar ideas de lo que cada uno puede hacer para poner un granito de arena en un intento por cambiar esta realidad en nuestro país.
Ayer fui a ver la más reciente entrega de la saga Star Trek: Into Darkness (En la Obscuridad, aquí en México) pues desde que circularon los primeros trailers yo estaba bastante entusiasmado. No soy fan ni pertenezco a la generación que se gestó con la historia original. Recuerdo que la primera entrega en 2009, que sirvió para revivir la franquicia, no era la gran historia pero funcionó, se sentía fresca y divertida, los personajes interpretados por nuevos actores encajaron bien y bastaron para atraer una nueva generación. De más esta decir que el filme resultó un éxito.
«La Tierra Caerá» (Earth Will Fall) se leía como slogan en los posters de esta nueva entrega. El último trailer apostaba a mucho más, lleno de acción concluía con una nave hundiéndose en el mar y luego una destrucción de futuristas edificios en lo que no podía ser otra cosa mas que el planeta Tierra valiendo queso.
¡Oh decepción! Nada más alejado de la verdad. En realidad se supone que la Tierra está en peligro debido a que esta vez se enfrentan a un poderosísimo superhumano que potencialmente con la ayuda de sus compañeros podría volverse invencible. Y eso es todo (para no caer en spoilers). Lo demás sucede en las naves y otros planetas mientras la Tierra se mantiene relativamente salva.
Lo dije ayer saliendo del cine, se trata de otro desperdicio de sorprendentes efectos especiales al estilo Transformers. No dudé en conseguir mi entrada para IMAX 3D. La película arranca sorprendentemente bien. Kirk y su acompañante huyendo en un planeta lleno de vegetación roja mientras unos nativos intentan alcanzarlos. El 3D juega bien su papel, los perseguidos brinca del acantilado para clavarse en las aguas donde se oculta el legendario Enterprise. Después sabremos que lo que pasa en esa isla es realmente irrelevante para la historia (ese si fue spoiler). Lo que sigue es la trama principal de la película: aparece el villano atacando la Flota Estelar de la Federación, la Enterprise y su tripulación son seleccionados para capturarlo ignorando su verdadera identidad.
La mayoría de los efectos siguen siendo buenos, quizá por ellos diría que se desquita el precio del boleto. Lo demás es desechable. La historia apenas y parece tener un climax, pero todo se reduce a una persecución muy simplona ante un villano que nunca llega a inspirar temor y nunca se ve ni la cuarta parte de la peligrosidad que supuestamente supone, por no decir que la captura es bastante ridícula. Tampoco es cómica como lo era en algunos momentos la primera. Su intento por reutilizar los mismos cliches de la franquicia original le resultan un obstáculo.
Las actuaciones tampoco sorprenden y eso que tampoco estamos ante una obra de arte. Repleta de diálogos cursis sobre el deber y la amistad del tipo «te salve aunque iba contra las reglas porque eres mi amiguis». Y ya que estoy comparándola con Transformers, tendría que añadir que al menos esa saga tuvo a Megan Fox en sus poses provocativas y sus despampanantes curvas que a varios robaron un suspiro. Aquí en cambio tenemos a Zoë Saldaña que no termina de gustarme y a la nueva adquisición, Alice Eve, que por escasos segundos deja ver su curvilineo cuerpo el cual se viene abajo con esa horrible quijada cachetuda y las tremendas patas de gallo que a sus 31 años carga y el maquillaje no logró ocultar. Por no añadir que su papel es en si irrelevante. Del personal masculino, Chris Pine, quizá por las escenas o por guardar el toque realista, sorprende con una cara muy maltratada. Zachary Quinto sale mejor librado y el resto, incluyendo a Anton Yelchin apenas y se notan.
Lástima, no soy muy estricto con estas historias pero si esperaba un mejor esfuerzo y no lo vi. ¿Recomiendo verla? Pues solo por los efectos especiales, pero al final no es la primera vez que sabemos que eso no hace una buena película. Aún así me sorprende que sus calificaciones esten altas en IMDB y Rotten Tomatoes. Quizá esa también sea otra razón para que el lector asista y forme su propia opinión.