En la cultura japonesa existen tres monos que encarna un proverbio: Mizaru, que se tapa los ojos; Kikazaru, que se tapa los oídos; e Iwazaru, que se tapa la boca. El proverbio es este: «no ver, no oír, no hablar».
Tradicionalmente se interpreta como no ver, no oír ni hablar el mal. Esto es, cuidar nuestros pensamientos y acciones. Aunque algunos interpretan en otro sentido: hacerse de la vista gorda, fingir que no se ve o no se sabe algo por conveniencia o para evitarse problemas.
Speak no evil
Evocando aquel proverbio, la película danesa Speak no evil (2022) nos introduce a una situación que se va tornando cada vez más incómoda y con un final desconcertante.
Una familia danesa (Bjørn y Louise) hace amistad con una familia holandesa (Patrick y Karin) en unas vacaciones. Poco después, Bjørn y Louise reciben una invitación de la pareja holandesa para visitar su casa de campo en los Países Bajos. Lo que se suponía que sería un fin de semana ideal comienza a desmoronarse lentamente mientras los daneses intentan ser educados frente a lo desagradable que la familia holandesa se va comportando.
Como toda película de terror, la historia abunda en esos momentos que te hacen decir: «nadie en la vida real actuaría así». Te parecerá estúpido porque la pareja de invitados continúa soportando o, incluso porqué después de irse, deciden dar una segunda oportunidad. Y el final puede parecer absurdo, no solo porque los malvados se salen con la suya, sino porque también porque parece absurdo.
«¿Por qué nos hacen esto?» — dice Bjørn cerca del final. «Porque tú me lo permitiste»— le responde Patrick. Y es aquí donde te das cuenta que lo absurdo de la película «it’s not a bug, it’s a feature». El malestar, la incomodidad, es identificación, reconocemos en la historia algo de nosotros mismos.
Nuestro miedo al conflicto
La premisa de Speak No Evil es tan incómoda porque toca una fibra muy real: muchas personas prefieren ponerse en peligro antes que incomodar a alguien. ¿Te ha pasado, en tu familia, amistades, trabajo u otra relación? Estoy seguro que sí.
La película exagera esa situación hasta lo grotesco, y de ahí la fuerza del mensaje. Es una hipérbole moral: lleva la cortesía contemporánea hasta su consecuencia más monstruosa.
Creo que como mexicanos evitar el conflicto esta muy impregnado en la cultura. Lo vemos como parte de nuestros buenos modales. La misma palabra «conflicto» nos evoca violencia, más que diferencia. Vemos ejemplos todos los días: los que no quieren «hacer una escena», los que callan por no parecer rebeldes, lo que ceden a todo para no hacer sentir mal a alguien, los que evitan las conversaciones incómodas, los que se resisten a poner límites.
En Speak No Evil, nos vemos retratados en estos invitados que continúan aceptando situaciones cada vez más inquietantes porque constantemente racionalizan lo que sienten: «quizá estemos exagerando», «quizá nosotros somos el problema», «quizá sería descortés». Cuando se dan cuenta de su error, ya es demasiado tarde.
La respuesta de Patrick a Bjørn lo condensa todo: porque TÚ lo permites. Esa es la lección. La cortesía se puede convertir en cobardía, o en permisividad, en una oportunidad para que los demás abusen de nosotros. más vale saber decir “no”, incomodar, confrontar e irnos a tiempo.
Abrir las puertas al sano conflicto es también señal de madurez. No tengas miedo de decir “esto me incomoda”, “esto no está bien”, “no quiero seguir aquí”, “no estoy de acuerdo”.
He visto «Camina o muere», la adaptación de La larga marcha (The Long Walk) de Stephen King, su novela de 1979.
La trama es simple. En un distópico Estados Unidos se celebra anualmente la marcha de la muerte, donde los jóvenes se ofrecen voluntariamente para participar en una selección al azar donde se elige a un participante de cada estado para sumar 50 competidores. Cada chico debe mantener un ritmo de 3 millas por hora. De no hacerlo, después de tres advertencias, es aniquilado. La marcha solo termina hasta que queda el último competidor. Este último se convierte en ganador y recibe como premio grandes riquezas y el cumplimiento de cualquier deseo de su elección.
Aunque no es tan extensa (106 minutos), la película me pareció algo aburrida porque casi todo el tiempo vemos esta marcha y cómo se van dando las ejecuciones, tal como se muestra en el trailer. Es solo al final, cuando se van terminando los personajes con los que más empatizamos, que las muertes se tornan emotivas, aunque tampoco sentí una gran conexión.
Por otro lado, las metáforas que plantea esta historia de hace casi 50 años se mantienen vigentes. Se trate del capitalismo, la meritocracia o la vida misma, todos vamos en la marcha de la muerte, inspirados por la narrativa que nos han contado: «nacer, crecer, reproducirse y morir», «superarse», «ser alguien el la vida», «ser el número uno». El premio final es una ilusión, al final todos morimos.
La marcha de la muerte es también una crítica a la deshumanización que vemos hoy en día, de la barbarie como espectáculo. El Estado monta el espectáculo para entretener con violencia a las masas. Por si fuera poco, la película también es una crítica de cómo las sociedades sacrifican a los jóvenes en guerras, industrias, consumismo; y cuando algunos logran abrir los ojos, su vitalidad se ha ido.
¿Podemos escapar de las prisiones que como humanidad nos hemos autoimpuesto?
«But even an ordinary secretary or a housewife or a teenager can, within their own small ways, turn on a small light in a dark room».
Miep Gies
Erin Gruwell se integra como profesora de inglés en la Woodrow Wilson High School, en Long Beach, California. Corre el año de 1994 y los disturbios de Los Ángeles, ocurridos dos años antes, mantienen al vecindario en constante tensión racial. Su grupo es una mezcla de estudiantes latinos, negros, asiáticos y otros, en continua rivalidad.
Erin se gana la confianza de los estudiantes porque tiene fe en ellos y, a diferencia del resto de los profesores, no los considera un fracaso. Les devuelve su dignidad. Les compra y regala libros, y también cuadernos a cada uno para que los usen como diario. Para cubrir estos gastos, Erin acepta dos trabajos de medio tiempo, además de su labor en la escuela. La situación pone en crisis su matrimonio.
Con los estudiantes, explora el tema de la tolerancia. Los introduce al tema del Holocausto —desconocido hasta ese momento para algunos— y les hace leer el diario de Ana Frank. Los alumnos logran recaudar fondos para que Erin invite a Miep Gies, una holandesa que ayudó a ocultar a Ana Frank.
Los sucesos inspiran a Eva, una estudiante latina, a decir la verdad sobre un homicidio cometido por su novio, por el cual se ha culpado a otro chico.
Erin les pide a sus alumnos que recopilen las entradas de sus diarios en un libro. Deciden titularlo Los Escritores de la Libertad, en homenaje a Los Jinetes de la Libertad, los activistas por los derechos civiles de 1961.
Erin Gruwell es una persona real, al igual que sus estudiantes, en quienes se basa la película. Muchos de ellos lograron asistir a la universidad y graduarse, convirtiéndose, en su gran mayoría, en los primeros de sus familias en conseguirlo.
Lloré mucho con esta película. Me sentí como ver de nuevo «Despertares» (Okuribito, 2008) y miren que la trama es de lo más simple. Una abuela a quien le detectan un cáncer terminal y un nieto desempleado que solo ve en esta tragedia una oportunidad económica: obtener la herencia.
Sí, como habría de esperar, la historia arranca así y sabemos hacia dónde va a evolucionar pero, no es el qué sino el cómo, y la película lo hace magistralmente, con una naturalidad a la que resulta imposible resistirte. El papel que hacen el nieto (Putthipong Assaratanakul) y la abuela (Usha Seamkhum) son tan reales que, pareciera uno penetrar la intimidad de la familia.
Por supuesto, un tema central es la injusta soledad que vive la gente mayor, que frecuentemente hace sacrificios toda su vida a favor de sus hijos y nietos. En cierto momento, la abuela y uno de sus hijos acompañado de su familia acuden a un templo, dentro de la cultura tailandesa, y dejan escrito en notas sus deseos. Todos olvidan a la abuela enferma de cáncer, pero ella no solo pide por su salud, sino por todos los demás.
El final puede parecer predecible, pero contiene algunos giros que sencillamente pueden partirte el corazón como lo ha hecho conmigo. Se agradece que esta globalización o internacionalización de los medios nos pueda dar acceso a filmes no tan comerciales del otro lado del mundo, que nos permitan a la misma vez sentirnos tan diferentes y tan parecidos, tan conectados por los mismos sentimientos que nos hacen ser humanos.
Ayer fui a ver Flow, pero como iba recién comido, batallé mucho con el sueño. Especialmente porque es una película que requiere un poco de paciencia.
Visualmente sorprende, más considerando lo poco que costó comparado a otras películas. Creo que este es su mayor logro. Por otro lado, respecto a la trama, iniciamos sin mucho contexto, vemos lo que parece ser un planeta Tierra donde todos los humanos han muerto. Luego y sin más explicaciones, el mundo sufre una especie de inundación global y seguimos la vida de un gato que sobrevive trepado en una barca a lado de otros animales: un capibara, un lemúr, un labrador y una ave secretario. La antropomorfización es mínima, los animales son representados como tales, sin diálogos y conservando sus características que los definen: el gato es independiente y huraño, el lémur es posesivo y recolector, el labrador es sociable y juguetón, entre otros. Es interesante entonces cómo puede con esta premisa contarse una historia de un viaje.
Cada animalito y sus carácterísticas se convierten en una metáfora. Todos los seres humanos estamos en un viaje de vida, durante el recorrido subimos a nuestro barco varios a varias personas. Algunas suman y otras restan, y es sano a veces prescindir de algunas de ellas. Cada uno posee una personalidad y no se puede cambiar mucho, entonces tenemos que aprender a convivir, tolerar y sobrellevarnos. Durante el viaje, así como en los animalitos hay un crecimiento, uno también aprende de las experiencias. Al final, la lección que también parece transmitirnos es la de aquel proverbio africano que dice que «si quieres llegar lejos, viaja acompañado».
Es una lástima que no haya logrado conectar tan bien con la historia. Muchos la consideran profunda, reveladora y que ha tocado fibras sensibles. Posiblemente tengan razón. Yo insisto en que no es para todos.
Ha llegado a su final la serie de El Pingüino en Max y, si bien no ha sido perfecto, hace las cosas muy bien. Advertidos están de que vienen muchos spoilers.
Sofía Gigante
La gran enemiga del Pingüino es ésta mujer que encarna la actriz Cristin Milioti y que ha dejado a todos sorprendidos. La evolución del personaje de Sofía Grande hasta llegar a ser villana es genial. Por eso resultaba difícil imaginar perderla.
Afortunadamente, no ha sido así. En términos un tanto misteriosos, el Pingüino decide ponerla en manos de las autoridades para sufrir (quizá) un castigo peor que la muerte: el cautiverio qué tanto odia. Eso no es todo, al final la vemos recibiendo una carta de su media hermana Selina Kyle y sería un gusto verlas juntas haciéndole pasar momentos complicados a Batman.
El final de Victor Aguilar
Gran parte de la trama de la serie se dedica a mostrar la construcción de la relación de amistad y complicidad entre el Pingüino y Víctor, este chico que quedó huérfano cuando se inundó una parte marginada de Ciudad Gótica. En este último episodio, el Pingüino y él hablan y Víctor le confiesa que lo ve como un padre, que han llegado a ser como una familia. El Pingüino parece mostrar afecto por Víctor, pero la experiencia le ha demostrado que los lazos familiares lo hacen débil. Así que, en un acto indignante y que nos impacta, decide ponerle fin a la vida de Víctor y además robarle.
Ésta escena es sumamente reveladora. Nos indica la naturaleza malévola del personaje, quién no dudó años atrás en matar a sus hermanos y ahora tampoco le remuerde asesinar a Víctor. Tenemos un villano innato, que no permite redención, si es que en algún momento nos sentimos tentados a justificarlo. Hay maldad pura en él.
Un gran villano
Con todo esto, el Pingüino se consolida como un gran villano para las próximas entregas de Batman. Han creado un personaje lo suficientemente complejo para captar mi atención. Se debe agradecer que Colin Farrell, el actor que lo encarna, ha hecho una gran interpretación. De entrada, resulta irreconocible físicamente, y la actuación también resulta espectacular.
Los escritores nos entregan a un personaje complejo y turbio. No tiene moral, ni escrúpulos. Solo una cosa puede doblegarlo: su madre.
En los momentos finales, vemos como cumple las promesas que le ha hecho a su madre. Se apodera de Ciudad Gótica y la ubica en un penthouse donde puede contemplar toda la ciudad, aunque la madre ahora es un vegetal.
Por último, lo vemos en el centro nocturno que frecuentaba su madre y él de pequeño, ahora parece ser que él lo dirige. Ahí encontramos a Eve, su pareja sentimental, usando uno de los vestidos de noche qué usaba la madre del Pingüino mientras ambos bailan. ¿Qué clase de fijación o trauma tiene con su madre? Luego entonces la escena se abre y fuera del edificio, a la distancia, la bati-señal resplandece en los cielos.
En conclusión, si bien no ha sido un final memorable, nos deja con un buen sabor de boca.
Es momento de incluir a Denis Villeneuve en mi lista de directores favoritos. Dune: parte dos me hizo ver que soy fan de varios de sus filmes y a continuación hago una breve reseña de ellos. Por supuesto, hay spoilers.
Collage inspirado en la obra de Villeneuve (Image Bing Creator)
La mujer que cantaba (Incendios) – (2010)
Inspirada en la obra teatral Incendios, de Wajdi Mouawad, quien me conoce, sabe que AMO esta obra. Tanto que no solo escribí una, sino dos entradas. Villeneuve adaptó la obra para su película y acabó nominada a Mejor Película Extrajera dándolo a conocer al mundo. En mi caso, primero vi la película y cuando la obra llegó a México la terminé viendo tres veces y lloré mucho.
Incendios esta en mi lista de películas favoritas. «Hay verdades que no pueden ser reveladas si no son descubiertas» dice la protagonista, Nawal Marwan, una inmigrante libanesa cuya petición al morir es que sus gemelos mellizos entreguen dos cartas: una a su padre y otra a su hermano que hasta ese momento no sabían de su existencia. «¿Puede ser uno más uno igual a uno?» Los mellizos descubrirán que sí, porque las dos cartas en realidad son para la misma persona, quien es su hermano y su padre a la vez. Este oscuro secreto será revelado a medida que conocemos la historia de Nawal Marwan y la promesa de siempre amar a su hijo. Una historia sobre la importancia del perdón y detener el odio criminal que se extiende sin sentido por generaciones cobrando miles de vidas. ¡Tan necesario para nuestros días!
Prisioneros – (2013)
Prisioneros comienza a definir mucho el estilo de Villeneuve: le gustan las historias bien contadas, aunque implique un desarrollo lento y exija al espectador paciencia. La historia aquí es un guion de Aaron Guzikowski.
El argumento es simple: la búsqueda de dos niñas secuestradas que se prolonga infinitamente hasta el punto de perder la esperanza. Nada ajeno a nuestra realidad, donde hemos visto amigos y conocidos desaparecer y jamás volver a saber de ellos. En ese sentido, Prisioneros se siente como a Zodiac (2007) de David Fincher: en la vida real, resolver un delito puede ser cosa de años, estar sujeto a equivocaciones y dejar al final dudas abiertas. Pero si le tienes paciencia, Prisioneros te deja muy safisfecho.
Enemigos Idénticos (Enemy) – (2013)
La película se inspira en El hombre duplicado de José Saramago. La idea es simple pero inquietante: un hombre que se encuentra con su «doppelganger», un doble idéntico, haciendo su vida en otra parte. Se aborda el sentido de la identidad, de cómo nos percibimos únicos y cómo puede alterarnos el descubrir que no lo somos. Quizá por su lentitud y profundidad, la película no encontró suficiente audiencia.
En mi caso, así pasó. Cuando me enteré de su existencia, ya había salido de cartelera y aún hasta la fecha es difícil encontrarla. Sigue en mi lista de espera.
Sicario – (2015)
Sicario es una película muy bien calificada de Villeneuve. Esta basada en un guion de Taylor Sheridan. Cuando salió, estabamos tan llenos de narcoseries que honestamente no quise verla. La vi hace unos meses. En esta, una agente del FBI es reclutada por un oficial y un misterioso personaje para que les ayude a llevar una serie de operativos «dudosos» en la frontera con México. Como podemos imaginar, no todo es lo que parece.
Admito que no me gusta mucho. Pero la aprovecho para destacar otros aspectos del cine de Villeneuve. No le gustan las soluciones fáciles y es fan de los plot twist. Le gustan los finales abiertos, con interrogantes que el expectador debe llevarse de tarea. Vemos también la constante presencia de figuras femeninas, a veces como protagónico, pero siempre con personalidades fuertes, que no pasan desapercibidas.
La llegada (Arrival) – (2016)
La Llegada es un excelente trabajo de ciencia ficción inspirado en la novela corta «La historia de tu vida» del super nerd Ted Chiang. Chiang especula, con mucho rigor, sobre lo que casi nunca vemos en las películas de extraterrestres: las barreras del idioma. ¿Cómo podríamos en realidad comunicarnos con otra especie? Pese a ello, hay otro tema en la película que resulta aún más profundo: el determinismo vs el libre albedrío.
Cuando la protagonista logra entender el idioma de los visitantes, descubre que «no hay tiempos», sino que para ellos el pasado, el presente y el futuro son solo parte de un mismo mapa. Conforme domina el idioma, ella consigue tener visiones de su futuro (aunque al principio creemos que en realidad son el pasado de la protagonista): ella se enamorará de su compañero de misión, se casará y tendrá una hermosa hija que morirá de una enfermedad incurable. Luego su esposo la abandonará. Pese a ello, al final vemos que ella elige vivir ese futuro.
Con elementos y presupuesto mínimos para este género, Villeneuve consiguió un exitazo. Si bien no es de mis favoritas, debo reconocer que la historia es tremendamente inteligente y profunda.
Blade Runner 2049 – (2017)
A Villeneuve le tocó dirigir el proyecto que le tocaría a Ridley Scott: la continuación de la icónica Blade Runner de 1982, inspirada en la novela de «¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?» de uno de mis grandes genios, Philip K. Dick. Lo admito, mis expectativas era altísimas, pero también hay que aceptar que no fue lo mejor que pudo hacer Villeneuve. Después de sus casi tres horas, salí decepcionado. Yo esperaba algo más de acción y me topé con una historia que me pareció exageradamente ridícula. Un tiempo después, cuando llegó a las plataformas de streaming, decidí darle una segunda oportunidad y, comprobé que sí es lenta y aburrida, pero no tan tonta, en realidad tiene buena profundida filosófica.
La primera entrega de Blade Runner imagina un futuro donde el avance tecnológico nos lleva prácticamente a difuminar la línea de distinción entre un humano y un androide. ¿En qué momento, si es que existe la posibilidad, deberíamos de admitirlos a dichos androides como humanos? ¿Qué nos hace realmente humanos?
Siguiendo con esa linea, la segunda entrega da un paso más. Plantea la situación de androides que ¡han sido capaces de procrear descendencia! A mi me sonó absurdo la primera vez. Sin embargo, si vienes de una historia donde un androide se vuelve indistinguible de un ser humano, ¿qué te impide dar ese siguiente paso? La realidad es que una vez que resuelves ciertas cuestiones, la idea ya no es tan extraña y sí da mucho qué pensar. En esta segunda parte, el protagonista llega a creer que quizá él sea el hijo del androide en cuestión. Al final no resulta así, pero sí da varios temas para pensar sobre la conciencia y las memorias, aquellas cosas que nos hacen sentir tan seguros de nuestra identidad y realidad pero, ¿lo siguen siendo cuando se logra jugar con ellas?.
Dune: parte uno – (2021).
Dune esta basada en la novela del mismo nombre de Frank Herbert. Retrasada por la pandemia y obligada salir simultáneamente en cine y en plataformas de streaming, su estreno resultó algo atropellado. Es un producto de buena calidad pero algo aburrido. El problema fue que Villeneuve se enfocó en construir todo el andamiaje que soportaría toda la gran historia que vendría después. Se arriesgó y afortudamente logró que hubiese una segunda parte. Luego que ves la parte dos, valoras mucho la primera parte; sin embargo, creo que Villeneuve debió hacer algo para no perder tanta audiencia con la primera entrega.
Dune: parte dos – (2024).
Audiovisualmente la película me ha cautivado en todos los sentidos, se han cuidado muchos detalles. Me recuerda que, como Nolan, mi otro director favorito, a Villenueve le gusta alejarse siempre que sea posible del CGI y quebrarse la cabeza con soluciones ingeniosas. La diferencia es notoria y se disfruta de principio a fin.
Pese a los ligeros cambios de la novela original, creo que Frank Herbert se sentiría orgulloso de que se cuente la historia correcta: la construcción de un falso mesías. Aquí vemos la transición de un incrédulo Paul Atreides que niega aceptarse como «el elegido» a un personaje más oscuro que no le queda otra mas que admitir «su destino». Los intereses del imperio concluyen que lo que mejor le viene al planeta Duna es una guerra santa. «Subestimas el poder de la fe», le dice la princesa Irulan al emperador. Y a través de esta historia lo mismo veremos retratado a los dictadores carismáticos, a los líderes religiosos o el fundamentalismo islámico.
En conclusión, Villeneuve va por muy buen camino. Ya tiene aprobada la continuidad de Dune para una tercera entrega y esperemos que se tome el suficiente tiempo para hacer algo espectacular. Por el momento, ya ocupa un lugar en mi lista de directores favoritos.