Flow (2024)

Ayer fui a ver Flow, pero como iba recién comido, batallé mucho con el sueño. Especialmente porque es una película que requiere un poco de paciencia.

Visualmente sorprende, más considerando lo poco que costó comparado a otras películas. Creo que este es su mayor logro. Por otro lado, respecto a la trama, iniciamos sin mucho contexto, vemos lo que parece ser un planeta Tierra donde todos los humanos han muerto. Luego y sin más explicaciones, el mundo sufre una especie de inundación global y seguimos la vida de un gato que sobrevive trepado en una barca a lado de otros animales: un capibara, un lemúr, un labrador y una ave secretario. La antropomorfización es mínima, los animales son representados como tales, sin diálogos y conservando sus características que los definen: el gato es independiente y huraño, el lémur es posesivo y recolector, el labrador es sociable y juguetón, entre otros. Es interesante entonces cómo puede con esta premisa contarse una historia de un viaje.

Cada animalito y sus carácterísticas se convierten en una metáfora. Todos los seres humanos estamos en un viaje de vida, durante el recorrido subimos a nuestro barco varios a varias personas. Algunas suman y otras restan, y es sano a veces prescindir de algunas de ellas. Cada uno posee una personalidad y no se puede cambiar mucho, entonces tenemos que aprender a convivir, tolerar y sobrellevarnos. Durante el viaje, así como en los animalitos hay un crecimiento, uno también aprende de las experiencias. Al final, la lección que también parece transmitirnos es la de aquel proverbio africano que dice que «si quieres llegar lejos, viaja acompañado».

Es una lástima que no haya logrado conectar tan bien con la historia. Muchos la consideran profunda, reveladora y que ha tocado fibras sensibles. Posiblemente tengan razón. Yo insisto en que no es para todos.