The Congress

The Congress (El Congreso o Vidas Paralelas) es una película poco comercial que se estrenó en 2013 y pasó desapercibida, hasta ahora que parece estar cerca de la realidad. En cierta manera anticipó la huelga de actores de Estados Unidos de 2023 y el impacto con el que están golpeando actualmente las IAs.

El director, Ari Folman, es un israelí que vivió la masacre de refugiados palestinos en Sabra y Chatila en 1982. La película es una adaptación de una novela de ciencia ficción polaca de 1971 de Stanisław Lem: El Congreso Futurológico. Por cierto, Lem es escritor de otra gran novela de ciencia ficción: Solaris.

En esta adaptación, vemos a la actriz Robin Wright (Claire Underwood de House of Cards) interpretándose a sí misma. Ante la necesidad de dinero para poder brindar atención a su hijo que padece el sindrome de Usher, condición que eventualmente lo dejará sordo y ciego, Robin firma un jugoso contrato con Miramount (un juego de palabras que alude a Miramax y Paramount Pictures) para ceder su imagen y ser digitalizada. De esta manera el estudio podrá explotar su cuerpo digitalmente y generar películas protagonizadas por su versión virtual. Como parte del acuerdo, Robin no podrá volver a actuar, pero a cambio el personaje digital se mantendrá siempre joven.

Pasan veinte años y Robin es invitada al Congreso de futurología. Su personalidad virtual se ha convertido en la estrella de una popular franquicia cinematográfica llamada Rebel Robot Robin. El sitio donde tendrá lugar el congreso es un mundo en parte virtual donde las personas asisten convertidas en avatares pero para acceder a la ilusión deben hacer uso de ciertas drogas alucinógenas. En el lugar, el director ejecutivo de Miramount le explica a Robin cómo el avance de la tecnología y la necesidad de satisfacer a las masas le exige agregar una nueva cláusula a su contrato. Esta concede el permiso para que su personalidad virtual pueda ser utilizada por cualquier persona e incluso, si alguien lo desea, transformarse en ella.

Aunque al principio Robin muestra estar de acuerdo, al final se arrepiente y en su participación en el congreso cambia su discurso para decir que expresar su inconformidad respecto a que a las personas se les utilice como productos. Esto enfurece al director quien solicita retirarla, pero en ese momento un grupo de rebeldes que tampoco está de acuerdo con el avance tecnológico irrumpen en la sala desatando el caos.

Por ahora me ahorraré el final pero, no cabe duda de que si en algún momento en 1971 o 2013, se pensó esto como una exageración, hoy ese futuro nos ha alcanzado. Uno de los temas más presentes durante la huelga de actores de 2023 ha sido su preocupación por la IA. Su temor no solo se limita a la replicación de su imagen, sino también al papel que están comenzando a jugar en tareas como la escritura de guiones, la animación, el doblaje, y un largo etcétera.

Por eso, toparme con The Congress me resultó un tanto sorprendente. No puedo tampoco evitar recordar Joan is Awful de la serie Black Mirror donde pasaba algo parecido y donde Netflix se pintaba así misma como la empresa Streamberry y se burlaba de nosotros al aceptar los Términos y Condiciones sin leer las letras chiquitas. Claro, la temporada salió en junio de 2023, cuando las complicaciones que traerían estos temas resultaban ser demasiado evidentes.

El avance parece inevitable y si bien los usos de la IA comienzan a preocuparnos, también nos abren múltiples posibilidades. De manera mucho más fácil podemos tener películas viejas, incluso en blanco y negro, transformadas en alta definición, nuevos formatos y a todo color. Incluso, aunque existan implicaciones legales, podemos ya sustituir personajes. Por otro lado, las IAs facilitarán el doblaje y podremos escuchar las voces de los actores, quizá incluso sus gesticulaciones, en nuestro idioma. Actualmente ya comienza a usarse esta tecnología para grabar audiolibros y los resultados son muy decentes, además de que continuarán perfeccionándose. Tengo la esperanza de que también la facilidad de crear animaciones obligue a la industria cinematográfica a escribir historias de mayor calidad. En el futuro quizá habrá tantas producciones animadas y con efectos, que lo que podrá marcar la diferencia sería las que tengan una mejor trama. Al abaratamiento de la animación también podría facilitar el acceso a personas comunes y corrientes con grandes ideas que anteriormente no contaban con los medios para hacerse oír y ver.

Sin duda estamos entrando en terrenos desconocidos y preocupantes; aunque a mi gusto, también interesantes. La habilidad primordial para afrontarlos, me temo que no es otra más que la velocidad para adaptarse al cambio.