La migración

Migrantes haitianos conviviendo con mexicanos en la Ciudad de México1

En los últimos años la presencia de migrantes en México se ha incrementado notablemente. Los veo cada vez más en mi colonia (en el área metropolitana de la Ciudad de México), en el Centro de la Ciudad de México y en las centrales de autobuses. Una amiga de Tapachula, ciudad fronteriza con Guatemala, también me muestra fotos de su localidad con las calles saturadas de ellos. La mayoría se define «en tránsito», aspirando al sueño norteamericano, pero muchos se quedarán aquí.

Los haitianos resultan particularmente notorios por su piel negra y sus grandes dimensiones. Pocos hablan español. Hace un par de meses observé a algunos retirando dinero en una tienda Soriana. Se les percibía un fuerte aroma a sudor, quizá por la precaria situación que viven. Me llamó la atención que la mayoría traían chanclas que no les quedaban y que sujetaban con cordones. Mientras hacía mis compras comprendí que parece que las traen así porque en el país no encuentran tallas lo suficientemente grandes para el tamaño de sus pies.

Otro día, caminando sobre la avenida Izazaga, en el Centro, pude ver a muchos de ellos, sobre todo jóvenes. Pensé en lo desafortunado que sería ser asaltado por uno de ellos pues honestamente no tendría ninguna ventaja. Lo cierto es que, por sus precarias circunstancias y la necesidad, varios deliquen y se meten en problemas con las drogas. Me pregunté: ¿qué pasaría si un día reclamaran parte de nuestro territorio como suyo? La historia está llena de episodios que pudieran dar una respuesta.

Israel vs Palestina

Una mezcla de caracteres árabes y hebreos

La historia del pueblo judío y la zona hoy llamada Palestina2 está repleta de migraciones e invasiones. Alrededor del 1000 a.C. lograron establecer un reino – lo que incluyó expulsar a otros pueblos de la zona – que luego se dividió en dos: Israel o Samaria (la ciudad capital) al sur y Judá o Jerusalén al norte. La religión y el templo de Jerusalén mantuvo a ambos reinos unidos. En el 722 a.C. los asirios tomaron Israel, iniciando una serie de invasiones y migraciones que en cortos periodos de tiempo le volvieron a permitir a los judíos actuar con plena autonomía. Babilonios, medopersas, griegos, romanos los tuvieron bajo control obligando a muchos a dispersarse mientras nuevos habitantes ocupaban el territorio. Los romanos terminaron por disolver aquella nación cuando en el 70 de nuestra era destruyeron Jerusalén y su templo y finalmente en el 135 aplastaron la última rebelión judía.

Los judíos se regaron por diversos continentes, aunque continuó habiendo asentamientos en Palestina. Encontraron en los cristianos un punto en común al ser perseguidos por Roma, pero esto cambió cuando el catolicismo se convirtió en la religión oficial. Quizá por ello, y sin saberlo, adoptarían una postura que les acarrearía graves conflictos en el futuro: ver con buenos ojos las invasiones de los árabes a Palestina. Para el siglo VII los árabes tenían bajo control Palestina y en vez del griego se hablaba árabe. A finales de ese siglo, cerca de donde alguna vez estuvo el templo judío, se construyó la Cúpula de la Roca, un símbolo del islam.

Las Cruzadas fracasaron en recuperar la «Tierra Santa», pero bajo el control musulmán en Palestina se toleró a judíos y cristianos, aunque los musulmanes gozaban de muchas más ventajas. Mientras tanto, Europa procuraba la unidad y parecía que un grupo representaba un obstáculo. Eran los judíos; y como resultado muchos países comenzaron a expulsarlos. Esto dio origen al movimiento sionista: “una Patria para el pueblo judío”, de preferencia en la antigua Tierra de Israel. Con esto más y más judíos regresaron a Palestina, que ahora estaba bajo el control del Imperio Otomano. Los árabes de Palestina, conscientes de esta migración, adoptaron medidas, incluso violentas, para tratar de frenarla.

Finalmente, durante el periodo de 1917 a 1948, se terminó de configurar el conflicto actual. Después de la Primera Guerra Mundial, Palestina quedó bajo el control del imperio británico. Luego, acabada la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, el movimiento sionista apresuró su intento por establecer un Estado y la ONU propuso como solución la creación de dos estados en Palestina. El plan no salió como se esperaba. En cuanto los británicos se retiraron de Palestina en 1948, los judíos declararon su independencia y las naciones árabes vecinas se hicieron del control del territorio asignado a los palestinos. Comenzó la lucha por ganar territorios, lo que forzó a muchos judíos y palestinos a desplazarse nuevamente como refugiados a zonas donde no corrieran peligro.

Desde entonces, los enfrentamientos entre ambos pueblos no han parado. Los judíos no tienen la intención de compartir un territorio que consideran herencia divina, la «Tierra Prometida» que Dios otorgó a su antepasado Abraham. Los palestinos también tienen motivos religiosos y nacionalistas para no irse. Además, para muchos que han nacido ahí, ajenos al pasado, y la realidad es que también esa es su tierra natal. ¿Quién tiene más derecho sobre ese terreno? ¿Quiénes son los migrantes? Nunca llegaremos a una respuesta unánime. Mientras tanto, las barreras políticas. nacionalistas, religiosas y raciales siguen causando brutales asesinados y muchísimo sufrimiento. Lejos estamos de lograr una solución.

Londres bajo ataque

Un varón musulmán caminando por Londres

Estoy en un curso de ciencia cognitiva impartido por Fintan Nagle, que vive en Londres. Es sábado 11 de noviembre y en nuestro grupo de Whatsapp alguien le comenta: «Fintan, cuídate mucho, hay mucha gente enojada en Londres estos días». Las noticias reportaban una manifestación de unas 300 mil personas a favor de los palestinos en Londres, justo el día en que la nación celebra a sus soldados caídos en guerra. En Bélgica, España, Francia e incluso Estados Unidos hubo manifestaciones similares.

Por muchos años, el mundo occidental fue team Israel. Era lo políticamente correcto dado el trasfondo histórico y, especialmente, después del Holocausto. Nadie quiere ser tachado de antisemita. Además, nos aterra el islam radical que discrimina a la mujer y condena a los homosexuales a la pena de muerte. Por años, las pequeñas voces de disidencia fueron aplastadas gracias al control de los medios que nos permitían contar una sola verdad.

Hoy las cosas son distintas, aunque no necesariamente mejores. El Internet y las redes sociales nos permiten acceder a fuentes de diversas partes del mundo, testimonios globales. Pero tampoco resulta fácil distinguir la verdad, los hechos concretos. Hay muchos sesgos, fake news y posverdad.

Aunque entre los manifestantes podemos ver británicos anglosajones, las fotos y videos muestran también una fuerte presencia árabe. ¿Cómo es posible? También es gracias a la migración, una que lleva los suficientes años para asentarse y producir descendencia con la nacionalidad británica. Una que incluye migración legal de gente adinerada que se ha logrado ubicar en posiciones de poder.

Cuando estuve en Londres y Francia en 2015, me sorprendió cómo la población musulmana y árabes están presentes hasta en las clases más encumbradas. Pensemos en Harrods, un icónico emporio empresarial londinense famoso por su cadena de tiendas departamentales. Harrods nació en 1834 de manos de un empresario británico de cuyo apellido tomó su nombre (actualmente el emporio incluye una división inmobiliaria, banca financiera y una línea aérea). Resulta que en 1985 Harrods pasó a manos de Mohamed Al-Fayed, un millonario egipcio (y padre de «Dodi», el novio de la princesa Diana, quien también murió en el accidente automovilístico de 1997). En 2010, Al-Fayed le vendió el emporio al estado de Catar a través del Qatar Investment Authority, un fondo de inversión que este país usa para gestionar sus superávits de dinero y que posee en este momento ¡el 15% de las acciones de la bolsa de Londres! Este fondo tiene inversiones por toda Europa y América.

Los británicos al igual que otros nacionales europeos, hoy se sienten vulnerables en su propia casa. Contramanifestantes se enfrentan con los pro palestinos dejando varios detenidos. La llama del racismo y la discriminación parece volver a cobrar fuerza y las voces que exigen expulsar a los migrantes vuelven a resonar. Pero ya no será fácil, la línea divisoria se ha perdido.

Algo parecido le ocurre a Estados Unidos con los latinos. Culpa a la migración ilegal del aumento «descontrolado» de ellos en su nación. Sin embargo, la evidencia es contundente y en la actualidad, el mayor aporte de latinos proviene del interior. La población latina en Estados Unidos se reproduce a un ritmo constante y mayor que los blancos. En estados como Texas, California y Nuevo México los latinos ya son mayoría sobre los blancos. Actualmente los latinos conforman casi el 20% de la población de Estados Unidos (por cierto, el grueso de ellos tiene raíces mexicanas) y algunas estadísticas pronostican que para el 2050-2060 podrían volverse la población predominante del país.

Dónde aterrizar

Un avión volando en turbulencias con destino a la globalización

En su libro «Dónde aterrizar», el recién desaparecido Bruno Latour describe brillantemente el momento histórico que está viviendo la humanidad. Asemeja la situación a haber tomado un avión con destino a la globalización (Polo de atracción Global), en donde se creía que se podía ofrecer a cada nación, a cada ser humano, los mismos beneficios que gozaban los países más desarrollados.

Por el 2015 se evidenció lo que ya muchos sospechaban: el destino resultaba imposible porque era una fantasía. Nuestro planeta no tiene las capacidades para dar a todos una vida de ricos. Una buena parte de la tripulación decide que debemos volver al punto del que partimos (Polo de atracción Local) pero descubre asombrada que ese origen tampoco ya no existe. Pensemos un poco en por qué ocurre esto.

Hace 200 años la población apenas alcanzaba los 1000 millones y hace 100 llegó a 1650 millones. Pero para el año 2000, ¡la cifra alcanzó los 6000 millones de habitantes! y a finales del 2022 los 8000 millones. Este crecimiento casi exponencial del último siglo hace que muchas soluciones del pasado resulten insuficientes hoy. Los cultivos locales, los huertos familiares, los alimentos sin pesticidas pueden ser prácticos pero ya no son suficientes para alimentar a todos. Algo parecido sucede con la producción de carne y los efectos que tiene sobre el clima. Hemos llegado también a un punto en que por mucho que una nación o pueblo intente aislarse, le resultará imposible. El impacto climático que una nación produce al quemar carbón tiene efectos a nivel global y ninguna barrera pudo contener el virus que surgió en China y se convirtió en una pandemia. Por último, la acción acumulada de las guerras, los fracasos del desarrollo económico y la mutación climática han disparado la migración que, como explicaba arriba, ya no puede revertirse (es como cuando mezclas plastilina de varios colores y luego ya no puedes dividirla).

Es esta sensación de perder lo Global y lo Local la que Latour describe como ese sentimiento de quedarse sin suelo, de sentir que el terreno se desvanece ante nuestros ojos. Ese pudiera ser el gran cambio con respecto a las migraciones del pasado: que simbólicamente todos nos hemos quedado sin nada, con un sentimiento de vacío y desconcierto. ¿Dónde aterrizaremos?

Las élites han decidido apostar por otro Polo de atracción que Latour llama Fuera de este mundo. Como en el filme de «2012», están construyendo «arcas» que solo un selecto grupo pueda abordar. Están levantando muros, cerrando fronteras y aislándose en fortalezas. Bajo el lema de «Make America Great Again» (que promete volver a lo Local) y negando el cambio climático, Trump fue electo presidente y luego, se salió del Acuerdo de Paris3. Gran Bretaña aprueba el Brexit.

La última opción que Latour propone y que quizá sea nuestra única esperanza, es el Polo de atracción Terrestre, opuesto diametralmente al polo Fuera de este mundo y, en cierta forma tomando lo mejor de los dos polos extintos (Global y Local). Es también, el más complejo, porque básicamente implica un cambio de paradigma. Debemos abandonar el antropocentrismo y adoptar un enfoque mucho más holístico, percibirnos como un miembro o elemento más del algo mucho más grande e intrincado: la Naturaleza. Comprender, que destruir la Naturaleza es en realidad destruirnos a nosotros mismos. Y luego, tenemos que reorganizar el sistema político, social y económico a partir de esa nueva perspectiva. Suena imposible, pero es quizá nuestra última opción, a la cual tengamos que movernos por la buena o por la mala. Latour dedica el resto del libro a explicar más esta idea, pero por ahora es suficiente.

Everyone is an alien somewhere

Le pregunto a mi madre cómo se sentiría si, en una «hipotética» situación, nos dijeran un día que ya no podemos entrar a la Condesa o la Roma porque ahora son territorios estadounidenses y requerimos un permiso. O qué sucedería si un día en la colonia hubiera tantos haitianos que decidieran echarnos con violencia. Lo que intento es justamente transmitir lo que de alguna forma se está viviendo en otras partes del planeta.

Lo que está ocurriendo en otros países debería de advertirnos para lo que muy pronto veremos suceder en el nuestro. ¿Qué deberíamos hacer ante la migración? ¿Será momento de frenarla a cualquier costo o debemos mostrar algo de empatía y humanidad? Me sorprende lo mucho que, al pensar en este tema, entran en juego los conceptos de nación, raza y fronteras.

Algo que dice Latour es que todos debemos tener derecho a un lugar dónde vivir, pero nunca deberíamos dejar de preguntarnos qué se supone que nos los da. ¿Herencia? Al fin y al cabo, la historia de nuestra especie es una historia de migrantes.

Examinando lo que ha ocurrido en otros países, considero que intentar frenar la migración es vano. Tenemos que apostar por el Polo de atracción Terrestre de Latour que nos pide aprender a abrazar la diversidad, «el conocimiento de formas de existencia que se niegan a limitarse a una localidad y a encerrarse dentro de una frontera cualquiera». Debemos integrarnos sin llegar a perder la identidad.

  1. Todas las imágenes fueron creadas por IA (Image Creator de Microsoft Bing) ↩︎
  2. El origen de la palabra «Palestina» se remonta a tiempos bíblicos y surge del término hebreo para referirse a «Filistea», es decir, la tierra de los filisteos. Para el tiempo de los romanos y el latín, la palabra adoptó el significado de «provincia romana». ↩︎
  3. El presidente Joe Biden revirtió la decisión y reincorporó a los Estados Unidos al acuerdo en cuanto tomó posesión de su cargo. ↩︎