El Shinkansen
Mis viajes al extranjero refuerzan cada vez más mi teoría de que los dos grandes errores que México cometió en materia de urbanismo fueron: entubar sus ríos y canales, y abandonar la red ferroviaria. En Japón, como pasa en las ciudades europeas y otras regiones, la evolución de las urbes no condenó a la extinción al los ríos. Por el contrario, se les dio su lugar y son parte de su historia. En Japón, los ríos y canales sobresalen por sus aguas cristalinas, a menudo tan transparentes que se consigue observar las piedras o el terreno del fondo.
Sobre la red ferroviaria, y en general su red de transporte, Japón es por mucho el ejemplo mundial por excelencia. Impacta e intriga cómo logran administrar tan bien una infraestructura tan compleja y delicada. El Shinkansen, o tren bala, sigue siendo un transporte envidiable. Desde su interior el tren no parece ir tan rápido, pero en realidad vamos avanzando a más de 300 km/h. De Tokio a Kioto nos hacemos 3 hrs de camino, lo cual desde esta óptica pudiera parecer no tan rápido, pero sí lo es. La distancia entre ambas ciudades son unos 450 kilometros, que es casi la distancia entre la Ciudad de México y Guadalajara. Si hicieramos el viaje en automóvil, el tiempo sería el doble, es decir, unas 6 horas.
El Templo del Pabellón Dorado y Fushimi Inari-taisha
Tan pronto como llegamos a Kioto, dejamos las maletas en resguardo y nos apresuramos a Kinkaku-ji o el Templo del Pabellón Dorado. La vista es espectacular, con justa razón fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Hay muchísima gente y tenemos que apresurarnos a avanzar. Sin duda es uno de mis grandes favoritos del viaje.
Aprovechamos para comer unos pequeños bocadillos y luego nos dirigimos a otro fantástico lugar: Fushimi Inari-taisha.
Este santuario sintoísta es también un clásico instagrameable por sus más de 32,000 pequeños torii. Enrique, Lalo y yo, somos de los pocos del grupo que sacrificamos la comida por ascender hasta la cima. Al llegar, obtenemos una vista panorámica de la ciudad de Kioto.




Satisfechos, emprendemos el recorrido de regreso. Compramos algunos onigiris para comer en el camino de regreso a nuestro hotel en Kioto. Tenemos la tarde libre así que aprovechamos para recorrer la ciudad y visitar algunas de sus tiendas. Buscamos un lugar para cenar y regresamos cansados a dormir.
Templo Higashi Honganji
Lunes 15 de mayo. Nos levantamos temprano para visitar el templo budista de Higashi Honganji. En el camino vemos muchos «japodínez«, término que nos inventamos para definir a los empleados de oficina japoneses que se dirigen a sus trabajos.
El templo Higashi Honganji me deja boquiabierto por sus dimensiones (será superado pocas horas más tarde cuando vayamos a Nara). En el complejo se ubica un mausoleo que contiene las cenizas del monje Shinran, fundador del budismo Shin.

Nara y sus adorables venados
Luego del desayuno partimos para Nara, donde nos espera una población de poco más de mil venados sika en total libertad. La experiencia no decepciona. Les compramos galletas que venden especialmente para ellos y eso nos da la oportunidad de tomarnos fotos increíbles. Sin embargo, hay que tener cuidado de no tener demasiados a nuestro alrededor exigiéndo con ligeros topes de cabeza que les alimentes y intentando comerse tu ropa y tus pertenecias.




En toda la extensión del parque encontramos diversas edificaciones sintoístas y budistas. Sin duda el más impresionante es el complejo que compone el templo Tōdai-ji. Luego de cruzar la puerta Nandaimon, llegamos a el Salón del Gran Buda, ¡el edificio de madera más grande del mundo! Por si esto no resulta suficientemente sorprendente, seguro le impresionará saber que se trata de una reconstrucción (fue arrasado dos veces por incendios) y en la actualidad es un 33% más pequeño que el original.




Finalmente, y ya acostumbrados a ‘trepar cerros’ y caminar no menos de 10 km, subimos hasta la cima de la colina donde nos esperan más venados y desde donde podemos ver Nara y sus alrededores. Desde este punto se puede ver el templo Tōdai-ji y hacerse una idea de lo impresionante que debió verse la versión original.




En la colina vivimos una de las anécdotas más graciosas (y caras) del viaje. Por descuido la mochila de Lalo se queda abierta. Un curioso venado la encuentra y mete su cabeza, Lalo y Enrique corren a detenerlo pero es demasiado tarde. El venado saca los billetes de yenes, Enrique consigue arrebatarle casi todos, pero el venado le gana y se come el de denominación más grande: 10,000 yenes. El equivalente a unos 50 paquetes de galletas.
Por la tarde regresamos a Kioto. Salimos a dar una vuelta al Mercado de Nishiki y luego nos dirigimos a el barrio de Gion con la esperanza de ver geishas. Al parecer llegamos demasiado tarde. Solo conseguimos visitar el Santuario Yasaka, aunque en este punto ya estamos un poco aburridos de santuarios, así que pasamos muy brevemente.


Regresamos al hotel a descansar. Mañana nos espera un día de aventura en el parque de diversiones de Universal Studio Japan.