Películas favoritas: Pi, el orden del caos

«Por la mitad de la senda que corras, Ícaro», dice, «te advierto, para que no, si más abatido irás, la onda grave tus plumas, si más elevado, el fuego las abrase».

Dédalo e Ícaro, Las metamorfosis de Ovidio

Inicio una recopilación de mis películas favoritas de todos los tiempos. Advierto que todas van a contener spoilers (La RAE sugiere «destripes», traducción totalmente inadecuada para México así que prefiero dejarlo así). Luego algunas reflexiones personales de qué es lo que las hace especiales para mi. De Pi ya escribí una entrada en 2007, esta podría verse como una segunda parte.

Sinopsis

Max Cohen es un matemático convencido de que los números son el lenguaje de la naturaleza y por lo tanto cree posible encontrar un patrón que prediga el comportamiento de la bolsa de valores. Aunque su interés es meramente científico, atrae la atención de firmas de Wall Street que ven un beneficio económico. La habilidad matemática de Max parece ser producto de mirar fijamente al sol cuando niño, pero junto con ello vinieron fuertes migrañas que lo han acompañado toda su vida y lo obligan a medicarse. Además, padece ansiedad social y algo de paranoia.

En una cafetería Max conoce a Lenny Meyer, un judío hasidista que le habla de la cábala y la búsqueda de mensajes secretos en el texto sagrado a través de claves numéricas (algo llamado gematría). Un día, Max tiene un momento de inspiración cuando trata de explicarle a Lenny la serie de Fibonacci. De inmediato regresa a casa a efectuar ajustes a su programa y ejecutarlos en la computadora; sin embargo, al tratar de imprimir los resultados la computadora se daña debido a que se funde el chip procesador. La hoja impresa contiene un par de predicciones absurdas respecto a la bolsa seguido de un misterioso número de 216 dígitos, lo cual Max asume como un «bug» (error informático) y terminan desechando la hoja.

A partir de ese momento hay una serie de revelaciones. El amigo y ex profesor de matemáticas de Max, Sol Roberson, que hace años atrás estudió el número π revela que también se topó un número de unos 200 dígitos y con esos «bugs» pero al final decidió retirarse. Sol le advierte a Max que debe hacer lo mismo antes de que la obsesión lo predisponga a ver cosas donde no las hay y que exponga su salud y su vida. Lenny le cuenta que su grupo religioso está en busca de un número místico de 216 dígitos. Max descubre que los valores absurdos que alcanzó a obtener se han cumplido en la bolsa y entre la imaginación y la realidad se da cuenta que hay gente persiguiéndolo. Por último, revisando el chip procesador de su computadora, descubre que hay una sustancia pegajosa que examinada al microscopio revela patrones (Sol le dirá después que al parecer los procesadores «toman consciencia» de su propia estructura antes de fundirse y antes de morir imprimen sus propios ingredientes).

Max acuerda compartir sus datos con una firma de Wall Street a cambio de un nuevo chip procesador para su computadora, también obtiene de Lenny un disquete con información de sus códigos secretos. Reconstruye la computadora, afina su algoritmo y vuelve a obtener los 216 dígitos justo antes de que la computadora quede congelada. Decide entonces copiar rápidamente los números a mano y luego memorizarlos. Ahora todos quieren el número.

Unos agentes de la firma de Wall Street persiguen y capturan a Max para obligarlo a que les entregue el número. Max es rescatado por Lenny y llevado a una sinagoga donde el rabino le explica que ese número es el verdadero nombre de Dios y que tenerlo les permitirá restaurar la comunicación con él e iniciar una nueva era mesiánica. Max rehúsa dárselos y les dice que solo le pertenece a quien le ha sido revelado.

Max logra huir y llega a casa de Sol solo para enterarse que ha muerto de un infarto. Sobre el tablero donde solían jugar Go, Max descubre la hoja con el número de 216 dígitos. Regresa a su apartamento, experimenta un fuerte episodio de migraña y decide destruir su computadora. Finalmente, frente al espejo de su baño quema la hoja con el número y se efectúa una trepanación con un taladro en una zona de su cerebro que ya había previsto antes (supuestamente donde se concentra el pensamiento matemático).

En la escena final vemos a Max recuperado sentado en el parque y mirando de nuevo la naturaleza. Su habilidad matemática se ha ido y su rostro por fin refleja cierta calma.

Reflexión

Personalmente siento que esta película define mi curiosidad por las matemáticas y la ciencia. Cuando la vi, allá por 1998, estaba cursando la vocacional y me apasionaban temas sobre fractales y teoría del caos, mismos que se abordan en la película. Además, a muchos de aquella escuela se nos asociaba con bichos raros, cerebritos, nerds incomprendidos y con dificultades sociales. Dicha escuela lo mismo ha dado genios como gente que perdió la cabeza, incluso mentes asesinas. ¿Cuántos de ellos estaríamos dispuestos a renunciar a todo eso por ser «más normales»?

Hay una parte religiosa en «Pi» que también se vuelve muy personal. Mientras que para algunos los patrones en la naturaleza son evidencia de que algoritmos simples pueden crear complejidad y por tanto eliminar a un ser supremo de la ecuación, en mi caso fue siempre lo opuesto. Admirar esta complejidad y otros sucesos presentes en la naturaleza inevitablemente me hacen pensar en algo mucho más profundo y sumamente inteligente. Estas ideas también son un eje vital del filme donde la ciencia y la religión, el rigor científico y la fe ocupan su lugar en la balanza; de hecho, el título en inglés incluye la frase «Fe en el caos». Por otro lado, pensar que el nombre de Dios podría ser un número resulta cautivador porque mientras cada religión le llama de una forma, nos han dicho que los números son universales, inmutables. (Como curiosidad, algunos resaltan que el 216 = 6*6*6 y que 666 es el «número de la bestia» de acuerdo con el cristianismo).

Pero es sobre todo la búsqueda de la verdad y el precio que estamos dispuestos a pagar por ella lo que se vuelve el motor fundamental de «Pi». No es casualidad que mientras más se acerca Max a la verdad, sus migrañas se intensifican y los «bugs» aparecen como advirtiendo que no siga. La tragedia de Ícaro se hace presente en una de las pláticas con su mentor: nada bueno vendrá de acercarse demasiado al sol del conocimiento. ¿Qué implicaciones tendría poseer una verdad tan poderosa como la que sugiere el filme? Max aprende la lección a la mala y decide finalmente renunciar a dicha verdad. Como película de aventura, después de encontrar el tesoro perdido, se opta por dejarlo en su lugar a fin de lograr salvar la vida. La escena final es muy parecida a la de inicio: Max observando la naturaleza. Pero algo ha cambiado, ya no calcula, al parecer solo admite su derrota… y sonríe.