«Acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página ‘¿Y ahora qué, qué va a pasar?’ y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad.»
El viernes vi «Los hombres que no amaban a las mujeres», el primero de tres filmes suecos inspirados en la trilogía Millennium del fallecido Stieg Larsson y déjenme decirles que me cautivó.
La historia inicia con Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist), periodista y famoso editor de la revista Millenium que debido a un problema legal se ve obligado a renunciar a su puesto. Durante su renuncia, Henrik Vanger, magnate y miembro de una poderosa familia de empresarios, lo contacta para solicitar que le ayude a investigar el paradero de su sobrina, Harriet, desaparecida hace 40 años. Pese a que todo indica que fue víctima de un asesinato perpetrado por un miembro de la misma familia Vanger, aún queda la sospecha de que pudiera estar viva.
A la historia se le unirá un personaje clave: Lisbeth Salander (Noomi Rapace), una excéntrica joven hacker con un pasado bastante obscuro, que cautivada por la personalidad de Blomkvist se dedica a espiar su portátil y por lo mismo ha seguido de cerca el caso de los Vanger. Cuando Blomkvist la descubre, más que molestarse decide incluirla en la investigación. Con su ayuda, las pistas irán revelando datos que en 40 años jamás habían sido descubiertos. Conforme se acerquen a la verdad, más en riesgo pondrán sus vidas encontrando que el caso es más profundo de lo que creían.

