Todo el mundo tiene sus ojos apuntados en el CERN y su Colisionador de Hadrones. Con pesimismo muchos le temen a una posibilidad remotamente minúscula de que todo se salga de control y sean testigos por unos instantes de lo que será el Fin del Mundo. Es curioso ver como piensa nuestra mente que insiste en sacar nuestro lado catastrofista de estos asuntos. Decimos que no nos preocupa y aseguramos que nada va a pasar, pero seguimos dandole vueltas a esa idea, ese sueño (o pesadilla), como si una parte de nosotros deseara, a veces hasta con cierto grado de placer, que se hiciera realidad y que como película salgamos vivos para contarla.