No quiero creer

I don't want to believe

Detrás de la oficina del agente Fox Mulder (Los Expedientes Secretos X, 1993) aparece el icónico poster de la serie mostrando un platillo volador y la frase «I want to believe» («Quiero creer»). La fotografía que inspiró el poster pertenece a una serie de fotos de Eduard “Billy” Meier, un famoso ufólogo suizo.

Roberto Martínez y FEPO

Acabo de ver la entrevista de Roberto Martínez a Felipe Arellano alias «FEPO». Con cierto escepticismo y algo de rigor científico, FEPO estudia fenómenos paranormales. Gran parte de la entrevista se centra en el fenómeno OVNI: extraterrestres, abducciones, microimplantes, metamateriales (materiales de origen no terrestre) y crop circles (círculos en los cultivos). En muchos casos, FEPO está convencido de que los hechos ocurrieron, aunque no sabe cuál es su origen; ni siquiera afirma que se trate de una causa alienígena, pues considera que quizá podría ser tecnología humana secreta y avanzada. Está abierto a distintas posibilidades. Admito que, con un Roberto Martínez ateo e incrédulo, la plática se vuelve interesante.

En la parte final, la charla se enfoca a la brujería. FEPO narra su experiencia con «María», una mujer como Pachita que realiza supuestas cirugías psíquicas. Presenta un video de su «operación», en el que se observa cómo la mujer extrae una especie de clavos del cuerpo de FEPO. Él describe la experiencia como auténtica y desconcertante.

Después menciona a Donato Cervantes, un peruano al que los médicos le dijeron que sería imposible salvarle la mano tras un accidente automovilístico, pero que logró recuperarse gracias a una capacidad semejante a la de las salamandras, que le habría permitido regenerarse. No obstante, él aseguraba que habían sido los extraterrestres quienes lo curaron.

Confieso que me siento algo perturbado. La entrevista me trae a la mente otros sucesos recientes, me recuerda la oficina de Fox Mulder y me repito a mí mismo que voy en la dirección opuesta: “No quiero creer”.

Carlos Postlethwaite y su «acceso a lo eterno».

A finales de julio de 2025 conocí al cachanilla Carlos Postlethwaite gracias a una entrevista con Mateus Ruzzarin. Derivado de esta interesante entrevista, me inscribí en agosto a su breve curso «Acceso a lo eterno», inspirado parcialmente en su libro Seeing As We Cannot: Believing and Experiencing Contradictions (Ver como no podemos: creer y experimentar contradicciones).

Me pareció muy extraño iniciar el curso con el Daodejing de Laozi, «la Biblia del Taoísmo» (otras transliteraciones nombran el libro como Tao Te Ching y su autor como Lao-Tse, lo que explica el término «taoísmo»).

«El Dao (camino) que puedes hablar no es el Dao (camino).»

– Laozi

El curso me voló la cabeza. Nos introducía a descubrimientos que cimbran las bases de la lógica: el principio de identidad, el principio de no contradicción y el principio de tercero excluído. Ya conocía muchos de ellos, pero no había reparado en varios detalles ni tratado de darles un orden. Por lo general, cuando las contradicciones se nos presentan, dice Carlos que se nos aparece «la policía de la lógica» para recordarnos: «eso no es posible», y tenemos que descartarlo. Pero ¿qué tal que no fuera cierto? ¿por qué admitimos lo que nos dice esta «policía» sin rechistar? ¿qué tal que sí es posible coexistir con las contradicciones?

Pero si hemos decidido tirar la lógica a la basura, la puerta que se nos abre no solo invita a muchas posibilidades, sino también nos expone a muchos peligros. De pronto me encontré inmerso en conversaciones que no pensaba: sobre religiones (occidentales y orientales), meditación, pilates, drogas, misticismo, el Kybalión, el Corpus hermeticum, magia, etc…

Al final del curso, le pregunté a Carlos que, considerando la cantidad de fraudes y estafas que existen, cuáles serían los límites o criterios para discernir qué explorar y qué no. Para mi sorpresa, Carlos me dijo que, en cierta forma, dichos límites no existían. No lo decía con mala intención, más bien creo que quería resaltar que, a veces la búsqueda de la verdad implica atreverse a cruzar todo límite. ¿Se debe sacrificar todo en busca de la verdad?

No sentí que fuera el mejor consejo. Yo sí creo prudente establecer límites que uno no debe cruzar. En especial porque si uno no establece reglas, se entrega a todas las posibilidades, se desecha todo rigor científico, entonces es muy fácil ser engañado, lo cual sería ir en la dirección opuesta. «No quiero creer».

Por si fuera poco, el curso me pone en contacto con gente muy diversa, con diferentes profesiones y experiencias de vida, pero todos con vidas bastante brillantes. Siento que me sacan de mi zona de comfort, de mi mundo idealizado donde casi todo embona en mi narrativa. Uno de ellos es Heberto.

Heberto Alvarado y su Thésis Fortuna.

Heberto es escritor, pero su punto de inflexión comenzó hace 25 años cuando en una pelea, un 15 de septiembre, un botellazo lo mandó al hospital. A partir de ahí, comienzan una serie de coincidencias, o serendipias, según dice él, que le sugieren otra realidad, eventos incognoscibles que rigen el mundo.

Los estudios que le hacen en el hospital le revelan un tumor en la «silla turca», una región en el cráneao que aloja la glándula pituitaria o hipófisis. Visita muchos médicos y la opción parece ser una serie de cirugías invasivas y riesgosas.

Como exalumno jesuita, Heberto recurre a un par de plegarias. Le pide a Dios Padre que lo sane mágicamente y a cambio le promete ser su emisario. Luego decide no operarse y tras otra serie de serendipias, un neurocirujano lo termina canalizando con el endocrinólogo que solo le receta pastillas. Un tiempo después, cuando acude a revisión, ocurre lo inesperado: el tumor se ha necrosado, algo que ocurre en 2 de cada 100 casos.

En sus libros, Heberto escribe sus observaciones, analiza diversas posibilidades de lo que pudo haber ocurrido. Thésis Fortuna es el fin de su tetralogía. Para él, su experiencia es evidencia de que existe algo más detrás de la realidad. «No estamos solos, en formas que no alcanzamos a comprender».

El mundo espiritual de mis padres

Mi abuela paterna era católica, mientras que mi abuelo paterno asistía al templo espiritualista. Ese sincretismo se lo transmitieron a mi padre, y él, a su vez, a mi madre, una vez que se casaron. Por varios años recién casados y durante nuestra infancia acudieron al templo. Luego, cuando los hijos y el trabajo los absorbieron, dejaron de ir.

Más allá de algunas «limpias» con huevos, recuerdo poco de aquella época y acostumbramos no hablar de ello. Sin embargo, sé que a mi madre la estaban preparando para ser médium, y mi padre nos ha contado historias que vivieron de sucesos paranormales. Yo siempre las he visto con total incredulidad.

Lo que ha dicho Carlos Postlethwaite me obliga a admitir cierta apertura a este tipo de sucesos, a no desecharlos a la primera. Después de todo la ciencia no está exenta de misticismos, contradicciones y avasalladores vacíos. Por otro lado, me rehuso a creer, hay muchas cosas que me niego a aceptar como ciertas.

Es curioso que, parece estar surgiendo una nueva ola de investigadores que dan cabida a estos temas. Los que me he topado últimamente son: Àlex Gómez-Marín, Manuel Sans Segarra, Sabine Hossenfelder, entre otros. Si la tendencia sigue, ¿a dónde nos llevará? ¿Abrirá las puertas a la siguiente gran revolución de la humanidad o representará un retroceso de la civilización?