Another chance

Desde hace algunos años mis cumpleaños siempre son sinónimos de tragedias. Nunca se me ha dado celebrarlos, pero al menos me gustaría que estuvieran llenos de noticias alegres y no es el caso. ¿Será que siempre me concentro por ver el vaso vacío?

Este año no ha sido la excepción. Hace algunos días inicié con un problema de salud que, a pesar de atenderlo, se fue complicando hasta llegar a su clímax justo el aniversario de mi nacimiento. Me pasé la tarde desguanzado y con fiebre. Fue como un recordatorio de que la vida es sobre todo un asunto de supervivencia.

Al otro día teníamos programado ir a un balneario. Era un plan que habíamos organizado por meses. Yo hice todo lo posible por estar sano y ahora parece que tendría que faltar. Con mucha fuerza de voluntad y aceptando la posibilidad de que podría empeorar, me lancé a la aventura. Intenté dar lo mejor: nadar, lanzarme de los toboganes. Cero alcohol por el medicamento. Como a medio día tuve que hacer una pausa y dedicarme a dormir. Regresé cansadísimo, quizá un poco alegre de estar ahí físicamente con mis amigos, pero insatisfecho también por «no estar» en realidad con ellos.

Aún no lo sé, pero quizá este problema de salud sea algo más profundo que deba atenderse. Ya iremos viendo cómo se dan las cosas.


Por otro lado, emocionalmente las cosas no han ido muy bien. Me enfrento a circunstancias donde no estoy a gusto con mi familia, con mis amigos, con mi entorno. A todos los amo mucho y es posible que justo ese sentimiento sea el que me haya permitido llegar a este nivel de insatisfacción donde me encuentro hoy. No es la primera vez que me pasa, pero quizá sí es la primera vez que tengo más claro lo que sucede de mi lado. Además, me pesa no poder hablar la verdad sobre algunos temas, de ocultar y maquillar otros y, finalmente de sentirme tan falso.

Por si fuera poco, sigo intentando superar el amor imposible, no correspondido, donde nunca habrá una posibilidad. Es feo, porque no importa que tanto te esfuerces, jamás habrá la atención para ti. Quizá te consuela la idea de que un día te valorarán y se invertirán los papeles pero, ¿sabes algo? eso casi nunca pasa. Yo creo que esto es tan común en los seres humanos y a todos nos pasa que ni deberíamos hacer tanto drama. Pero la verdad es que duele y duele mucho.

Recuerdo la primera vez que me pasó. Sufrí bastante. La solución fue finalmente alejarme, pero superarlo me costó como un año. Cabe aclarar que en estas situaciones, no hay mucho que culpar a la otra parte. No es que dieran las señales incorrectas, no es que te engañaran con falsas esperanzas. Admito que la culpa ha sido totalmente mía al pensar que pudo haber una posibilidad y que, cuando se ve a la distancia y con la cabeza más fría, uno se da cuenta de lo evidente.

La única diferencia de este nuevo caso, es que quizá me gustaría salvar la amistad. Y todo esto lo está haciendo demasiado complejo, porque estoy luchando con demasiadas emociones. Aún así, tengo confianza en que quizá pueda lograrlo.


Algo que ha permitido mantener mi barco medianamente a flote es mantener mi rutina de ejercicio. Sí, quería lucir el mejor cuerpo para aquella persona especial, pero como podrán imaginar, tampoco le importó. Sin embargo, me he aferrado a mantener mi buen físico. Es algo que no puedo descuidar considerando que mis probabilidades de ser un adulto que tenga que valerse por sí solo son muy altas.

La dedicación ha dado al parecer buenos resultados. He mejorado poco a poco mis cargas de pesos y la técnica. Lo he combinado con cardio corriendo sesiones cortas de 3 o 4 kilómetros en el parque de la localidad, sesiones de 1000 brincos con cuerda y acabo de retomar las clases de natación. Por si fuera poco, este mes logré lo que ya casi parecía imposible: bajar el límite de los 70 kilogramos de peso. Claro, este dato por sí solo es engañoso, porque no solo se trata de perder peso sino de cambiar la distribución (músculo-grasa).

Son varios los que expresan su admiración y no dan crédito cuando les digo que mi edad. Creo que es la suma de muchos factores, algunos que controlo y otros que no. De cualquier forma admito que me motivan y espero que pueda seguir así.


En este momento de mi vida, veo nubarrones que amenazan mi estabilidad mental y emocional. Y no quiero dejarme caer, quiero pensar que mis experiencias pasadas me permitirán continuar por fuerte que venga la tormenta. Si es preciso recurriré al psicólogo, tengo una fuerte convicción de que poco a poco podré arreglar un poquito más mi vida y en ese camino sentirme aún más auténtico. Debo retomar mi camino laboral y debo hacerlo con el menor número de altibajos emocionales, o a pesar de ellos.

Por supuesto, creo que necesito un refugio emocional muy especial. Sé que tengo buenos amigos con quien puedo abrirme y de hecho me han sido de gran ayuda (gracias Paco). Sin embargo, debo crear una conexión un poco más especial aunque no significa que espere una pareja.

En fin, hoy por casualidad (o el destino, jaja) pusieron esta vieja canción en el gimnasio. El video siempre me ponía un poco triste y me identificaba con esa chica, a mi gusto fea, con un enorme corazón que espanta a todos y que va perdiendo la esperanza. «Yo mismo huiría de ella», me suelo decir para mis adentros.