Ferrocarriles Nonoalco

Sospecho que, debido a lo antiguo del relato, así como a lo difusa que se va a volviendo la memoria con el paso del tiempo, no todos los detalles que cuenta mi padre necesariamente son veraces, pero los principales son genuinos.

Dice que, por allá de los 60s, él y su hermana, acompañaron a su padre (mi abuelo) a recoger su herramienta a los talleres de ferrocarriles de Nonoalco, lugar donde por mucho tiempo trabajó mi abuelo. Resulta que los talleres iban a cerrar y para muchos trabajadores, que habían dejado ahí gran parte de su vida, avanzados ya en años, representaba también prácticamente su jubilación. El fin de una era.

Era como medio día cuando comenzó a sonar el gran silbato de la fábrica que, otrora señalaba los horarios e incluso se alcanzaba a escuchar en las zonas aledañas, incluidas, según comenta mi padre, La Raza, donde ellos vivían. En esta ocasión, el sonido era distinto, mi padre lo describe como un lamento. En ese momento dos trabajadores se desplomaron, algunos se acercaron rápido a brindar ayuda, pero, según comenta, murieron ahí en el taller, abrumados por el impacto de la realidad. El taller era su vida y al cerrarlo, sus vidas se fueron con él.

Pongo en tela de juicio la cantidad o incluso si efectivamente murieron. Mi padre dice que haber tenido 10 años, aunque haciendo un poco de investigación, calculo que debió tener un poco más. Del taller, efectivamente encuentro referencias, incluso fotografías en algunas mediatecas de internet, pero no más detalles. El tema salió hablando del sobresalto que puede constituir perder el trabajo, más si la noticia se recibe de súbito.