Les he mentido a mis padres, este día ha sido uno de los más terribles de mi vida. Despidos al por mayor en la compañía, la partida de compañeros que, de tantos años, se convirtieron en amigos (seguro nos volveremos a ver), la incertidumbre de cuál será el siguiente nombre y la subconsciente indecisión de desear, a la misma vez y en igual intensidad, entre la continuidad de la burbuja de la costumbre y escuchar la sentencia final que le ponga fin al hastío que cada día pesa más.
Pero a pesar de lo turbulento, se presenta como el oportuno momento para disimular la verdadera razón de mi falta de motivos, la ausencia de mis sonrisas, el insomnio y la mirada cabizbaja.
Eres tú la mayor de mis angustias. Mi amigo, mi hermano, mi confidente, por qué no, hasta mi hijo. Mi «compa» de tantas aventuras y anécdotas que le han dado tanto sabor a mi vida. Mi bromance, porque bien sabemos que existe un límite que le dio el balance perfecto a todas las cosas. Las nuevas circunstancias suelen venir acompañadas de grandes cambios, y nosotros, quizá tú más, no hemos estado exentas de ellas. Me duele hoy verte un tanto distante, indiferente, cambiado. Y aunque el distanciamiento duele, me preocupa más saber si realmente vas a estar bien.
Te quiero montones.