Ayer recordaba algunos poemas amateur o de aficionado que desde que los leí siempre me han gustado, en parte porque una parte de mi se siente identificado. Hoy voy a hacer referencia a tres y los voy a copiar. Si, dije «copiar» aunque a lo mejor la palabra menos escandalosa sea «citar», por supuesto dando el completo crédito a quienes los escribieron. Lo hago porque no es raro que los blogs desaparezcan de la noche a la mañana sin dejar huella y no me gustaría que se perdieran.
«Un desfile» de Conejito Cisne.
Te hago un desfile: organizo que paseen mariposas, cintas y listones, animales salvajes, serpentinas y confetti sobre tu cuerpo.
Te doy una palabra mágica, que sea como canción; para que bailes cuando la escuches, para que sientas como si el sol te calentara, por si alguna vez necesitas acordarte de mi cuando estabamos en este momento.
Si te muerdo una oreja no te enojes, es mi manera de decirte que me gustas y que me da alegría que estés conmigo; si me rio sin motivos es más bien de nervios, porque me haces temblar hasta el ombligo y porque no concibo la suerte de tenerte a mi lado; si te tomo de la mano es porque quiero comprobar que eres real y no una ilusión.
Y es que en una de esas, resulta ser que tu cuerpo no es más que una nube que tomó forma en mi imaginación o una alucinación de tanto desearte que seas real y que estés aquí y que entiendas lo que te quiero decir.
Sé que te vas a ir porque luego del día viene la noche y no podemos quedarnos aquí para siempre pero quiero suponer que en una de esas no y te decides y te quedas porque aquí encontraste una casa y un castillo.
Porque yo en tu cara encuentro el cielo, en tu cuerpo encuentro maravillas, en tu risa encuentro una sombrilla y en tus ojos me veo reflejado y pienso que entonces tengo salvación.
Te regalo mi secreto: es esto que te cuento, despacito, en lo que tú y yo que jugamos al amor.
«Sentencia de Muerte» de Erick RGB
Que mueran el dolor, la inseguridad y el miedo al rechazo
ilusiones creadas bajo la falsa premisa de un cuento de hadas;
que muera la soledad, o mejor aún, la necesidad de compañía.Que muera el floripondio de grueso tallo y grandes pétalos,
también la loca enredadera que atrapa en sus ramas
y que con ellos muera también el tormento del pasado.Que mueran la esperanza, la incertidumbre y los sueños,
esas cosas tan lindas y estúpidas, que mantienen a flor de piel
Que muera el bello ideal en su castillo de cristal, también
si reposa en las nubes, o en las ramas de otro árbol.Que las abejas dejen de posarse de flor en flor,
repartiendo su dulce néctar de vida
¡Que mueran todas las bellas flores
que, insolentes, lucen su colorido bajo una esfera de luz!Que muera el amor, los cupidos voladores y los corazones,
que mueran los caballeros, las princesas y las insípidas promesas;
que muera todo y quede yo, en total penumbra,
pero sin la falsa esperanza de una luz que no llegará.
«A la distancia» de Gonzalo Natarén
A la distancia quizá un día te agradezca, pero hoy noCon el tiempo quizá me llegue toda esa sabiduríaQue hoy en nuestra despedida me sería de mucha ayudaPero hoy no veo claro, hoy solo siento con mi corazónHoy no entiendo, el miedo que te corroe por las venasPero comprendo mi cansancio de hablarle a la paredDe pedirle siempre lo mismo a una estrella fugazPero hoy he comprendido que quizá nunca vas a estarA la distancia quizá todo tenga más sentidoCon el tiempo quizá al mirar nuestra historia yo sonríaY te agradezca no haberme hecho parte de tu infiernoDe tu historia, de tus miedos, de todas esas ilusiones que hoy se estrellanHoy no entiendo, y la música ya no suenaSe nos escaparon nuestras alegríasEl frío entro por la ventanaNo hay quien consuele a este pobre corazón tan agotadoA la distancia estoy seguro que te seguiré extrañandoA la distancia he de sobrevivir a nuestra historiaA la distancia convenceré a todos que te he olvidadoA la distancia serás ese amor callado