El primer amor nunca se olvida, aunque a veces sería mejor hacerlo.
Vuelve el pasado, Kristin Hannah
NOTA: Esta entrada lleva como un mes en mis borradores. Decidí que hoy podía ser un buen día para publicarla 😉
«Aprender a amar»
«Ya lo aprenderé a amar.» Así decía una compañera en la secundaria cuando consiguió un novio dispuesto a casarse aunque ella no lo quería. ¿Qué hacía alguien a esa edad pensando en casarse? No sé, pero no olviden que yo fui a una secundaria bastante rarita. Ella era hija de la conserje y le dejaron cursar la secundaria con nosotros. Supongo que casarse era una prioridad. Recuerdo que la primer cosa que pensé al oírla fue: «¿Estás loca? ¿Cómo que vas a aprender a amarlo?» Y al final casi estoy seguro que no se casó, pero aquella frase se me quedó grabada, en especial porque con el paso del tiempo llegó a tener bastante lógica.
De medias naranjas y otras falacias.
La gente suele hablar de encontrar «su media naranja». Que si el amor de su vida, que si el destino, que si son el uno para el otro. No quiero hacerlos sentir mal, pero más allá de ser frases bonitas, tendrán que admitir que no existe ninguna base científica que respalde tales afirmaciones.
Yo suelo ponerlo así: si partimos del hecho que todos poseemos defectos y cualidades y que buscamos una pareja que tenga X o Y características (por fines prácticos consideraremos un caso ideal donde el sujeto REALMENTE sabe lo que quiere). Resulta que si barajeamos todas las permutaciones posibles en realidad las posibilidades son casi infinitas. No existe la pareja perfecta, pero si una muy buena cantidad de buenos prospectos. No hay media naranja, tu pareja, sea novia(o) o esposa(o) es, en el mejor de los casos, uno de esas tantas buenas probabilidades. ¿Nunca tuviste el dilema de elegir entre dos novias y las dos parecían buenos prospectos? o ¿hasta desear un merge de ellas, conservando lo que más nos gustaba de cada una? Y al final hubo que elegir a una y a veces conservar la duda de cómo hubiera sido nuestra vida si hubiéramos tomado el otro camino. Si, somos bastante reemplazables.
¿Y qué sucede después? Aprender a amar, justo como decía aquella chica. Descubrimos que Disney nos ha engañado y que si realmente buscamos que la relación perdure, lo que sigue es una serie de ajustes para tratar de juntar «dos mitades de naranjas» y hacer que embonen lo mejor posible para crear una unidad.
Si, [intentar] buscar la pareja adecuada, es solo empezar con el pie derecho. El resto son kilos de paciencia, comprensión y perdón mutuo. Ceder y ser correspondido. Nada fácil. Algunos desertan a la primera.
Amor de novelas
Las novelas también nos pintan el amor en falsos colores. Pero no todas. Hoy les voy a contar dos que aunque no pretendo usar como enseñanzas infalibles, me parece buenos ejemplos de lo que escribí arriba.
La primera es «Vuelve el pasado» (Angels Falls) de Kristin Hannah, una novela melcochona y romántica, de esas «para señoras», con una historia muy simple pero que cuando la leí hace ya algunos años me recordó de nuevo aquella frase de «aprender a amar». La historia trata sobre Mikaela y Liam, una pareja felizmente casada y con dos hijos. Mikaela sufre un accidente y queda en coma. Liam intenta todo lo posible para hacer que despierte y es entonces cuando descubre que solo hay un hombre capaz de hacerla reaccionar: Julián True, el primer amor de Mikaela. Dispuesto a recobrarla, Liam escarba en el pasado de su mujer, establece contacto con Julián y consigue que este acuda a visitarla. El milagro ocurre, Mikaela despierta, pero ahora cuestión ahora es cuál será el destino de las vidas de Mikaela y Liam. El final seguramente pueden predecirlo con esta frase con la que casi concluye la historia:
El amor no es un enorme fuego que lo devora todo hasta el alma y lo deja a uno quemado sin que nadie pueda reconocerlo. Son los momentos cotidianos los que, colocados como si fueran ladrillos uno encima del otro, forman un cimiento tan fuerta que nada puede hacerlos caer.
La otra historia es un clásico: «Lo que el viento se llevó» (Gone with the wind). Ambientada en plena Guerra de Secesión de los Estados Unidos, el relato es el drama de Scarlett O’Hara, una chica de familia acomodada cuya belleza le permite el lujo de tener a cualquier hombre. Desafortunadamente, Scarlett solo tiene ojos para un imposible, Ashley Wilkes, un joven que se compromete y se casa con otra mujer. Y durante toda la historia Scarlett se obstina a seguir enamorada de Ashley aunque el solo tenga ojos para su mujer, se ciega tanto que el amor pasa frente a sus ojos y cuando se da cuenta de su error resulta, quizá, demasiado tarde. La historia de «el perro de las dos tortas», diríamos algunos.
Del amor verdadero y la fidelidad.
¿A qué voy con todo esto? El amor puede ser bastante complejo y nosotros tendemos a complicarlo aún más. Al final no siempre quedamos con quien esperábamos o con quien idealizábamos. ¿Y saben una cosa? Es inútil a vivir del pasado, de suposiciones absurdas y mundos alternos concebidos en nuestra mente. Hay gente que se pasa la vida buscando la pareja perfecta y su historia es una serie de relaciones fallidas.
¿Buscas algo «mejor» que tu pareja? Seguro que lo vas a hallar. Probabilísticamente no existe nada que lo impida, aunque más que hablar de mejor, habría que hablar de diferente. Y por tal motivo creo que las personas con un compromiso, que habla de fidelidad a su pareja, pero acostumbrar flirtear, se engañan cruel y tontamente. Juegan con fuego porque juran no quemarse. Y al rato no se vale andar de chillones.
El otro día en el gimnasio salió el tema de la fidelidad y alguien sugirió que debería ser redefinida, que las culturas de occidente somos de doble moral y las estadísticas son alarmantes, que la infidelidad femenina va en aumento y que al parecer las mujeres nos llevan ventaja porque son más hábiles para disimularla. Puntos de vista que pueden o no compartir (personalmente no los comparto). Lo que si es cierto es que la sociedad está cambiando y las relaciones hoy parecen ser mucho más frágiles y desechables. El amor verdadero si existe, pero más que un hecho fortuito creo que es un producto de cooperación y esfuerzo mutuo.
Les deseo mucho éxito y años de felicidad a todos aquellos que se han iniciado en esta carrera.
P.D. 1 Por cierto, conozco parejas, tanto grandes como jóvenes, que desde mi humilde perspectiva parecen funcionar a tan bien que es como si estuvieran montadas sobre engranes perfectos. Parejas envidiables a las que quizá si me atrevo a darles el título de ser «el uno para el otro». Hoy menciona a algunas de esas jóvenes: una es mi hermana menor y mi cuñado, otra es Karis y «su viejo» (como ella le dice) y la otra es Emma (un compañero de escuela) y su esposa. Mis felicitaciones a cada uno de ellos.
P.D. 2 Y si quieren leer una crítica aún más visceral y decepcionante sobre el amor, denle click aquí.