Este post lo debí haber escrito ayer, pero regresé cansadísimo y solo cené y me dormí. Lo bueno es que será cortito y por eso me animé a escribirlo hoy aquí de escapada en la oficina.
Esta semana casi todo fue visitar médicos. El lunes el susto del herpes, el martes la nutrióloga y la nueva dieta con la que si #sufrocomoprecious y el viernes fui a hacerme mis estudios de sangre que me entregan hoy. Ese día, ¡vaya que le batallé con el ayuno!, ya estaba desesperado por comer. Saliendo de ahí desquité.
Y como ese viernes, por acuerdo de los directivos de la empresa, nos dieron el día, aproveché para ver dos películas: Iron Man 2 y El último camino. Las dos me parecieron buenas y les debo los post.
El sábado fui a patinar con unos amigos, entre ellos Jorge y Poncho que aprecio muchísimo y de los que ya una vez hablé (si quieren ver la foto, click aquí y los nombres los adivinan) y también con los hermanos de Poncho, que son más jóvenes pero muy inteligentes. Con ésta es apenas mi tercera vez que patino en hielo y aunque ya me solté más, aún me falta muchísimo. El saldo: dos azotones, uno de ellos de rodillas dejándome lastimada un poco ahora la pierna izquierda (:S) pero parece que sanará con un poco de desinflamante, ampollas, raspones y de la cintura para abajo todo el cuerpo adolorido. Pero descubrí que es un excelente ejercicio para mejorar el equilibrio, fortalecer las piernas y hasta trabajar la cintura (hoy sigo adolorido). Creo que me está tentando a meterme a unos cursos o mínimo ir más seguido, una vez al mes no estaría mal.
El domingo temprano por fin le llegó la hora a mi perro de darle su mantenimiento. Le sufrió más el veterinario que mi perrito por el que tanto temía. Primero lo tranquilizaron y lo pelaron completito, quedó bien gracioso, luego les posteó una foto. Luego lo anestesiaron para limpiarle los dientes que nos dijeron que pese a que los tenía llenos de sarro están en muy buena condiciones. Le descubrieron un pequeño tumorcito en su patita y también se lo quitaron. Y ya quedó como nuevo y consentido de toda la familia.
En la tarde nos fuimos con toda la familia a ver el Ballet Folklórico de Amalia Hernández en el Museo de Antropología. Fue increíble. Los chicos y las chicas se sacan puro diez. Guapísimos ambos, lo reconozco. Cuerpos bien formados, el chico de la danza del venado tiene un cuerpo envidiable, mucho de todo y una agilidad asombrosa. La salita llena de extranjeros, todos encantados. Creo que son una de esas experiencias en las que aún puedes sentirte orgulloso de ser mexicano (hoy que tanta falta nos hace). Muy recomendable sin duda.
Y ya. El fin de semana salvó todos los sufrimientos. Acabé bastante satisfecho, cansadísimo y aún con un terrible déficit de sueño. Pero lo bailado ya quién no los quita. Mis mejores deseos para esta nueva semana a todos.