Hace años Emma, un amigo de la escuela, me envió por correo esta reflexión que quizá ustedes ya habrán leído. Me gustó mucho porque algo similiar a todos nos ha pasado alguna vez y porque se me quedó muy grabada la frase final.
Hoy quize aprovechar para desempolvarla y mandar una sincera felicitación a Emma quien, si todo marcha bien, volverá a repetir como papá este año. Mis mejores deseos para él y su familia.
Por cierto, me tomé la libertad de reescribirla.
Mientras esperaba su vuelo en el aeropuerto, una chica se compró una revista y una bolsita de galletas. Se sentó junto a un hombre dejando un asiento de por medio y en ese asiento quedó la bolsita de galletas.
En cuanto ella tomó una galleta, el hombre también acercó su mano a la bolsita y tomó una. Lo miro de reojo sin decir nada pero indignada pensó: «¡Qué descaro!».
Pero la cosa no quedó ahí. Resultó que cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre tomaba otra. La chica estaba tan molesta que entre el coraje y no saber qué hacer ni siquiera podía concentrarse en la revista. Y cuando quedó solo una galleta se preguntó: «¿Y ahora que va a hacer este infeliz?». Y en eso estaba cuando el hombre tomó la galleta, la partió en dos y dejó una mitad para ella.
Completamente indignada y bufando de rabia la chica recogió sus cosas y salió disparada hacia su avión. Una vez sentada en su asiento y ya un poco más calmada echó un vistazo a su bolso y se quedó petrificada: ¡Su paquete de galletas estaba ahí intacto! ¡Qué vergüenza!
Resultó que todo el tiempo era ella la que había estado comiendo de las galletas de aquel hombre. Y él, sin molestarse ni decir nada, había compartido sus galletas. Era demasiado tarde para disculparse pero no para meditar: ¿Cuántas veces nos apresuramos a sacar conclusiones antes de observar mejor? ¿A cuántas personas encasillamos en estereotipos, sin darles tiempo a explicar lo que quieren decir? ¿Cuántas oportunidades perdemos de quedar mejor?
Hay cuatro cosas en la vida que jamás se recuperan:
una piedra, después de haberla lanzado;
una palabra, después de decirla;
una oportunidad, después de haberla perdido;
y el tiempo, una vez que ha pasado.
