«¡Bájate! Yo te voy a llevar al trabajo» – Así le decia un tipo ayer a su novia.
Eran casi las 6 AM cuando iba en la combi en dirección a Indios Verdes. Durante el trayecto una chica abordó la unidad pero, a los pocos metros de avanzar, un taxi nos rebasó y le hizo un cerrón a la combi. El tipo se baja del taxi, va hacia nuestro vehículo y abre la puerta para gritarle a la chica que se baje. Luce un poco alcoholizado y porta un sospechoso vasito de unicel en la mano derecha.
La gente que viaja en la combi comienza a quejarse de que todos llevamos prisa y el ‘Romeo moderno’ se apresura a decir la siguiente frase matadora: «¿Qué? ¿No puedo uno decirle algo a la mujer que ama?». La chica, con su cara de vergüenza y al borde del llanto, se limita a decir que pare y que ya no complique más las cosas. Le pide que no hagan el ridículo y que la deje ir porque se le hace tarde para el trabajo. El noviecito le dice: «¿Qué? ¿Es por eso?», mientras señala su vaso de unicel y acto seguido lo arroja al asfalto.
La gente, ya desesperada, le pide al chofer que le saque la vuelta al taxi y lo rebase. El señor que va sentado al lado de la puerta la cierra y dejan ahí parado al valiente galán. El chofer arranca y rodea el taxi para continuar su recorrido pero, de pronto, el taxi se le vuelve a adelantar y le vuelve a cerrar el paso. Esta vez los que venimos en la combi le decimos que se eche de reversa y emprendamos de nuevo la huída. El rostro de la chica es una mezcla de preocupación y pena. Yo solo pensaba que, si la persecución seguía para cuando nos incorporáramos a la autopista, se podía provocar un accidente.
Por fortuna más carros se fueron añadiendo y el tráfico, que ya empezaba en la autopista, hicieron que finalmente el ‘enamorado’ desistiera. Momentos de pena ajena. No puedo evitar pensar cómo acabará el dia esa chica. Aquel showcito debería ser motivo suficiente para mandarlo directito a la fregada, más si aún no están casados. Que huya. No le espera nada bueno. Lo triste es que muchas no abren los ojos y se creen el cuento de hadas de que «va a cambiar».
Por otro lado, decirle que NO a un pelafustán como este puede ser una historia de terror. No se sabe hasta dónde puede llegar un tipo que parece tener una obsesión enfermiza y más si constantemente está alcoholizado o consume drogas. Para nosotros ese día quedó en la anécdota, pero para la chica, cuando volvió del trabajó, quién sabe cómo le fue.